Opinión

Las relaciones con Nicaragua y la situación en Venezuela

Actualizado el 04 de marzo de 2014 a las 12:00 am

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Las relaciones con Nicaragua y la situación en Venezuela

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Con ocasión de la visita que he realizado al señor Canciller de la República, Dr. Enrique Castillo, he considerado oportuno definir con claridad mi posición ante el país sobre los fundamentos de la política exterior que, a mi juicio, deben constituir materia inalterable para Costa Rica y, a la vez, sobre los dos temas más urgentes de la agenda diplomática nacional, en el presente: la relaciones con Nicaragua y la situación en Venezuela.

Si los costarricenses me eligen presidente de la República, el próximo 6 de abril, la política exterior de Costa Rica, en mi futura administración, se fundamentará en los dos pilares esenciales de nuestra diplomacia: la defensa del sistema democrático de organización política y la lucha incansable por la defensa y la promoción de los derechos humanos. A la vez, nuestra política exterior debe servir al desarrollo de los intereses económicos y comerciales de nuestro país, en un mundo globalizado e interdependiente.

En absoluto, como ha sido demostrado por nuestra tradición diplomática, estos principios se contradicen con el respeto a la libre autodeterminación de los pueblos, aunque podamos no compartir el sistema de organización política de otros Estados. La defensa de estos principios fundamentales y el equilibrio realista y pragmático con este último, han fundamentado la política exterior de Costa Rica, desde que en el gobierno de don José Figueres Ferrer se establecieron relaciones diplomáticas y comerciales con la extinta Unión Soviética y, posteriormente, en el gobierno de don Oscar Arias con la República Popular China, a la vez que se restablecieron relaciones con Cuba.

En este contexto de principios, defino mis posiciones sobre el conflicto con Nicaragua y sobre la situación actual de Venezuela:

Nicaragua. Apoyamos de una forma decidida la posición patriótica de la Administración Chinchilla Miranda y la defensa de los intereses territoriales legítimos e históricos de Costa Rica, brillantemente defendidos ante la Corte Internacional de Justicia. Es un acierto, igualmente, que se someta a La Haya la demarcación de los límites marítimos definitivos con Nicaragua. A la vez y paralelamente, consideramos indispensable mantener abierta y activa nuestra sede diplomática y consular en ese hermano país, dada la importancia e intensidad de nuestras relaciones humanas, comerciales y de desarrollo común entre ambos países hermanos y fronterizos. Como en alguna oportunidad dijo acertadamente un diplomático costarricense, Costa Rica y Nicaragua, más allá de sus diferencias históricas de siempre, constituyen “un matrimonio de la geografía y la historia que no admite divorcio”.

Por ello, no compartimos la posición de mi contendor, el Lic. Luis Guillermo Solís, exfuncionario del Ministerio de Relaciones Exteriores en dos administraciones del Partido Liberación Nacional, de prácticamente cortar relaciones con Nicaragua y de no invitar, a una supuesta toma de posesión, al Presidente de ese país el señor Daniel Ortega. A nuestra toma de posesión, el próximo 8 de mayo, como corresponde y es lo pertinente, invitaremos a todos los jefes de Estado de Centroamérica y con gusto los recibiremos en nuestra casa que es Costa Rica. Con la política exterior de nuestro país no se debe hacer demagogia populista para intentar ganar algunos votos.

Venezuela. En este hermano país, al que igualmente nos ligan estrechos lazos históricos, humanos y relaciones económicas importantes por el petróleo, se vive en la actualidad una situación de violación sistemática y constante de los derechos Humanos y la configuración de un cuadro real de “terrorismo de Estado”.

No es suficiente que existan elecciones libres y democráticas. En la visión más profunda del sistema democrático, es aún más importante que se gobierne en democracia y que los gobernantes respeten los derechos individuales y las garantías fundamentales de sus ciudadanos.

En Venezuela, como consta en múltiples informes internacionales, desde la época del presidente Chávez, no existe libertad ni independencia entre los Poderes del Estado. El gobierno del presidente Maduro, en la actualidad, ha violentado hasta límites intolerables e inaceptables para cualquier conciencia democrática, los derechos humanos fundamentales del pueblo y la oposición democrática venezolana, a la vez que se ha impuesto una política sistemática de eliminación de la libertad de prensa, sin la cual no es posible la existencia de un régimen democrático. Todos esos hechos son censurables.

Por esto, y consciente de esta realidad, le he solicitado al señor canciller de la República que nuestra embajadora en Caracas, visite con regularidad la prisión militar en donde se encuentra detenido Leopoldo López, como acto de solidaridad y garantía de que sus derechos civiles y constitucionales están siendo respetados por el Gobierno de Venezuela. De la misma forma se debe proceder con otros presos políticos que, según informa la prensa, podrían haber sido sometidos a tortura y otros tratos degradantes y censurables.

En el caso de Venezuela, lo que corresponde, por ser acorde y consecuente con los principios históricos de nuestra política internacional, es una posición proactiva y no complaciente frente a la realidad actual en ese país. No importa que Costa Rica, por un año, esté ejerciendo la Presidencia de la CELAC. Todo lo contrario. El ejemplo de nuestro país, debe ser seguido por otros países de Latinoamérica, como una forma legítima de presión internacional al gobierno del Presidente Maduro y un acto de principios y de solidaridad con el hermano pueblo de Venezuela que vive una de las más oscuras etapas de su historia. La solidaridad de nuestro país y de nuestro pueblo con la causa de la democracia en Venezuela, tiene profundas raíces en la historia nacional. Una vez más, debemos asumir esa actitud firme y consecuente.

Johnny Araya Monge, candidato a la Presidencia de la República, Partido Liberación Nacional.

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