8 agosto, 2016

En los últimos años, una de las preguntas más frecuentes respecto al seguro de salud administrado por la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) es si este será o no sostenible financieramente en el tiempo.

Costa Rica no es la única que tiene una preocupación de esta índole. En la mayoría de países –cada uno con su nivel de gasto en salud– está ocurriendo una discusión similar, y los análisis, estudios, evidencia y propuestas de políticas para enfrentar este fenómeno han proliferado de forma abundante.

La sostenibilidad financiera de un sistema de salud significa, en términos sencillos, la capacidad de garantizar a mediano y largo plazo las múltiples atenciones de salud demandadas por los ciudadanos, cumpliendo con criterios de oportunidad, calidad y alta satisfacción.

No es un simple equilibrio entre ingresos, gastos e inversiones; tampoco es un asunto estrictamente financiero, ni es una tarea exclusiva de la CCSS. Demanda una construcción consciente y altamente participativa.

En el caso de Costa Rica, procurar la sostenibilidad es un reto aún más desafiante, pues, finalmente, es enfrentar las consecuencias de nuestro propio éxito.

Cuando un país incrementa la esperanza de vida al nacer a casi los 80 años, reduce significativamente las muertes tempranas a toda edad (tasa de mortalidad infantil de 7,8 por mil niños nacidos vivos en el 2015), aumenta los años de vida saludables de su población, aborda con intensidad el envejecimiento de la población y la transformación del perfil epidemiológico, responde a las nuevas enfermedades, diagnósticos y tratamientos, y todo ello bajo un concepto de cobertura y acceso universal a los servicios de salud, no cabe duda de que el reto de la sostenibilidad implica un grado superlativo de esfuerzo.

La buena noticia es que existe un conjunto amplio de acciones y estrategias, que en un marco de consenso y cooperación nacionales pueden orientar al seguro de salud, y al sistema de salud costarricense como un todo, hacia este preciado objetivo. Tan solo con un carácter ilustrativo se pueden citar las siguientes cuatro estrategias:

Autocuidado de la salud: la salud no se inicia en un centro de atención de la CCSS; comienza con los hábitos y prácticas saludables de las personas, los hogares y la sociedad.

El mayor aporte que individualmente puede hacerse a la sostenibilidad del sistema de salud es reducir el sobrepeso y el consumo de alcohol, tabaco y drogas; así como las muertes y lesiones violentas; y mejorar la adherencia a los tratamientos de enfermedades crónicas e incrementar la actividad física y mental, entre otras acciones.

Continuidad de la atención: Costa Rica ha sido reconocida histórica e internacionalmente por su estrategia que privilegia las actividades de la salud en el primer nivel de atención.

No obstante las condiciones actuales y futuras de la población, el perfil epidemiológico, el incremento sostenido de los costos de atención en el nivel hospitalario y los tratamientos con medicamentos, entre otros, obligan a la CCSS a redefinir y profundizar el modelo de atención, procurando mayor impacto en los factores de riesgo, con un enfoque ajustado a poblaciones críticas como los adultos mayores, a operar bajo el principio de redes integradas de servicios y transitar de una atención episódica a una atención continua.

Productividad de recursos: dado que no será factible incrementar permanentemente los niveles del gasto público en salud, la cuestión crítica del presente y el futuro será mejorar la calidad y eficiencia de tal gasto, así como aumentar la productividad de todos los recursos con los que dispone el seguro de salud –gestión, personal, instalaciones físicas, equipo, tecnologías, información–.

En este contexto, la adopción de un modelo laboral y remunerativo que incentive el alto desempeño y cuyos costos en el tiempo sean sostenibles será un elemento absolutamente crítico.

Diversificación: la transformación del mercado laboral hacia formas de empleo menos susceptibles a la afiliación a la seguridad social y el envejecimiento de la población –menos personas activas– producirán una reducción progresiva de los ingresos por concepto de contribuciones sociales.

Esta situación podrá contrarrestarse con la fijación de otras fuentes alternativas de financiamiento, tales como: impuestos específicos a ciertos productos o servicios nocivos para la salud, aportes de los gobiernos locales o una legislación más rigurosa sobre el financiamiento de los riesgos excluidos.

El equilibrio financiero logrado por la CCSS, caracterizado por un control sobre los principales componentes de las remuneraciones, una mayor asignación de recursos financieros a las áreas de salud, hospitales y centros especializados, y un aumento significativo en los recursos destinados a las inversiones en infraestructura, equipamiento y tecnologías, genera un ambiente propicio para que el país inicie una discusión objetiva e inclusiva sobre las medidas que deben implementarse en los siguientes años, con el objetivo de procurar la sostenibilidad financiera de las atenciones a la salud de nuestros ciudadanos.

El autor es gerente financiero de la CCSS.