8 abril, 2014

El sector empresarial debe ser el movilizador de la sociedad civil y el sector público en la solución de los desafíos ambientales a los cuales nos enfrentamos. Para esto, es fundamental que las organizaciones incorporen metas ambientales dentro de sus estrategias de negocios que les permita mejorar su gestión de los impactos y reducirlos. Pero, además, es necesario que influyan directamente sobre sus diferentes partes interesadas (colaboradores, cadena de suministros y distribución, clientes, comunidad, sector público) para desarrollar las capacidades necesarias que les permitan aportar en la reducción de sus propias huellas ambientales.

Actualmente, según Global Footprint Network, consumimos más recursos de los que la Tierra puede generar. Ya para el 20 de agosto, habíamos agotado todos los recursos del 2013 y comenzamos a consumir por encima del potencial disponible. Si continuamos haciendo negocios de esta manera, para el año 2050, requeriremos aproximadamente los recursos naturales equivalentes a 2,3 planetas. Esta tendencia no solo es insostenible para nuestro planeta, sino para nuestras empresas y organizaciones.

A pesar del riesgo evidente, es común que los empresarios y empresarias desconozcan cuáles son los impactos que generan sus organizaciones y, por ende, también es común que desconozcan cómo gestionarlos y responsabilizarse de ellos. Si ni siquiera las empresas comprenden cómo reducir sus huellas ambientales, es improbable que puedan crear las capacidades para que otros sectores lo hagan.

Hoy, al menos, el interés por gestionar los impactos ambientales desde las empresas es generalizado y las organizaciones se están moviendo en la búsqueda de alternativas para lograrlo. Pero, ¿cómo se hace?

Retos. En general, la gestión ambiental de las empresas involucra los siguientes parámetros: agua, tratamientos de aguas residuales, contaminantes atmosféricas, combustibles fósiles, gestión de los residuos y energía. El manejo o administración de estos recursos se convierten en una oportunidad para mejorar que se aporta en la gestión del riesgo, en la eficiencia, incluso en la reducción de costos. Esta gestión debe estar alineada con el contexto, global y nacional en que se mueven las empresas.

Los retos son muchos, por ello es fundamental que las empresas visualicen la gestión ambiental como una necesidad y como una oportunidad para fortalecer sus estrategias de negocios y para garantizar su sostenibilidad. Esta gestión no debe desligarse de los retos y contextos regionales y globales en materia de ambiente, ya que todos los sectores compartimos metas y objetivos comunes: existir en el tiempo.

Para facilitar este proceso, la Asociación Empresarial para el Desarrollo (AED) creó en el 2011 Eco Eficiencia Empresarial, una plataforma colaborativa con herramientas especializadas y reconocidas a nivel internacional para que las empresas puedan gestionar sus impactos ambientales de una manera práctica, sencilla y amigable.

Sostenibilidad. Esta iniciativa se ha fortalecido, asimismo, como un espacio de colaboración entre el sector público y privado con intercambio de iniciativas con capacidad de réplica, escalabilidad y sostenibilidad, con el objetivo de reducir la curva de aprendizaje y disminuir los costos de implementación.

El proyecto se ha implementado en Costa Rica por dos años. En él han participado más de 75 empresas, en Panamá a través de SumaRSE en su primer año de implementación; 25 organizaciones participaron y en El Salvador a través de FundeMAS se implementó el proyecto con 20 instituciones. Para el 2014 se espera sea implementado en Honduras por FundaHRSE y en Guatemala por CentraRSE.

A través del acompañamiento en Eco Eficiencia Empresarial, las organizaciones participantes lograron reducir 263.184 metros cúbicos en consumo de agua; 30,9 toneladas de papel y en consumo de combustibles fósiles y de energía el equivalente a 7.614 toneladas de CO2e.

Esta iniciativa prueba que el sector empresarial tiene la capacidad de liderar, movilizar y transformar esta urgencia de que todos los sectores se responsabilicen de sus impactos ambientales, como estrategia de mejora en la competitividad y de promover la sostenibilidad propia, local y global.