Opinión

El regreso de Bachelet

Actualizado el 17 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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El regreso de Bachelet

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El triunfo de la expresidenta Michelle Bachelet en las elecciones chilenas de este domingo (y su regreso a la Moneda) está asegurado. La única duda es si logrará superar el 50% de los votos para evitar una segunda vuelta presidencial y si logrará obtener mayoría propia en el Congreso.

Además de la elección de presidente, se renueva toda la Cámara de Diputados (120 miembros) y se escoge a 20 senadores de un total de 38 que tiene la Cámara Alta. Es en este escenario donde está teniendo lugar la madre de todas las batallas políticas.

Personalización de la política. La mayoría de los analistas coinciden en que la alta popularidad de la que goza Bachelet se debe principalmente a sus atributos personales y a su facilidad para conectar con la gente. Esta incipiente “personalización” de la política chilena se refleja en el hecho de que, mientras Bachelet marca respaldos en torno a 50%, su movimiento político Nueva Mayoría, que es la antigua Concertación (socialistas, democratacristianos y radicales socialdemócratas) y ahora también los comunistas, cuenta con niveles de aprobación por debajo de 25%.

Empero, Bachelet ha tenido la capacidad de alinear su propuesta de gobierno con las principales demandas sociales y políticas surgidas en los últimos años. En esencia, promete realizar tres grandes reformas: 1) educacional; 2) impositiva (para financiar los cambios en el sistema educacional, propone elevar los impuestos a las grandes empresas de 20% a 25% y eliminar un fondo impositivo que permite a las empresas posponer indefinidamente los impuestos sobre las ganancias, si estos se reinvierten), y 3) política, en la que figura cambiar el sistema electoral binominal y adoptar una nueva Constitución.

La crisis de la derecha. Gracias al triunfo de Sebastián Piñera, la centroderecha chilena logró llegar al poder en el 2010, por primera vez de manera democrática desde 1958. Sin embargo, la euforia de ese sector fue efímera. Después del exitoso rescate de los 33 mineros atrapados en Atacama, la popularidad de Piñera se derrumbó debido a una combinación de factores, entre ellos: la débil gestión política (su primer gabinete estaba conformado casi exclusivamente por personas provenientes del mundo de la empresa privada), la incapacidad de manejar las fuertes tensiones dentro de su alianza política (la derechista Unión Democrática Independiente, UDI, lo acusaba de gobernar con las ideas de la Concertación, no con las de la derecha), y la irrupción de las protestas sociales en el 2011, encabezadas por el movimiento estudiantil, que logró derribar a tres ministros de Educación en dos años.

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Esta desolación dentro de la derecha, no obstante el muy buen desempeño económico del Gobierno, se vio confirmada por un proceso de primarias para escoger al candidato presidencial del sector que, tras numerosas rencillas y zancadillas, terminó con cero postulantes presidenciables. La actual candidata oficialista es la exministra Evelyn Matthei, que fue designada apresuradamente por los partidos oficialistas después de que el ganador de las primarias (Pablo Longueira) renunciara debido a una fuerte depresión.

En parte, este escenario abrió la puerta para que un candidato independiente de derecha, el economista y profesor universitario Enrique Parisi, lograra insertarse en la carrera presidencial (está en tercer lugar en las encuestas), fortaleciendo la personalización de la política y dispersando aún más los votos de la derecha.

Éxito económico y demandas ciudadanas. En los últimos años, pese al fuerte crecimiento económico experimentado por su economía y la importante reducción de la pobreza, Chile ha vivido una fuerte irrupción de demandas sociales (“la insatisfacción del progreso”), que van desde el tema educacional hasta cuestiones medioambientales, salud, vivienda, energía y descentralización. Asimismo, se ha fortalecido la exigencia de varios grupos y partidos de izquierda de llamar a una Asamblea Constituyente para reemplazar la Constitución adoptada bajo Pinochet en 1980.

Desde finales de los años ochenta el país no experimentaba movimientos sociales tan activos. La proliferación de candidatos presidenciales (nueve en total) lo evidencia, ya que varios representan una o más de estas demandas. Al mismo tiempo, el debate también se ha instalado con fuerza en torno al modelo económico y político del país, todavía marcado profundamente por las reformas privatizadoras y el diseño constitucional realizados durante la dictadura de Pinochet. En distintos grados, casi todas las candidaturas proponen cambios al “modelo chileno”.

Sin embargo, este creciente activismo contrasta fuertemente con un desencanto cada vez mayor con la política. Las señales de alarma se activaron en las elecciones municipales de octubre del 2012. Se trataba de la primera votación bajo el esquema de inscripción automática de los electores y voto voluntario (antes la inscripción era voluntaria y el voto obligatorio), y la participación electoral fue bajísima: apenas por arriba de 40%. Por todo ello existe incertidumbre (y preocupación) acerca de cuál será el nivel de participación en las elecciones de este domingo.

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Mi opinión: La victoria de Bachelet es un hecho consumado, sea en primera o en segunda vuelta. La gran incertidumbre es si la candidata de centroizquierda logrará también una mayoría legislativa sustantiva que le permita ejecutar su ambicioso programa. No obstante la difícil situación de la centroderecha, es probable que (a menos que sufra una fuerte debacle) el sistema electoral binominal permita a este sector político retener suficientes escaños en el Congreso como para evitar que la candidata de Nueva Mayoría obtenga control absoluto del Congreso.

Con este triunfo, la centroizquierda, de la mano de Bachelet, regresa a la Moneda luego de estar fuera del Gobierno solo cuatro años, un fenómeno similar al regreso del PRI en México y al del Partido Colorado en el Paraguay. Pero, con seguridad, su segundo mandato será diferente a su primera presidencia (2006-2010). Bachelet hará un gobierno más de izquierda. Lo que aún no está claro es cuán de izquierda será.

Debido a que varias de las reformas que ella propone exigen altas mayorías legislativas, y que estas reformas son fuertemente resistidas por la derecha, se vislumbra que los próximos años no serán un fácil retorno a la Moneda para la centroizquierda. De hecho, los movimientos estudiantiles ya han anunciado que en el 2014 saldrán nuevamente a las calles a protestar…, aunque la popular socialista gane las elecciones.

Bachelet es consciente de este importante desafío. Hace pocas semanas expresó: “Chile cambió y se va a hacer más difícil gobernar para cualquier presidente. [...] Si no somos capaces de hacer los cambios y la gente empieza a tomar las calles, no va a ser responsabilidad de una presidenta, sino de un sistema político incapaz de responder a los desafíos de Chile”.

Daniel Zovatto, director regional, IDEA internacional para América Latina y el Caribe.

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