Opinión

El significado de las elecciones del pasado domingo

Actualizado el 09 de febrero de 2014 a las 12:00 am

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El significado de las elecciones del pasado domingo

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Con las elecciones del 2002 dio inicio la crisis del sistema de partidos prevalente hasta el momento y que se había fundamentado en el bipartidismo conformado por el Partido Liberación Nacional (PLN) y el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC). En ese entonces, el hecho novedoso fue la aparición de un nuevo actor político: el Partido Acción Ciudadana (PAC), cuya participación forzó a una segunda ronda en la elección presidencial.

Hechos significativos. Cuatro años después, en las elecciones del 2006, dos hechos fueron especialmente significativos: el derrumbe del PUSC y el fuerte deterioro del PLN, partido que estuvo a punto de perder las elecciones. En el 2010 parecía que el PLN lograba recuperarse; sin embargo, la mejoría que obtuvo en la votación se dio en el marco de un debilitamiento de los partidos políticos iniciado desde el 2002 y que aún persiste. La votación para diputados y el fraccionamiento de la Asamblea Legislativa es fiel indicador de ello.

Triunfo sorprendente. Del resultado electoral de este año habría que destacar el acentuado deterioro del PLN, la caída del Movimiento Libertario (ML) y el crecimiento del Frente Amplio (FA), aunque el hecho más sorprendente, por inesperado, ha sido el triunfo del PAC. Lo sucedido al PLN tiene como causa inmediata la imagen pública del Gobierno y, como causa mediata, la crisis abierta en el 2002. En razón de ambas circunstancias se dio lo que constituye su rasgo distintivo: la conformación de una amplia mayoría cuyo objetivo y deseo fue, y sigue siendo, sacar al PLN del poder. Los llamados “indecisos” lo eran respecto a cuál candidato resultaba apropiado para esta tarea, no en cuanto al objetivo a lograr.

Voto contrario al PLN. Luis Guillermo Solís fue el candidato que logró capitalizar en mayor número ese voto contrario al PLN. José María Villalta, aunque logró una importante votación, tuvo un límite en su crecimiento que no pudo superar. No es del caso analizar las causas de lo uno y de lo otro. Lo importante es tener presente la motivación principal que animó al votante no liberacionista. En este contexto, calificar al PAC como la derecha que no roba es una afirmación desafortunada, además de alejada de la realidad. Poco contribuye a orientar a los seguidores del FA, porque no es aventurado decir que buena parte de los votantes del FA no piensan eso del PAC.

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En su gran mayoría, el votante del FA no es de izquierda, aunque no le asusta que el FA lo sea. Pero lo importante es que se trata de un votante que desea que el PLN deje el poder. Es claro que la mayoría de los votantes del FA lo harán por el PAC en la segunda ronda, independientemente de la posición que asuman los dirigentes de ese partido. Por ello, expresiones como la señalada entrañan el peligro de provocar el alejamiento de una parte de quienes en estas elecciones decidieron apoyar al FA.

Fácil y difícil. Por lo mismo, y de cara a la segunda ronda, al PAC le resulta más fácil allegar votantes del PUSC e, incluso, del ML que al PLN. Este último tiene una tarea difícil en los siguientes dos meses. Frente al PAC no cabe el discurso en que el PLN se presentaba como el centro político en relación con el FA y el ML, ni cabe asustar con el fantasma del comunismo. Lo único que le queda es insistir sobre su mayor experiencia de gobierno y prometer corregir los errores cometidos. Un planteamiento bastante débil y, a estas alturas, poco convincente por desfasado en el tiempo.

Retos para los partidos. A partir del resultado electoral del domingo e independientemente de cómo se resuelva la elección presidencial en abril, el reto inmediato del PLN es reinventarse. Pareciera que, desde el 2002, la tendencia general indica que el proyecto político liberacionista está agotado. El reto del PAC es resolver sus contradicciones internas como parte de una mejor definición de su proyecto político. Esto resulta especialmente importante de cara a un futuro gobierno de este partido. Y el reto del FA parece claro: madurar como partido, superando radicalismos innecesarios para reafirmar su vocación democrática de manera que le permita impulsar su agenda social y económica con los pies puestos en la realidad política costarricense.

A la elección del 2014 hay que verla como la antesala de la del 2018, pues, según como evolucionen estos partidos en función de sus retos, o la crisis iniciada en el 2002 llega a su fin en el 2018 o se profundiza con grave daño para la democracia.

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Cierre de un ciclo. En todo caso, con las elecciones del pasado domingo pareciera que se cierra un ciclo marcado por la definitiva desaparición del bipartidismo, independientemente de quien resulte vencedor el 6 de abril. Aun así, el proceso iniciado en el 2002 se mantiene abierto, pues aún los partidos políticos carecen de una base social sólida.

La sociedad costarricense demanda cambios que los partidos no han logrado traducir en propuestas a largo plazo. Es decir, ningún partido político ha podido elaborar propuestas que permitan articular alianzas sociales de largo alcance para dar impulso a un nuevo proyecto histórico.

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