Opinión

Hay que replantearla ‘Fortaleza Europa’

Actualizado el 16 de febrero de 2015 a las 12:00 am

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Hay que replantearla ‘Fortaleza Europa’

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LONDRES – Algo huele mal en el debate de la Unión Europea (UE) acerca de la migración. Los líderes políticos del continente, paralizados por el auge del populismo antiinmigración, están dando la espalda a personas en situación de enorme vulnerabilidad que huyen de la guerra, las violaciones a los derechos humanos y el colapso económico.

En ningún lugar es más visible el costo humano de las políticas europeas que en el mar Mediterráneo. Las aguas entre Europa y África son la ruta de migración con más muertes del mundo. Se estima que alrededor de 300.000 personas hicieron la travesía en el 2014, más del doble que en el 2013. Unas 3.000 murieron por ahogamiento, hambre, asfixia, o exposición al frío o al calor.

La mayoría de los migrantes salieron de Libia, que se ha convertido en el centro de una industria multimillonaria de trata de personas. Hasta hace poco, la mayoría de los migrantes que partían hacia Italia lo hacían en embarcaciones pequeñas. Pero, en una nueva vuelta de tuerca, a principios de este año las autoridades italianas rescataron a cientos de migrantes, entre quienes había mujeres embarazadas y decenas de niños, a bordo de un viejo buque carguero. La tripulación había abandonado el barco.

Dada su proximidad a la terrible guerra civil en Siria y a países que sufren una extrema pobreza, abusos a los derechos humanos, y Estados y economías débiles o colapsadas, inevitablemente la UE es un imán para inmigrantes y solicitantes de asilo. Es por eso que necesita una política migratoria que refleje los valores sobre los que se ha fundado. Por desgracia, el respeto a la vida humana ha pasado a segundo plano ante los cálculos políticos.

Consideremos el enfoque europeo a las operaciones de búsqueda y rescate. En noviembre pasado, Italia suspendió su operación de rescate “Mare Nostrum” (que se iniciara en el 2013, después de que más de 300 migrantes murieran ahogados en las costas de la isla de Lampedusa), debido a que otros Estados miembros de la UE se negaron a compartir los costos de 9 millones de euros (o $10,6 millones) mensuales. En su lugar, Frontex, la agencia de fronteras de la UE, ha comenzado una misión costera limitada, llamada “Operación Tritón”.

¿Por qué esta renuencia a ayudar a financiar el costo de las operaciones de rescate humanitario? Ministros de alto nivel del Reino Unido y otros países del norte de Europa han argumentado, basándose en poco más que nociones de economía conductista de salón, que “Mare Nostrum” animaba a que más migrantes intentaran hacer la peligrosa travesía marítima. En otras palabras, dejar que niños se ahoguen en el mar es una medida disuasoria legítima. De vuelta en el mundo real, la desesperación y las aspiraciones que impulsan a estas personas a huir superan los riesgos que implica el cruce, y esto significa que el cierre de “Mare Nostrum” no reducirá en nada la cantidad de personas que lo intenten.

Pero el debate europeo sobre la migración es tan tóxico que rara vez se habla de las fuerzas que en realidad la impulsan. Según Frontex, cerca de una cuarta parte de los migrantes que cruzaron el Mediterráneo en el 2014 eran familias sirias que huían de la guerra civil en su país. Otra cuarta parte eran jóvenes eritreos que escapaban de un país que impone el servicio militar indefinido a los disidentes. Muchos otros procedían de países pobres y propensos a la violencia, como Palestina, Somalia, Sudán, Malí y Nigeria.

Frente a una crisis humanitaria en el Mediterráneo, la UE ha respondido tratando de construir una fortaleza. Se ha invertido mucho en una frontera cercada entre Turquía y Grecia. Amnistía Internacional ha documentado la práctica generalizada de hacer retroceder con empujones a los migrantes y refugiados que intentan cruzar en Grecia y Bulgaria, lo cual viola el derecho internacional.

Sin embargo, en lugar de reducir el flujo humano, la fortaleza simplemente lo ha recanalizado, obligando a inmigrantes y refugiados a intentar peligrosas travesías por mar, incluso si hay menos operaciones de búsqueda y rescate. Los únicos beneficiarios son los traficantes de personas que cobran a los refugiados sirios unos 6.000 euros por un riesgoso espacio en un barco o carguero.

Las iniciativas de la UE para desarrollar un enfoque coherente a la crisis han bordeado la farsa. Lo que impulsa a migrar a Europa es un complejo conjunto de fuerzas, que van desde los conflictos y la persecución política a la pobreza y las presiones económicas. La respuesta institucional de Europa es ver toda la migración como un asunto de gestión de fronteras. Apenas se consulta a los distintos departamentos de la Comisión Europea (en particular, los que se centran en el desarrollo). Mientras tanto, el mosaico de políticas nacionales de asilo y migración hace imposible diseñar un marco coherente. Este reto se reflejó en la reciente declaración de los ministros de Exteriores de la UE en materia de migración, tan vaga que resultaba muy difícil darle alguna interpretación práctica.

El aumento de las fuerzas políticas populistas dificulta todavía más la corrección de estas insuficiencias. La intención de voto al Frente Nacional en Francia, el Partido por la Independencia del Reino Unido y los partidos antiinmigración de extrema derecha se ha elevado, cortando en seco la posibilidad de un debate público informado sobre un complejo problema de políticas que no tiene respuestas fáciles.

Europa necesita desesperadamente un diálogo maduro y basado en hechos en torno a la migración. Los estrictos controles fronterizos nunca podrán ser más de una parte de la solución a este reto. Es probable que las crisis en Siria, Irak y partes del África subsahariana generen aún más desplazamientos. No se podrá abordar la migración, que, casi con total seguridad, se producirá, elevando meramente vallas o aumentando la vigilancia y el patrullaje policial.

En lugar de eso y apoyándose en los valores fundacionales de la UE, los Estados miembros deberían cofinanciar una operación de búsqueda y rescate que siga las líneas generales de “Mare Nostrum”, además de fortalecer sus medidas para proteger los derechos de los refugiados y compartir la carga de la concesión de asilo. El año pasado, Alemania, Francia, el Reino Unido y Suecia concentraron un 70% de las peticiones de refugio aceptadas. Otros países miembros tienen que hacer más, especialmente España.

También se necesitan respuestas más amplias. Por ejemplo, la adopción de un enfoque más coherente y generoso hacia la concesión de visas de trabajo temporales beneficiaría tanto a los migrantes como a los europeos. Y los Estados miembros de la UE podrían destinar parte de sus presupuestos de ayuda a brindar más apoyo a los refugiados sirios que viven en circunstancias extremas en los países vecinos.

La lección de la crisis migratoria en el Mediterráneo es clara: la “Fortaleza Europa” no está funcionando. La UE debe elaborar un nuevo enfoque y, cuando lo haga, sus propios valores serán la mejor guía.

Kevin Watkins es director ejecutivo del Instituto de Desarrollo en el Exterior (Overseas Development Institute, ODI), un importante centro de estudios británico sobre temas humanitarios y de desarrollo internacional. © Project Syndicate.

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