Por: Nuria Marín Raventós 26 febrero

Resulta preocupante que el Ministerio de Relaciones Exteriores recurra al nombramiento de personas sin ninguna experiencia en la carrera diplomática para cargos relevantes en el servicio exterior. En el 2016 fueron nombradas 16 personas y en este año van 10, a la fecha.

Se argumenta que los concursos públicos son un mecanismo más transparente y que no se ha recurrido a la mala práctica del pasado, la que siempre combatí, de usar los puestos del servicio exterior como botín político.

La Asociación Costarricense de Diplomáticos de Carrera, de la Cancillería, ha levantado la voz ante el mecanismo utilizado y ha cuestionado la experticia de quienes integran la Comisión Calificadora del Servicio Exterior.

Solo tendremos una verdadera profesionalización del servicio exterior cuando se les dé prioridad a los diplomáticos de carrera, como lo establece el Estatuto del Servicio Exterior, y los concursos de oposición se realicen de manera transparente, con amplia convocatoria y en plazos más amplios de participación.

Si bien el Estatuto permite el nombramiento por inopia, el órgano responsable debería demostrar que no existen candidatos interesados o calificados para cubrir el puesto.

Como profesora del Instituto Manuel María de Peralta por casi dos décadas, conozco la calidad de nuestro cuerpo diplomático y me duele encontrar excelentes profesionales que literalmente renunciaron a ser parte del Servicio Exterior por mecanismos poco transparentes de contratación, ascenso o remuneración.

Si antes era necesario un servicio exterior permanente y altamente especializado como primera línea de defensa de nuestra soberanía, de nuestros derechos y para la generación de oportunidades, en el marco de la actual coyuntura internacional se torna indispensable.

En momentos en que personas como Gorbachov advierten sobre los peligros de pasar de una guerra fría a una guerra caliente, genocidios como el de Siria, sin vestigios de solución, para mencionar dos amenazas a la paz y seguridad, una creciente y peligrosa erosión democrática en la región, a los que se suman el giro de Estados Unidos en temas cruciales como la inmigración, la exploración petrolera y una política comercial proteccionista, necesitaremos en nuestras embajadas a los mejores.