Opinión

Un remedio que no cura la enfermedad

Actualizado el 24 de abril de 2013 a las 12:00 am

La rescisión del contrato de concesión apaga el fuego, pero no resuelve el problema

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La esperada e inevitable decisión fue tomada y evitó, al menos, que el fuego latente consumiera la paz social y el orden público.

No se cuestiona que la rescisión del contrato de concesión fue, al menos, una medida razonable y congruente frente a las múltiples disconformidades planteadas por diversos sectores de la población.

No obstante, el trasfondo en el discurso presidencial deja serias dudas y sinsabores respecto a varios temas. Por el poco espacio disponible, me referiré a tan solo uno de esos aspectos, y es el futuro de las obras de ampliación de la carretera San José-San Ramón.

De una forma sutil, la señora presidenta de la República advirtió que el retomar el proyecto de ampliación de esa carretera implicará “varios años”. No hay que ser muy diestro para entender que, al menos lo que queda de la actual administración, muy poco o nada se podrá hacer para impulsar tan importante y necesitado proyecto de obra pública.

Por supuesto que los habitantes y, especialmente, los dirigentes del Foro de Occidente, saben que la noticia de la rescisión del contrato de concesión iba a traer como consecuencia un efecto negativo para sus intereses respecto a la ejecución de dicha obra pública.

Las necesidades imperantes, por las condiciones actuales de la carretera, son más que palpables y el gobierno ha mandado una señal de que las gestiones para retomar el proyecto en cuestión importará más tiempo del que le queda, con lo que las esperanzas de que la carretera diera sus primeros pasos de renovación al quedado, prácticamente, sepultadas.

Extraña mucho que la decisión de la presidenta no viniera acompañada de un llamado al diálogo conjunto para establecer un plan de acción a corto o mediano plazo, pero también es lo cierto que los antecedentes que mediaron la rescisión del contrato no permitieron un ambiente adecuado para que las intenciones proactivas –tanto del gobierno como de los opositores– abrieran la puerta de una solución integral al problema existente.

Ahora los habitantes de occidente se han empoderado con la medida adoptada, pero deben ser muy estratégicos, prudentes y sutiles para lograr un cambio de parecer en las esferas del Gobierno, a efectos de obtener una solución pronta que satisfaga las enormes necesidades que enfrentan con la obsoleta carretera.

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Con todo, ahora no se trata solo de demandar inflexiblemente, sino de invocar al diálogo y ofrecer, esencialmente, propuestas claras, concretas y ejecutables.

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