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El rector que la UCR necesita

Actualizado el 10 de abril de 2016 a las 12:00 am

La UCR necesita una persona menos interesada en figurar en Facebook

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La Universidad de Costa Rica (UCR), de cara a las próximas elecciones para la rectoría, necesita una persona que no tema a los intereses creados dentro de la misma institución, y que esté dispuesta a enfrentarlos, sin importar el costo político que eso tenga.

Necesita una persona que no tema asumir compromisos reales con el país y que esos compromisos puedan ser verificables por la sociedad costarricense, como el de que la UCR se compromete, en los próximos años, a graduar a los mejores profesores de segunda enseñanza en los distintos campos del conocimiento.

También necesita una persona que no tema enfrentar el desafío de aquellos que se proponen incrementar los espacios de poder para el sector administrativo, y de aquellos otros que, en vez de contribuir a la construcción del conocimiento o a la búsqueda de la verdad, se dedican a la reproducción y puesta en práctica de ideologías de diversa índole.

Igualmente necesita una persona que, sin importarle los eufemismos que actualmente dominan el medio académico, se atreva a llamar por su nombre a los que incurren en falsedades, a los que –por negligencia o insensatez– no les importa derrochar recursos públicos, a los que apenas cumplen con el mínimo indispensable en sus labores y a los que definitivamente no quieren trabajar.

Asimismo, se necesita una persona que, en vez de escudarse en el silencio administrativo y en la retórica de la transparencia institucional, responda a las consultas, cuestionamientos o reclamos que se le hacen de manera directa y fundamentada, que no tema tomar decisiones y que no ponga a otros a firmar en su nombre.

En fin, la UCR necesita una persona menos interesada en figurar en Facebook y más dispuesta a caminar por los campus universitarios, sola (como lo hacía Carlos Monge Alfaro), sin un séquito de asesores y con la genuina voluntad de encontrarse diariamente y cara a cara con la comunidad universitaria, no de rehuir ese encuentro.

La UCR no necesita un administrador que simplemente se dedique a gerenciarla y a sumarse a las corrientes de pensamiento actualmente predominantes, sino a una persona con visión y liderazgo, que no tema exponer sus principios ni enseñar sus banderas y que llegue a la rectoría a promover los cambios que la institución y el país demandan.

El autor es historiador.

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