20 abril, 2014

Deseo referirme al comentario de don Édgar Ayales, ministro de Hacienda, el cual fue publicado en este mismo medio el pasado 9 de marzo.

Don Édgar no desmiente un solo dato de los que aporté . Con esto, reconoce que el superávit fiscal se dio durante los años 2007 y 2008, de la administración Arias, en la cual fui el ministro de Hacienda, y no en otros Gobiernos, como algunos mal informados han dicho. Que la suma de los resultados fiscales de los cuatro años de la administración Arias da un acumulado de -3,69 y que la suma de los cuatro años de la administración Chinchilla da un acumulado de -19,02. Un enorme contraste.

Dice don Édgar que yo induzco al lector a error, “al dar a entender que fueron las decisiones de la administración Chinchilla que llevaron al país a alcanzar un déficit financiero mayor en estos últimos tres años”. Más bien, quien induce error es don Édgar, al evadir responsabilidades. El periodo constitucional es por cuatro años. Solo en este país, se ha querido extender nuestro periodo a cinco años y más. Esta Administración ha gobernado el país en los últimos cuatro años, y es la responsable de la política hacendaria y económica. Desde que dejé el Ministerio de Hacienda, hace más de cuatro años, dejé de tener injerencia en las decisiones de dicho Ministerio. Los resultados del 2010 son responsabilidad de esta Administración y, cuando en diciembre del 2014 revisemos los resultados, se los adjudicaremos al nuevo Gobierno. El nuevo Gobierno tendrá la posibilidad de enviar a la Asamblea, el mismo 9 de mayo, un presupuesto extraordinario para modificar el presupuesto que don Édgar les dejó. Por eso, les pediremos cuentas a ellos.

Decisiones del 2010. Afirmé que, en el último trimestre del 2010, el Ministerio de Hacienda autorizó gastos adicionales por un monto cercano al 1% del PIB, y eso fue directamente a ensanchar el déficit, que les cerró en -5,14% del PIB. Se registró como gasto y quedó en cuentas de caja única. No se me achaque a mí, pues ya no era ministro.

De la Memoria Anual de la Contraloría del 2010 cito: “Se observa un crecimiento muy pronunciado en el saldo de la caja única en colones al 31 de diciembre del 2010 (93,3% mayor que en el 2009), el cual contrasta con el modesto crecimiento experimentado en el 2009 (8,2% respecto al 2008). Al respecto, explica la Tesorería Nacional que una buena parte de este crecimiento obedece a la gran cantidad de recursos de transferencias incluidos en el último presupuesto extraordinario, que se ejecutaron y se acreditaron en la caja única al final del periodo presupuestario”. La Tesorería confirma mi argumento.

Si a esta decisión de aumentar el gasto se le suma la posición de la señora presidenta de no pedir durante la precampaña, la campaña y en el año 2010 una reforma, entendemos el déficit que tuvieron. Es una decisión política, que es de su entera responsabilidad. No me cargue eso a mí, que sí se lo advertí. De haberse actuado de manera distinta, posiblemente estaríamos contando otra historia.

Política social. Don Édgar me acusa, una vez más, de ser el responsable de lo que hoy vive el país en materia hacendaria, por la política social que impulsamos. Y lo más grave, desde el punto de vista conceptual, privilegia el origen de los males hacendarios a esta política, incluyendo la política salarial. Se convierte así en la cabeza de las posiciones más conservadoras del pensamiento económico. Hasta el FMI cambió de postura durante la crisis. En esto no lo puedo acompañar. Jamás haría caer el ajuste de la crisis en los trabajadores. Ni lo hice en el pasado, ni lo hago hoy. Además, atribuir los males fiscales a los salarios es una conclusión simplista, poco rigurosa y sesgada.

Cito: “La crisis hizo necesario incrementar el gasto público precisamente para contrarrestar la contracción de la demanda privada. Se hizo también un esfuerzo especial para mantener el gasto social, particularmente necesario durante una crisis. La expansión del gasto social que precedió a la crisis y la defensa de ese gasto social, una vez que aquella se inició, fueron factores claves para amortiguar su efecto sobre los sectores de menores ingresos. La expansión del gasto público, de manera más general, fue determinante para que los efectos de la crisis fuesen, en nuestro país, relativamente moderados… a) existía una considerable brecha entre los salarios para profesionales en el Gobierno Central y entidades públicas descentralizadas, que era necesario reducir; b) era imperativo ajustar los salarios de los docentes, que no estaban siendo remunerados de manera congruente con su preparación y con las responsabilidades de su puesto; c) era necesario incrementar el personal de ciertas áreas claves del Gobierno, particularmente en seguridad y educación.

“Afortunadamente y gracias a la prudencia de la política fiscal implementada durante los años previos a las crisis... el país enfrentó esta crisis con los recursos y un margen de maniobra suficiente para amortiguar sus efectos”. (Tomado de la Exposición de Motivos, Proyecto Ley de Solidaridad Tributaria, expediente 17.959, firmado por la señora presidenta en la Casa Presidencial el 17 de enero del 2011).

¡Más claro no canta un gallo!

Esfuerzos. No minimizo los esfuerzos que hayan hecho. Sé lo que es estar en esa silla. No les resto méritos. Pero no fue suficiente: ustedes dejan un acumulado de resultados fiscales de -19,2 en los cuatro años, una deuda pública total del 55% respecto al PIB, cerca de 12 puntos arriba de lo que les entregamos, y una amenaza de ajuste a la baja en la calificación de riesgo a la deuda soberana, que, de concretarse, tendría efectos fatales. Y, además, un documento, “cuyo propósito es servir de base para el diálogo…”, sin acuerdos políticos ni proyectos de ley conocidos.