Opinión

La reforma institucional del Dr. Ortiz Guier

Actualizado el 04 de mayo de 2013 a las 12:00 am

El método del Dr. Ortiz podría aplicarse al ámbito de la política social

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Acongojados por el entrabamiento creciente de la Administración Pública, han surgido propuestas ciudadanas para reformar el aparato público y adecuarlo a los tiempos que vivimos. Me parecen muy loables estas iniciativas procedentes de diversos sectores sociales y políticos. El país necesita pensamiento creativo e innovación urgente en este campo. No obstante lo elaborado de algunas de estas propuestas, me parece que se ha dejado de lado, inexplicablemente, el análisis de una de las mejores prácticas nacionales, como la del Hospital sin Paredes marcadoras de senderos exitosos indiscutibles.

La experiencia del Hospital sin Paredes, dirigido por el Dr. Ortiz Guier, se le conoce a nivel nacional e internacional por sus grandes éxitos en el campo de la salud preventiva al punto de que sirvió de referencia para la reforma del sector salud y la creación del sistema de Equipos Básicos de Atención Integral de Salud (Ebáis). Sin embargo, no se ha comprendido la trascendencia de los cambios institucionales generados en su práctica. Los Ebáis son creaciones administrativas que apenas lograron desconcentrar la salud, pero perdieron la esencia de participación y descentralización que tuvo el Hospital sin Paredes.

Veámoslo en forma sencilla: cuando nombraron al Dr. Ortiz director del hospital, este tenía un conjunto de médicos que no daban abasto en la curación de enfermedades prevenibles y los índices de mortalidad materno-infantil andaban por las nubes. Con la “eliminación de las paredes”, el Hospital dejó de ser este núcleo reducido de profesionales e incorporó a más de 30 comunidades organizadas en Comités de Salud, formó decenas de “enfermeritas” que trabajaron conjuntamente con el Comité de Salud local y con el apoyo de los médicos en la elaboración de los diagnósticos y planes de trabajo locales. Se hicieron acueductos, letrinas, caminos y organizaciones productivas y de servicios que cambiaron las condiciones sanitarias y económicas locales; se focalizó la atención médica en la atención oportuna en las comunidades de quienes lo necesitaban, los índices de mortalidad cayeron en picada.

En otras palabras, el hospital dejó de ser un ente tecno-burocrático, integrado solo por personal médico y pasó a ser, sin costos adicionales, un ente regional que integraba activamente a la población en el tema de la salud.

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¿Cómo se hizo este “milagro” que transforma y potencia la institucionalidad? Organizando y trasladando competencias a la comunidad. Esto implica dejar de lado la visión institucional tecnocrática, del profesional como único conocedor y ejecutor de los cambios y estimular la participación, trasladando competencias a las comunidades. Esta es la esencia del método masivo del Dr. Ortiz.

¿Se puede aplicar este principio en otras áreas de la gestión pública? Sí, especialmente en el ámbito de la política social, pero, como todo cambio cualitativo, debe hacerse en un proceso acumulativo para superar una fuerte resistencia al cambio desde las instancias de poder burocrático, acostumbradas a servirse y no a servir a la población.

Este es un tema que debe estar en la agenda de transformación institucional y republicana.

Invito a toda la comunidad pensante a opinar.

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