Opinión

El rústico estamento político de Costa Rica

Actualizado el 12 de agosto de 2013 a las 12:01 am

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El rústico estamento político de Costa Rica

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La razón por la cual existe el espionaje es que las personas, y los países, grandes y pequeños, habitan un mundo violento. Se defienden mejor conociendo las intenciones de sus potenciales enemigos. De acuerdo con lo que logran saber, se preparan para defenderse mejor. El espionaje, por lo tanto, es indispensable.

El 10/7/13, La Nación destacó la noticia de que “el caso del ex espía en fuga de Estados Unidos, Edward Snowden, tocó ahora a Costa Rica”. La noticia del supuesto espionaje generó “indignación” entre el rústico estamento político del país.

La presidenta Laura Chinchilla respondió: “A mí, como ciudadana de una democracia desarmada como es Costa Rica, me incomodan esas cosas; no me gustan”. Pero un país desarmado es completamente vulnerable ante potenciales o reales violaciones de su soberanía. Por eso, a la señora Presidenta le debería interesar más el espionaje para proteger mejor a su país después del deplorable desenlace de la invasión de Calero.

Un diputado izquierdista declaró que el espionaje de la CIA “se trata de una afrenta intolerable a la soberanía del país”. ¿No fue una afrenta más intolerable la violación territorial por su correligionario Ortega?

Otro diputado, por cierto, un buen diputado, dijo que “es práctica justificada espiar a los enemigos pero… no se justifica espiar a los países amigos”. Esto no es cierto. En mayo del 2005, el FBI arrestó al norteamericano Lawrence A. Franklin, analista del Pentágono, acusado de suministrar información secreta a Israel, un buen amigo y aliado de Estados Unidos.

Confusión. Nuestra clase política parece confundir el espionaje con la policía secreta. Pareciera ignorar, también, que la policía secreta de Stalin no es igual, por ejemplo, a la policía secreta de Jordania. La Mukhabarat logró neutralizar, sin violencia, la oposición al Tratado de Paz con Israel, garantizando así la paz de su país en medio de la violencia sin precedentes en Oriente Medio.

El espionaje en el campo internacional es una forma de vida. Hay innumerables ejemplos de la “hermandad” entre los servicios de inteligencia. El entonces presidente de Egipto, Hosni Mubarak, en marzo del 2003, públicamente confirmó que Egipto no le ayudaría a la coalición de estados aliados de E.E.U.U. en la invasión de Irak. Dijo, categóricamente: “No debemos hacerlo y no lo haremos”. Sin embargo, aviones norteamericanos constantemente volaron sobre el espacio aéreo egipcio para llevar a cabo sus misiones militares en Irak y bases aéreas en Egipto sirvieron para suplir de combustible a esos aviones.

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Poder y control. Dario Maestripieri, un biólogo en la Universidad de Chicago, ha estudiado el comportamiento de los monos rhesus. Estos no luchan por comida, espacio o recursos. Encontró que “luchan por el poder y, con ese poder y estatus, logran el control sobre todos los demás”. Pero los machos adultos tienen que ganarse el liderazgo logrando el apoyo de sus bases, como cualquier político. Se involucran en luchas y su probabilidad de éxito depende de cuántos aliados logran enlistar y enemigos neutralizar. Por eso, constantemente espían a sus potenciales enemigos. Se involucran en peleas si calculan que van a ganar y cuando el riesgo de una lesión es poco probable. Estos monos no tienen nada de rústicos.

La lucha y la obligación de defenderse es una antigua necesidad. La primera gran batalla de la historia se libró en la antigua Mesopotamia. Científicos han detectado evidencia de una sangrienta confrontación que se libró ahí en el año 3.500 antes de Cristo. Los arqueólogos hallaron más de 1.200 “balas” ovaladas y 120 bolas de arcilla más grandes; ambas se lanzaban con hondas. No se necesitan armas para librar una batalla. En Mesopotamia, el sangriento conflicto se resolvió a pedradas.

En fin, tal vez nuestro rústico estamento político tenga razón. No podemos permitir que la CIA nos esté espiando. Nos puede robar nuestros secretos atómicos.

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