6 mayo, 2014

Recuerdo aquella famosa pregunta que a todos, cuando niños, nos han hecho en muchas ocasiones: ¿Qué querés ser cuando seas grande? Independientemente de lo que respondiéramos, todos soñábamos con ser, algún día, profesionales. Con el paso del tiempo, ya en la secundaria, podíamos ver las cosas un poco más claras y determinar qué labor nos atraía más, siempre con un claro objetivo de llegar a ser profesionales en eso.

¿Que es un profesional? Cualquiera diría que la respuesta no es complicada ya que un profesional es una persona que ejerce con relevante capacidad y aplicación la carrera en la que fue acreditado. Sin embargo, es hoy, cuando me desempeño en el mundo laboral, que he tenido la oportunidad de compartir con “profesionales” de verdad, gente muy valiosa y con grandes capacidades que han aportado mucho a mi crecimiento como persona en todos los ámbitos.

Hay dos áreas específicas que deben caracterizar a un profesional: la formación académica y los valores y principios éticos y morales. La formación académica es primordial pues nos da las facultades necesarias, o al menos básicas, para insertarnos en el mundo laboral. La característica segunda es, me atrevo a afirmar, esencial, aunque no existe universidad en el mundo que la enseñe.

Por el mundo. La verdad, la transparencia y la ética son elementos que existen en el camino de cada profesional, y las nuevas generaciones “X” y “Y” añoran tenerlas en sus vidas profesionales. Quien va en contra de estos elementos, sencillamente, no es un profesional.

La profesión no es únicamente obtener un título universitario, debemos comprender la importancia de no graduar eminencias académicas, sino eminencias con una visión y comprensión holística del bien común. A los jóvenes nos desilusiona observar que algunos son líderes a pesar de que no tiene valores, aunque sí tengan un título. Las nuevas generaciones estamos llamadas a cambiar y mejorar. Empezar con cosas tan sencillas como decir “gracias, permiso y perdón” no hará menos importante ese cambio. Todos podemos ser profesionales, allá donde estemos, y en la labor que tengamos encomendada, porque serlo no se gana solo con título académico: millones de verdaderos profesionales de la vida se encuentran por todos los rincones del planeta.

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