Los milagros no se explican gráficamente, los tenemos por fe todos los días

 2 mayo

El domingo 9 de abril Mario Madrigal publicó un artículo de gran burla para los católicos. Lo inicia refiriéndose a médicos eminentes conocidos por él, quienes le han comentado cuán desgastante es tener casos de enfermos graves, pues si no logran curarlos, los hacen culpables, pero si lo consiguen, el paciente le da el mérito a cierta virgen de moda en esos momentos.

Conozco médicos eminentes cuya ayuda a los enfermos y el amor a su profesión los ha llevado a ejercer con un fin único de salvar vidas. Considero malo culpar al médico, como igual de malo es sentir que se les restan méritos porque el paciente le da primero gracias a Dios o a la Virgen.

Todos hemos visto a uno de nuestros seres queridos no responder a los medicamentos o a alguna operación, y, pasando la dura prueba, los vemos morir y aceptar la voluntad de Dios, e incluso muchos han dado gracias a los médicos públicamente por sus esfuerzos a pesar de no obtener el resultado deseado, que, de haber sido lo contrario, sus exclamaciones habrían sido de agradecimiento a Dios, primero, y, muy probablemente, a nuestra madre del cielo, más si se tratara de un caso de vida o muerte.

Respeto a la Virgen. Madrigal ignora por completo que en nosotros los católicos no existen “vírgenes de varias clases”, ni mucho menos alguna que esté de moda. Antes de escribir algo tan absurdo, debió investigar primero por qué se le han dado varios nombres a la Virgen.

Toca el tema de nuestros jugadores de fútbol, como chota, cuando en tiempos atrás jugaban un partido contra México y llevaban una imagen de nuestra Virgencita de los Ángeles, a la que le enfrentaban los mexicanos con la Virgen de Guadalupe, comentario repugnante que los deja como personas ignorantes, pues, según él, iban a creer, dependiendo de quién ganara, que “una virgen pudo más que la otra”.

Muy triste es ver su afán por borrar a Dios de todo lado, de hacer burla a los católicos porque amamos y creemos fielmente en la madre de Dios, de querer sofocar la fe y buscar lógica a todas las cosas.

Comenta también que durante los problemas revolucionarios en Centroamérica un obispo aconsejó a sus fieles pedirle a la Virgen su intercesión ante su hijo para que hubiera menos muertos en las luchas políticas de su tiempo. A la milla se nota la mala intención, atacando al obispo y nuestra fe.

También nombra a Luis Buñuel, quien siendo niño fue monaguillo escuchó al sacerdote que ayudaba decir que mucha gente tenía fe en la Virgen de Lourdes, pero esta no era tan milagrosa como la Virgen del Carmen, y esto produjo el abandono del templo por parte de los franceses furiosos quienes estaban en la iglesia.

No tengo idea de cuándo se dio este hecho, qué pena no poder preguntarle a Luis, pues ya murió, si fue cierto o fue un sueño de niño. Da la impresión de que si este acontecimiento fue real, se produjo en Francia, al decir que los franceses abandonaron la iglesia.

Estuve en Francia mucho tiempo y asistí con frecuencia a la misa, y siempre me llamó la atención observar que todas las personas eran adultas mayores y la devoción tanto de ellas como la del sacerdote era de gran fervor. No imagino a un sacerdote decir algo tan ilógico, mucho menos a los franceses furiosos huyendo de la iglesia.

Milagros reales. Continúa escribiendo que un amigo explica gráficamente los milagros poniendo de ejemplo que si de una azotea cae una maceta y mata a una persona, es visto como un accidente, pero si por unos segundos antes la maceta cae sin causar daño, se ve como un milagro.

Los milagros no se explican gráficamente, los tenemos por fe todos los días. El solo hecho de asistir a una misa, donde el sacerdote tiene la potestad de convertir el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Jesucristo, en el nacimiento de un niño, en el amanecer y anochecer... en fin, todo lo creado por Dios, que por verlo todos los días como algo “común y corriente” ya no se le da importancia, pero basta y sobra para creer en un Dios que existe y una Virgen única y madre de Dios.

Ellos nos protegen, necesitamos de su ayuda para sobrevivir en este mundo tan convulsionado que pide misericordia y piedad.

Don Mario, sus creencias se le respetan, pero respete las de nosotros los católicos y no sea cómplice de luchar por robar la fe con sus escritos. Hay miles de temas de mucha importancia para escribir, sin criticar la fe que tenemos a Dios y a la Virgencita.