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Un rompecabezas por armar

Actualizado el 29 de septiembre de 2013 a las 12:05 am

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Coordinadora de Investigación del Estado de la Educación

Director a. í. del Programa Estado de la Nación

El Cuarto Informe Estado de la Educación, recientemente publicado, ofrece una mirada estratégica sobre el sistema educativo. Señala que en los últimos años hubo mejoras en su financiamiento, se ampliaron las oportunidades de acceso educativo, se renovó parcialmente la oferta educativa, se aprobaron disposiciones en favor de los estudiantes y se inició la transferencia de competencias de gestión a escuelas y colegios. La pregunta de si hoy estamos mejor que años atrás hay que responderla, sin ambages, positivamente.

“Mejor” no significa “bien”. Los progresos fueron acompañados por persistentes déficits en temas claves. Destacan el bajo y desigual logro educativo en secundaria y los serios problemas de rendimiento académico en matemáticas y ciencias, o en destrezas como la comprensión de lectura. Persiste una extensa red de centros de enseñanza en instalaciones ruinosas, con bajas promociones y alta exclusión estudiantil. A todo esto se suman los serios problemas de contratación docente y sigue creciendo la sobreoferta de carreras de Educación, la mayoría sin acreditar.

El contraste entre estos cursos de evolución refleja una cuestión de fondo: en el sistema educativo las fortalezas siguen desconectadas de las debilidades, pese a las nuevas políticas y la mejora en su financiamiento. Esta desconexión entre fortalezas y debilidades coloca a Costa Rica en una situación vulnerable. En virtud de su avanzado proceso de transición demográfica, el país requiere mejoras más rápidas en el acceso, la calidad y la pertinencia de su educación.

Un ciclo largo de estabilidad en la conducción del sistema educativo permitió introducir cambios, algunos con potencial para modificar positivamente las tendencias de largo plazo. Sin embargo, no se ha podido transformar sustancialmente una estructura que promueve desempeños mediocres y opone resistencias a todo tipo de reformas. En esta situación, las mejoras caminan despacio.

Las fortalezas y debilidades del sistema educativo son piezas de un rompecabezas que el país no termina de armar. Los logros caminan por un lado y las deficiencias por otro, y los progresos quedan aislados.

Mientras aumenta la inversión educativa, el rendimiento y las destrezas de la mayoría de los estudiantes son insuficientes. En este marco, el informe hace un llamado enfático a conectar fortalezas y erradicar debilidades. Una estrategia así permite ligar más financiamiento a mejores resultados, más titulación de profesores a mayor exigencia académica, más infraestructura a ambientes de aprendizaje de mayor calidad.

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Para alcanzar este objetivo se necesitan, dice el informe, dos condiciones fundamentales: persistencia y sostenibilidad en los esfuerzos. Por décadas el sistema educativo estuvo sometido a los vaivenes de la política electoral. Esa nociva práctica debe desaparecer. Impide consolidar políticas de Estado y afianzar culturas organizativas que propicien una alta calidad. Las reformas requieren tiempo para cuajar y, si bien muchos de sus resultados aún están por verse, es imperativo no desandar el camino andado, evaluarlas con ánimo constructivo y aunar esfuerzos para que el sistema educativo responda a los desafíos que enfrenta el país.

Las nuevas demandas de la sociedad del conocimiento,el agotamiento del bono demográfico y la existencia de una sociedad cada vez más desigual hacen a todas luces insuficiente el sendero de reformas parciales de lenta realización por el que hasta ahora hemos transitado.

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