La elección del 45. ° presidente tendrá profundas consecuencias en el mundo entero

 19 junio, 2015

NUEVA YORK – Es imposible saber a quién elegirán los estadounidenses para que sea su próximo presidente, pero lo que es seguro es que esa elección tendrá consecuencias profundas, buenas o malas, para el mundo entero.

Más que ninguna otra cosa, esto refleja la realidad continua del poder de los EE. UU. También refleja la certeza casi total de que el próximo presidente heredará un mundo presa de una considerable agitación. Lo que decida hacer y cómo decida hacerlo importará mucho a la población del mundo entero.

Ahora bien, resulta difícil saber qué papel desempeñará la política exterior a la hora de determinar quién será el próximo ocupante del despacho oval. Aún faltan 17 meses para las elecciones del 2016. Hasta entonces, muchas cosas pueden ocurrir y ocurrirán.

A lo largo del año próximo se desarrollarán dos procesos políticos relacionados, pero distintos: las contiendas para la selección de los candidatos en los partidos Demócrata y Republicano. La exsecretaria de Estado Hillary Clinton es la que va a la cabeza en el Partido Demócrata, si bien la selección de su candidatura no es una conclusión a la que se pueda llegar de antemano. En todo caso, la política exterior tendrá poco que ver con la decisión, pues las cuestiones que más preocupan a los votantes que vayan a participar en las elecciones primarias demócratas son de carácter interno y económico.

En el lado republicano hay más candidatos y más incertidumbre y parece mucho más probable que la política exterior desempeñe un papel mayor en la elección del candidato del partido. La economía está mejorando con el presidente Barack Obama, lo que la vuelve un objetivo político menos atractivo. En cambio, la turbulencia mundial ha dado a los republicanos más margen para atacar a Obama y a los demócratas.

No obstante, algunas cuestiones de política exterior predominarán en las conversaciones de los dos partidos. Una es el comercio, que es un asunto a un tiempo interno e internacional. Obama necesita el Organismo de Fomento del Comercio, preludio necesario con miras a conseguir el apoyo del Congreso para el Acuerdo de Asociación Transpacífico, que reduciría los obstáculos al comercio entre los EE. UU. y otros once países de la ribera del Pacífico.

Muchos de los candidatos republicanos –pero no todos– apoyan el AAT; la política por el lado demócrata es más hostil al acuerdo, por lo que para un candidato demócrata resulta potencialmente peligroso darle el apoyo.

Otro asunto que predominará con seguridad en los debates sobre la elección de los candidatos es el del Irán y las negociaciones internacionales para detener su programa nuclear. Es de esperar que muchos de los candidatos republicanos se muestren críticos sobre cualquier propuesta de acuerdo. Se plantearán preguntas sobre qué sanciones se deben atenuar y cuándo, sobre las inspecciones relativas a las condiciones del cumplimiento y sobre lo que sucederá, una vez que expiren los límites de las actividades nucleares del Irán. Es más probable que los candidatos demócratas se muestren más comprensivos con lo que quiera que se negocie, pero seguro que habrá diferencias entre los candidatos de los dos lados.

El tercer asunto es el del cambio climático. El papa Francisco subrayará la relevancia de dicho asunto cuando haga pública una importante declaración al respecto la próxima semana. Asimismo, los preparativos para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que se celebrará en París el próximo mes de diciembre harán que ese asunto siga apareciendo en los noticiarios.

Los demócratas se mostrarán más partidarios de compromisos de mayor alcance por parte de los EE. UU., si bien, una vez más, en los dos lados surgirán diferencias de opinión al respecto.

Un cuarto conglomerado de cuestiones se refiere a Oriente Medio. En los dos lados hay pocos deseos de una intervención militar en gran escala en Iraq y en Siria para contrarrestar al Estado Islámico, pero habrá un debate acalorado –y muchas poses– sobre lo que se debería o no de se debería hacer.

Además, están todas las demás cuestiones, desde la inflexibilidad de China en Asia hasta el revanchismo ruso en Ucrania. La retórica, sobre todo por la parte republicana, será muy intensa.

Es de esperar que lo que resulte de los procesos de selección de las candidaturas por los dos lados sean ideas claras sobre cómo responderán los candidatos elegidos a tres preguntas importantes.

La primera se refiere a la importancia, en términos absolutos y relativos, que el candidato atribuya a la política exterior. Si concebimos la seguridad nacional como los dos lados de una moneda, con la política exterior en una de ellas y la política interior en la otra, ¿qué probabilidades hay de que sea una u otra la acertada para el nuevo presidente? Se trata del clásico debate sobre “las armas frente a la mantequilla”, sobre cómo se deben asignar los recursos, desde los dólares hasta la atención presidencial.

En segundo lugar, ¿cuáles son los objetivos y las prioridades de la política exterior? La tradición realista en las relaciones internacionales se centra en la influencia sobre las políticas extranjeras de otros países y hace menos hincapié en sus asuntos internos. La principal tradición opuesta adopta la posición contraria, al sostener que lo que más importa son los asuntos internos de otros países, ya sea por razones de moralidad o de principio o porque se crea que la forma de comportarse de un Gobierno internamente afecta a su comportamiento en el extranjero.

Según esta concepción idealista, los países democráticos y que tratan a sus ciudadanos con respeto son más propensos a tratar a los ciudadanos de otros países con respeto. Naturalmente, el problema estriba en que la de influir en las trayectorias de otras sociedades es una propuesta difícil y a largo plazo; entretanto, hay amenazas mundiales apremiantes que se deben abordar, a veces con la asistencia de regímenes indeseables.

La última cuestión se refiere al planteamiento de los candidatos elegidos sobre la ejecución de la política exterior. ¿Cuál será su combinación preferida de unilateralismo y multilateralismo y a qué instrumentos –desde la diplomacia y las sanciones hasta las operaciones de inteligencia y la fuerza militar– recurrirán con mayor frecuencia?

Las respuestas a esas preguntas han de resultar más claras durante la campaña, durante la cual los americanos tendrán más razones para votar a uno o a otro y las personas de todo el mundo se harán una idea mejor sobre lo que se puede esperar en enero del 2017, cuando el 45.º Presidente de los EE. UU. jure su cargo.

Richard N. Haass es presidente del Consejo de Relaciones Exteriores y su libro más reciente es Foreign Policy Begins at Home: The Case for Putting America’s House in Order (“La política exterior comienza en casa. La necesidad de poner en orden la casa de los Estados Unidos”). © Project Syndicate 1995–2015