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¿Para qué sirven las pruebas PISA?

Actualizado el 06 de agosto de 2014 a las 12:00 am

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¿Para qué sirven las pruebas PISA?

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PARÍS – Mediante la evaluación de capacidades y conocimientos de los alumnos en los sistemas educativos con mejor desempeño y más rápida mejora, el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), de la OCDE, ofrece valiosas opciones de reforma educativa e información sobre cómo implementarlas. El sistema PISA es un foro donde funcionarios, educadores e investigadores de todo el mundo debaten qué conocimientos necesitan los estudiantes para convertirse en ciudadanos responsables y exitosos en el mundo de hoy, y cómo desarrollar sistemas educativos más eficaces e inclusivos.

Hay quien dice que los resultados de la evaluación PISA no son significativos, porque se basan en un conjunto de factores demasiado amplio; otros también señalan lo difícil que es evaluar a estudiantes con idiomas y trasfondos culturales distintos. Pero, aunque está claro que una comparación internacional de la educación conlleva desafíos, la evaluación PISA sigue siendo la herramienta más útil con que cuentan las autoridades que quieren mejorar los sistemas educativos de sus países.

Antes de las pruebas PISA, muchos Gobiernos podían decir que sus sistemas educativos eran los más exitosos del mundo y que, si alguna falencia tenían, ya se habían tomado las medidas necesarias para resolverla. Pero la evaluación PISA expone los puntos débiles de los sistemas de cada país y, de ese modo, ayuda a asegurar que las autoridades reconozcan (y, en lo posible, resuelvan) las deficiencias pendientes.

Las pruebas PISA fomentan en gobernantes y ministros de educación de todo el mundo un sentido de responsabilidad que los mueve a la acción y los alienta a intercambiar información sobre el modo de aplicar innovaciones en los programas de estudio, la pedagogía y los recursos digitales, ofrecer experiencias de aprendizaje personalizadas que maximicen las posibilidades de éxito de cada alumno, y hacer frente a la diversidad en el aula.

Las pruebas PISA de la OCDE son internacionales porque, en el mundo globalizado moderno, los estudiantes deben ser capaces de colaborar con personas de distintas culturas y apreciar ideas, perspectivas y valores diferentes. Para tener las mejores probabilidades de éxito en la vida, deben recibir una educación que los prepare para enfrentar cuestiones que trascienden las fronteras nacionales.

Pero los resultados más importantes de la evaluación PISA se ven en el nivel nacional, porque alienta la innovación y amplía las perspectivas educativas dentro de cada país. Sistemas educativos tan diversos como los de Finlandia, Japón, China y Canadá (que antes apenas concitaban la atención de los políticos) hoy se han convertido en modelos de excelencia educativa internacionales que ayudan a otros países a diseñar reformas eficaces.

Cuando Brasil obtuvo los peores resultados en la primera evaluación PISA, publicada en el 2000, muchos cuestionaron, y con razón, si era justo comparar los sistemas educativos de economías emergentes con los de países avanzados como Finlandia y Japón. Pero Brasil aceptó el reto y destinó cuantiosas inversiones a mejorar la calidad de la enseñanza. Ahora puede alardear de contar con uno de los sistemas educativos del mundo que más rápido mejora.

Otro país que se destacó en las pruebas PISA 2000 fue Alemania, que obtuvo un desempeño inferior al promedio y mostró grandes inequidades sociales en educación. Esto provocó la sorpresa de los alemanes y dio inicio a varios meses de debate público. El Gobierno alemán, movido a actuar, lanzó iniciativas para ayudar a alumnos inmigrantes y desfavorecidos, e hizo de la idea de educación infantil temprana una fuerza rectora de la política educativa alemana. Hoy, los informes PISA confirman que la calidad y la equidad del sistema educativo alemán han mejorado considerablemente.

Incluso en los sistemas educativos con mejores resultados, la evaluación PISA ayuda a individualizar áreas donde es posible mejorar. Por ejemplo, en Japón reveló que, si bien los alumnos sobresalen en reproducir lo que han aprendido, suelen tener problemas cuando se les pide extrapolar ese conocimiento y aplicarlo creativamente. Esto inspiró la creación de entornos de aprendizaje más innovadores, como quedó de manifiesto en abril pasado durante una visita a las escuelas de la región de Tohoku destruidas por el tsunami del 2011.

De esta experiencia puede extraerse todavía una lección más: aun cuando el estilo educativo de un país parezca depender, sobre todo, de factores socioculturales, se pueden hacer mejoras. Países como Japón no necesitan cambios culturales para resolver sus falencias educativas, sino simplemente ajustar políticas y prácticas.

Desde que la iniciativa PISA se concibió, a finales de los años noventa, su aspiración ha sido crear una plataforma global para la colaboración en investigación e innovación educativa. Con el tiempo, el trabajo conjunto de autoridades, investigadores y expertos creó la red profesional más grande del mundo dedicada a desarrollar información sólida, confiable e internacionalmente comparable sobre los resultados de aprendizaje de los alumnos.

La evaluación PISA también mide las habilidades y actitudes socioemocionales de los alumnos en relación con el aprendizaje, así como la equidad del sistema educativo y el apoyo de los padres. Todo esto provee un contexto indispensable para interpretar los puntajes obtenidos en las pruebas internacionales.

De más está decir que las evaluaciones no cubren todas las habilidades o actitudes importantes. Pero hay evidencia convincente que señala que los conocimientos y habilidades evaluados por el sistema PISA son esenciales para el éxito futuro de los alumnos, y la OCDE trabaja todo el tiempo para ampliar el conjunto de habilidades cognitivas y sociales que miden las pruebas.

La iniciativa PISA ya fue un punto de partida de importantes avances educativos en todo el mundo. La OCDE seguirá trabajando con los 80 países participantes en desarrollar todavía más el programa, para que siga ayudando a funcionarios y educadores a diseñar e implementar mejores políticas educativas, y dar a sus ciudadanos acceso a las herramientas que necesitan para forjar vidas mejores.

Ángel Gurría es el secretario general de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). © Project Syndicate.

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