Opinión

El segundo tiempo de Costa Rica

Actualizado el 08 de octubre de 2012 a las 12:00 am

Estamos jugando solo medios tiempos desde hace un buen rato

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Desde hace meses, el debate en torno a los contrastes de rendimiento de nuestra selección mayor de fútbol ha ido en aumento. Por una parte, hemos sido testigos de irregulares rendimientos con equipos de la zona y, por otra, es imposible no compararla con la asombrosa actuación contra la selec- ción campeona del mundo a finales del año pasado donde aseguramos victoria en el primer tiempo y luego la dejamos escapar.

En resumen, vivimos “pulseándola” para avanzar a la siguiente fase y clasificar al campeonato mundial. La realidad de ambos escenarios pone de manifiesto un asunto que es casi un reflejo de la sociedad en la que vivimos en todas sus extensiones.

Seamos honestos: va más allá dado que este país ha tenido épocas gloriosas donde nos destacamos como líderes regionales justamente por una apuesta a la justicia social, fortalecimiento de las instituciones y gestión correcta de la administración pública, abundancia de valores y principios éticos. Un país que pensó de primero en el desarrollo y el bien común cuando en 1884 se dio el lujo de convertirse en la tercera ciudad en el mundo y la primera en Latinoamérica en ser iluminada por energía eléctrica y años después contar con un tranvía. Un país con una visión de primer mundo aún en la encrucijada ideológica de la mitad del siglo pasado con una base sólida de institucionalidad y garantías sociales. Y mientras la desgracia recorría Centroamérica en los ochenta, Costa Rica seguía pujante en el camino favorecida por esa madurez y visión con esfuerzo y amor por la patria.

Entonces, ¿qué le ha pasado a Costa Rica? Estamos jugando solo medios tiempos desde hace un buen rato, mientras el resto del mundo lucha de pie sin bajar la guardia hasta que se acabe la competencia. Muchos analistas mencionan las condiciones de países como Singapur y otros más en el mundo en desarrollo, los cuales compartían condiciones similares con el nuestro hasta hace unas décadas y que hoy son altamente competitivos y prósperos; en cambio, nosotros hemos entrado en el letargo y en el cierre de filas, haciendo cambios innecesarios, por decirlo en términos futbolísticos, que nos han costado caro.

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En nuestro país nos encanta reseñar una y otra vez que no tenemos ejército, que nuestra educación es de las mejores y que somos el país más feliz del mundo, que el PIB sube y que alguna parte de la población es pobre, pero tienen asistencialismo del Estado; sin embargo, la realidad es que Costa Rica está en una situación estructural delicada y, como en el futbol, solo cuando nos vemos presionados arrollamos mangas para dar solución y lograr la clasificación.

Institucionalmente, afrontamos embates de imprevisibilidad y cortoplacismo de la gestión pública; si no, que lo diga el tema de la sostenibilidad financiera de las cámaras de control de velocidad, cuyo funcionamiento y utilidad han quedado en el limbo hasta nuevo aviso; asimismo, en infraestructura, tanto el puente de “la platina” como los golpes bajos del sistema de concesiones de la carretera a Caldera, y ni qué decir de la famosa “trocha”, plantean la necesidad de serios debates sobre la responsabilidad del Estado en lo que hace y concesiona por incapacidad.

La corrupción nos carcome por doquier, desde lo más básico de la mordida en la calle hasta lo más indignante de la famosa calle fronteriza; la inseguridad rompió el cerco escolar y las drogas con armas intentan ganar la partida al cuaderno y a la formación integral. Los semáforos se han convertido en verdaderos nichos de trabajo, y la pobreza como clara violación de derechos humanos se acentúa junto con la fría indiferencia del individualismo costarricense.

La irresponsabilidad de quienes nos representan en los poderes de la República no debe ser atacada con acalorados discursos y “ollas destapadas para destruir carreras políticas”, sino que debe ser combatida con los instrumentos que la ley nos ha dado y para ello necesitamos instituciones fiscalizadoras sólidas y con alta legitimidad. Un marco legal coherente que permita sancionar y ejecutar la sanción.

Esta es nuestra realidad; Costa Rica está viviendo el segundo tiempo de su historia reciente y contemporánea, pero no podemos esperar al tiempo extra o los penales para lograrlo y celebrar. Debemos enfocarnos en todo lo que nos ha hecho grandes desde hace décadas, en todas esas fortalezas que como país tenemos.

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El enfoque de la Costa Rica que queremos debe estar basado en el espíritu honesto de todos los habitantes y profesionales que posee y en las iniciativas del Estado que están encaminadas hacia la prosperidad de nuestros pueblos.

Costa Rica es más que defectos y repechajes institucionales, es un país bendecido al que debemos apostar por un pacto social transparente; reforzar los valores éticos donde la tolerancia cero debe estar aplicada a la corrupción, no a la resolución de los conflictos sociales que nos asfixian.

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