El rechazo que sufrió el PLN en las pasadas elecciones tuvo que ver con aspectos éticos

 3 septiembre, 2016

Los actuales dirigentes del Partido Liberación Nacional (PLN), lanzando las campanas al vuelo, afirmaron que los resultados de las pasadas elecciones municipales fueron un gran éxito y una demostración fehaciente de la recuperación y fortaleza del partido, lo que les garantiza, según ellos, un halagüeño futuro electoral.

Además, exhiben un desmesurado y prematuro optimismo al dar por seguro un triunfo en los próximos comicios, basados también en la decepción que la mayoría de los costarricenses manifiesta con el gobierno del Partido Acción Ciudadana (PAC), al que se le atribuye ausencia de rumbo, un equipo incompetente e incongruencia entre lo que se dijo y lo que se hace.

Pareciera, así, que para los jerarcas liberacionistas el aparatoso y vergonzoso fracaso del 2014 fue tan solo un pequeño tropiezo, un accidente sin mayor trascendencia, solamente una derrota igual a otras sufridas anteriormente por la agrupación y de las que pronto se recuperó.

Lectura particular. Esa superficial y alegre lectura de los resultados de los comicios municipales, así como la candorosa confianza en que los desaciertos del PAC en la gestión del gobierno les permitirá recuperar el caudal electoral perdido y la equivocada comprensión de lo sucedido en las pasadas elecciones presidenciales, pueden ser factores que confundan a los dirigentes verdiblancos y que conduzcan al partido a un nuevo fiasco en el 2018, del que muy difícilmente podría recuperarse.

Los resultados de las elecciones cantonales para elegir las autoridades municipales de esas 81 jurisdicciones territoriales no permiten aseverar, como lo han hecho los más altos personeros liberacionistas, que la crisis producida por la debacle del 2014 ya fue superada, porque –aunque los calificaran alegremente de exitosos– lo cierto es que en esa ocasión Liberación Nacional obtuvo diez alcaldías menos que en el 2010. Asimismo, por ser procesos totalmente diferentes, no comparables entre sí, esos resultados no son válidos, como creen algunos, para vaticinar un triunfo en las próximas elecciones nacionales.

Por otro lado, suponer que el fracaso del gobierno del PAC repercutirá directamente en su beneficio y que les garantiza el triunfo en el 2018, es imprudente y aventurado, pues a la actual administración le quedan todavía casi dos años en los que su desempeño podría mejorar y si, además, logra aprobar las reformas fiscales en este año, podría no solo mantener la estabilidad de la economía, favorecida hasta ahora por circunstancias exógenas, sino contar con mayores recursos para invertir en obra pública y en proyectos sociales.

También, la opinión de los ciudadanos podría ser más benévola con la actual administración si esta termina el período gubernamental sin grandes escándalos de corrupción.

Lealtad debilitada. De todas maneras, aunque el descalabro del actual gobierno indudablemente le restaría posibilidades al PAC para el 2018, esa circunstancia no necesariamente favorecería al PLN, porque la mayoría del electorado, cuyo comportamiento cada día es más voluble y por lo tanto impredecible, podría optar por alguna otra alternativa, máxime que la lealtad partidaria se ha debilitado y actualmente se vota más por las cualidades de los candidatos que por los partidos.

La dirigencia liberacionista debe entender y tener en cuenta que el abrumador rechazo que sufrió el partido en las pasadas elecciones presidenciales no tuvo que ver tanto con temas ideológicos o programáticos, sino con aspectos éticos y morales, con la pérdida de credibilidad de sus dirigentes, con la percepción de la gente, sobredimensionada e injusta, de que la corrupción está generalizada e institucionalizada en su seno.

Desde esta perspectiva, se puede afirmar que para que Liberación Nacional recupere la confianza y el apoyo mayoritario de los costarricenses, la elección de su próximo candidato presidencial será un acontecimiento crucial, una decisión capital, razón por la que sus partidarios deben tener en cuenta que si bien la capacidad, la trayectoria y la experiencia son cualidades importantes que valorar, la transparencia y el apego a los más elevados parámetros éticos y morales son características esenciales y determinantes que se le debe exigir a quien enarbole su bandera.

Eje del debate. Por lo tanto, es conveniente –con el propósito de recobrar la credibilidad y la confianza en sus dirigentes– que la lucha que ya se ha iniciado por la candidatura presidencial en ese partido, con profusión de aspirantes, tenga como asunto primordial, como el eje de su debate, el tema de la reivindicación ética, de la lucha contra la corrupción en la función pública y el tráfico de influencias, de la indispensable probidad y la honorabilidad de los dirigentes políticos.

La reivindicación ética de Liberación Nacional es un desafío y una obligación perentoria para aquellos que anhelan liderarlo y conducirlo en su objetivo de lograr un triunfo en las próximas elecciones nacionales. Ojalá así lo comprendan.

El autor es exembajador ante la Santa Sede.