Opinión

Los retratos que aún faltan por colgar

Actualizado el 18 de agosto de 2013 a las 12:00 am

Extracto del discurso pronunciado en el Salón de Expresidentes de la República en la Asamblea Legislativa con ocasión de la develación de su retrato.

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Los retratos que aún faltan por colgar

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No me preocupan los cuadros que cuelgan en estas paredes. Estos hombres han forjado su historia y yo, con la ayuda de miles y miles de costarricenses, he forjado la mía. Me preocupa el espacio en blanco. Me preocupan los retratos que aún faltan por colgar. Hoy quiero hablar de tres grietas que percibo en estas paredes, tres fallas que amenazan con debilitar seriamente la estructura que sostiene el edificio de la democracia costarricense: la deslegitimación de los mecanismos intrínsecos de la política, incluido un empobrecimiento del debate público y de la capacidad de discutir y transar; el surgimiento de un etos colectivo caracterizado por el cinismo y el autodesprecio; y una profunda crisis en la producción y en la renovación de liderazgos.

Esencia del líder. Empecemos por los mecanismos de la política y empecemos por decir que la esencia del líder político, como bien supo Max Weber, es tomar partido. Adoptar una postura. Tener una opinión y defenderla. Me preocupa que hayamos desarrollado poca tolerancia por la actitud de un líder que se aferra a lo que cree. Y, sobre todo, que hayamos desarrollado una lógica, conforme con la cual le exigimos a los gobernantes que, según suba el radar del descontento, abandonen los compromisos que asumieron en la campaña política.

Nadie ha visto a un perro intercambiar huesos con otro perro, como escribió Adam Smith. La capacidad de transar es un rasgo distintivamente humano. Y, sin embargo, en Costa Rica es cada vez más oneroso sentarse a dialogar con el bando opuesto. Las alianzas políticas son vistas como traiciones o como pactos faustianos. Y eso es perverso porque las alianzas políticas y los acuerdos con el adversario son la única forma que existe de construir en una democracia. Esto se adereza con un temor inexplicable a polarizar a la población. Y yo me pregunto: ¿qué es la política sino un proceso de polarización constante? ¿Qué es la política sino una lucha entre distintas visiones de mundo? Winston Churchill se preguntó: “¿Tienes enemigos? Bien. Eso significa que has defendido algo, alguna vez en tu vida”.

Ningún logro relevante se ha obtenido por consenso. He dicho muchas veces que la falta de liderazgo es, precisamente, creer que el consenso es necesario para impulsar una idea. Que nos quede muy claro: decidir es dividir. Toda conquista histórica ha sido ganada contra una férrea oposición. Es infancia política tenerle miedo a la polémica y es infancia política tenerle miedo a la polarización. La medida de un líder es, precisamente, su capacidad de navegar esa polarización sin permitir que se resquebraje el tejido social.

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Mediocridad. La mediocridad del debate público es en parte responsable por la visión sumamente negativa de la clase política que tiene la mayoría de los costarricenses: Un debate centrado en ataques sin descanso y en denuncias penales. Es realmente difícil oír en nuestro medio político actual una discusión sobre alguna teoría, o un comentario sobre el contenido central de un libro influyente, o un intercambio de argumentos que permita discutir los méritos de una u otra estrategia.

De esto también lleva culpa la prensa, que lucra con presentar un rosario interminable de problemas comentados ad náuseam sin ninguna profundidad. Un país en donde todo es un escándalo, es también un país en donde nada puede ser una solución. Un debate más mesurado, un debate más acertado, un debate más inteligente, pasa necesariamente por la formación de una mejor cultura de comunicación colectiva.

La segunda grieta que quería mencionarles es el surgimiento, en el espíritu nacional, de un etos caracterizado por el autodesprecio. Hoy Costa Rica es un lugar donde el cinismo es una virtud mucho mayor que ninguna otra. El rechazo a la política se ha convertido en símbolo de estatus intelectual. ¿Cómo hace un país para recuperar la autoestima? Un cambio de actitud probablemente dure décadas. Pero hay cuestiones que sí podemos cambiar hoy mismo: hoy mismo podemos renunciar a hacer política basada en la retórica del Armagedón, la retórica conforme a la cual el país está al borde del colapso, todos los políticos son unos pillos y no existen soluciones para los problemas.

¿Qué incentivos tiene un político para construir una ciudadanía perennemente disconforme? Nadie, absolutamente nadie, se beneficia de la mentalidad que define actualmente la actitud política del costarricense. Es necesario hablar con otra retórica, una retórica de posibilidad y de entusiasmo, una retórica de futuro y de emprendimiento. Esto, por supuesto, tiene sus limitaciones. Al final del día, un líder tiene que ser capaz de inspirar. Tiene que ser capaz de convencer. Tiene que ser capaz de abonar el terreno popular en el cual pueda sembrar sus ideas. Y esto me lleva a la tercera grieta que hoy quería mencionarles, tal vez la más importante: la incapacidad que está exhibiendo nuestro sistema para renovar los liderazgos políticos.

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Generación educada. El Salón de Expresidentes es un tributo a la sucesión política, una representación gráfica de la alternabilidad en el poder y de la capacidad de asegurar un sistema de relevos. Sin embargo, cada vez resulta más difícil ver a quién habremos de pasarle la estafeta. No porque no existan personas jóvenes y talentosas. Por el contrario, no ha habido en la historia de Costa Rica una generación más educada y más preparada que la que vive ahora su década de los veinte y los treinta. Es una generación sensible y sensata, que discute ideas en blogs y redes sociales, que es activa en grupos civiles y de voluntariado, pero que es terriblemente reacia a entrar formalmente en la política.

La verdad es que yo no culpo a esa juventud. El cálculo de incentivos inclina la balanza en contra de su participación en la vida pública. Al problema de los bajos salarios se le suma ahora el temor de ser lapidado por algún seudoescándalo. La expectativa de vida de una cara nueva en la política costarricense ronda los 18 meses, y este país es demasiado pequeño para darse el lujo de quemar figuras a esa velocidad.

Búsqueda de sucesores. Esta ha sido siempre una de mis grandes preocupaciones. La búsqueda de sucesores es una de las principales obligaciones de un líder político. Por eso, toda mi vida he intentado proteger e impulsar la carrera de personas que considero prometedoras. Algunos han construido brillantes trayectorias profesionales. Algunos fueron a tiendas políticas distintas e, incluso, se han convertido en mis adversarios y críticos. Pero no me arrepiento de haber sido siempre un mentor.

Hoy quiero hacer un llamado más a esa generación de jóvenes que se encuentra al margen de la política. No se dejen vencer por los cínicos y los demagogos. No se dejen vencer por los que hacen del debate público un lodazal. La política es un oficio agotador, pero es también la más poderosa herramienta para transformar la vida. No es vanidad creer que uno puede cambiar el curso de la historia. ¿Qué habría sido de nosotros si hubiéramos prestado oídos a tantas voces que insistieron en que no podíamos extinguir el dolor de la guerra en Centroamérica? La paz solo fue posible cuando tuvimos el valor de tomar las riendas del destino. Hoy es el turno de ustedes. Solo ustedes conocen el espíritu de esta época.

El arco de la historia es recio como el arco de Odiseo, que en vano intentaban tensar los pretendientes. Para doblarlo, se requieren toda la fuerza del carácter y todo el peso de la convicción. Se requieren esperanza mezclada con realismo, entusiasmo mezclado con sentido de responsabilidad. Se requiere una verdadera vocación política. Jamás renegaré de la política porque por ella pude influir en la vida de millones de personas. Por ese honor le doy gracias al cielo y les deseo a otros la satisfacción que hoy me embarga. La satisfacción de haberle servido a este pueblo bendito, con todo el corazón.

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