El desesperado y paranoico discurso populista es cada vez menos convincente

 19 julio

El autoritarismo de Maduro y sus seguidores está pronto a caer. El desesperado y paranoico discurso populista es cada vez menos convincente para sus diezmados aliados, que no encuentran coherencia entre la verborrea de aires revolucionarios y la innegable realidad en el que fuera uno de los países más democráticos y prósperos de la región.

Escasez de alimentos y medicinas, desesperanza, persecución, cárcel, tortura y muerte a la oposición política, atropellos a una Constitución Política creada por el mismo chavismo, abusos contra libertades fundamentales y derechos humanos, ruptura de límites entre poderes del Estado, corrupción, tráfico de influencias, pésimo manejo de la administración pública, inseguridad ciudadana, así como un largo etcétera han convertido a Venezuela en un país ingobernable y en crisis.

La presión de organismos, organizaciones y Gobiernos de todo el mundo cada vez es mayor, en procura de una salida democrática, pues parece que finalmente se ha comprendido que la libre autodeterminación de los pueblos y la no intromisión en asuntos de otros Estados, son principios de derecho internacional que aplican entre democracias con condiciones básicas de libertad y justicia, no mordazas para callar ante evidentes arbitrariedades.

Clamor popular. La masiva respuesta que obtuvo la oposición venezolana en la pasada consulta popular del 16 de julio, contra la arbitraria constituyente de Maduro, es solo otra muestra que refleja el clamor de todo un pueblo por el retorno de la paz, la democracia, la libertad y la justicia. No obstante, más allá de los recursos retóricos, es hora de ir planteando eventuales soluciones para la transición democrática, ante la ansiada caída del régimen.

En primer término, debemos tener presente que la oposición venezolana ha tenido serias dificultades para su articulación, lo cual fue aprovechado por Hugo Chávez en su momento y, posteriormente, por Maduro para consolidar un aparataje que logró extender sus tentáculos en todo el entramado institucional y social venezolano. Dificultades que quizás a simple vista no sean tan evidentes dada la unión que mantienen hoy contra el régimen, pero que una vez deje de existir este, pueden afectar la transición y consolidación democrática.

De tal manera, resulta imprescindible que distintos actores internacionales, entre los que se encuentran los Gobiernos del área, especialmente con la OEA como marco de acción y el apoyo de organismos como el Club de Madrid y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, tengan como inmediata prioridad la celebración de mesas de negociación con los actores políticos venezolanos para definir las pautas que acompañen esta transición.

Modelos. En la historia, encontramos ejemplos de cómo hacerlo de manera ordenada como son los casos de España, Argentina y especialmente Chile. No debe perderse la perspectiva, a fin de cuentas lo que realmente interesa es la seguridad, estabilidad y desarrollo del pueblo venezolano.

Elementos que pueden ser rescatados están por ejemplo la propuesta de Adolfo Suárez en España para poner en marcha una estrategia de reforma pactada “paso de ley a ley”, de las leyes del franquismo a las democráticas. Además, el ejemplo de justicia transicional argentina a partir de 1983 para el juzgamiento para funcionarios civiles o militares acusados de graves violaciones a los derechos humanos.

Mientras que, del caso chileno, adaptar el ejemplo de reformas constitucionales y legales para reformar la institucionalidad nacional, pero afectando lo menos posible su funcionamiento, la creación de la Comisión Verdad y Reconciliación, establecida en 1990 por Patricio Aylwin y, especialmente, la capacidad de agruparse sin distingo ideológico y sin afectaciones de la estructura interna de los partidos políticos democráticos que se agruparon en la “Concertación” donde actuaban en bloque los partidos socialista, demócratacristiano, radical y el socialdemócrata, frente a los partidos afines a Pinochet y la clase político-económica que le respaldaba.

Si bien Venezuela debe volver pronto a la democracia, este proceso debe ser ordenado y acompañado de garantías legales internacionalmente reconocidas para que la democracia, el desarrollo y la estabilidad encuentren un cauce idóneo para su consolidación y no la creación de un vacío de poder o una situación de incertidumbre que profundice la crisis y termine de afectar a la ya debilitada población civil.

El autor es politólogo.