Opinión

La realidad de las técnicas de reproducción asistida

Actualizado el 24 de agosto de 2012 a las 12:00 am

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La realidad de las técnicas de reproducción asistida

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El artículo del Dr. Alejandro Leal en LaNación del 2 de agosto sobre fertilización in vitro (FIV) (http://www.nacion.com/2012-08-02/Opinion/seres-humanos-invisibles.aspx) lamentablemente demuestra poco conocimiento sobre reproducción humana normal y sobre las base científicas y prácticas de los tratamientos modernos para la infertilidad.

En los últimos 50 años se ha demostrado que, bajo condiciones naturales de reproducción humana, la pérdida de óvulos fecundados y embriones en etapa temprana supera el 90% del total que se produce. Se calcula que la mitad de los embriones que llegan a implantarse en el útero de forma natural son anormales, pero la proporción de niños nacidos con alguna malformación es muy bajo, por lo que es de suponer que la mayoría de embriones implantados se pierden. Estas pérdidas ocurren en etapas muy tempranas, tal y como lo demuestran diversos estudios hormonales, por lo que la mayoría de mujeres no se dan cuenta de ello.

Las razones de este fenómeno se están dilucidando en los últimos años, demostrando que las tasas de fertilidad obtenidas de manera natural se asemejan a las obtenidas por técnicas de reproducción asistida (TRA), entre ellas la FIV.

Procedimientos modernos. Los procedimientos médicos actuales de TRA son muy diferentes a los primeros estudios de concepción asistida, por lo que una eventual nueva aplicación de esta tecnología en Costa Rica debería emular los mejores protocolos desarrollados en otras partes del mundo. Los distintos grupos de especialistas en Europa y Estados Unidos recomiendan que solamente un embrión deba ser transferido a la vez. En Bélgica esto es exigido por el Gobierno en todas las mujeres de 37 años o menos.

Esta práctica ha reducido dramáticamente la frecuencia de nacimientos múltiples, la aparición de bebés prematuros y sus problemas asociados, con lo que ha quitado presión sobre las unidades de cuidados neonatales. Ciertamente, la mejor forma de un embarazo es de un solo niño a término por vez.

Así, el congelamiento de embriones permite que los que no son transferidos puedan preservarse para un próximo procedimiento, sin necesidad de tratamientos hormonales adicionales, lo cual reduce el impacto físico en la mujer. Posteriormente, estos embriones pueden implantarse en el útero de la mujer, una vez recuperada del nacimiento, pérdida o fallo de tratamiento previo, cuando la paciente decida.

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La mayoría de centros que practican las TRA recomiendan realizar al menos 3 ciclos de tratamiento, sin contar las oportunidades adicionales por el uso de tecnologías de congelamiento. En el Reino Unido el centro independiente National Institute of Clinical Excellence ha recomendado que el tratamiento deba consistir de 3 ciclos de tratamiento. Desafortunadamente, en la mayoría de países, el costo de estos tratamientos debe ser asumido por los pacientes. La Organización Mundial de la Salud describe la infertilidad como una enfermedad, la cual requiere ser tratada como cualquier otra patología. De hecho un número creciente de países, entre ellos Dinamarca y Suecia, ofrecen apoyo económico para estos tratamientos; incluso en Holanda el apoyo incluye hasta 4 ciclos de tratamiento.

Recientes estudios han demostrado que la tasa de embarazo obtenido después de 3 ciclos de reproducción asistida es la misma que la que podría ocurrir con una fertilización de forma natural. Es probable que se olvide que la humana no es una especie altamente fértil, siendo en el mejor de los casos solamente un 20% de mujeres que quedan embarazadas de forma natural después de un ciclo de ovulación.

Muchos esfuerzos se han hecho para reducir el nivel de estimulación en los ciclos de tratamiento, de forma que ahora se entiende que esta reducción resulta en un menor número de óvulos pero de mejor calidad, lo cual es necesario para tener mejores posibilidades de un embarazo exitoso. Los avances tecnológicos han permitido monitorear en el laboratorio los óvulos fecundados, de forma tal que aquellos que se desarrollen bien puedan ser transferidos al útero o congelados para procedimientos futuros; esto implica que aquellos que no se han desarrollado de forma normal no deberían ser seleccionados. No es éticamente defendible el poder transferir embriones que no hayan tenido un desarrollo normal.

Injusticia. Los tratamientos modernos de infertilidad pueden incrementar la probabilidad de embarazo a aquellas personas que previamente no han podido ser tratadas. Es trágico saber que esas oportunidades no puedan ser ofrecidas a la población costarricense en su propio país y que estos pacientes se vean forzados a viajar para poder obtener tratamiento, lo cual restringe el tratamiento sólo a aquellas personas que tengan los recursos para pagarlo.

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Existen diversas iniciativas para ofrecer tratamiento más baratos y simplificados que permitan a un mayor número de personas poder acceder a estos procedimientos.

La Convención de Derechos Humanos describe el “derecho a fundar una familia”, en el cual no existe referencia alguna a rechazar técnicas médicas modernas como la FIV. Los grupos de medicina reproductiva rechazamos de forma tajante y uniforme el clonaje reproductivo por no ser éticamente justificable, pero no vemos restricción alguna en la concepción asistida, lo cual es demostrado por su amplia utilización en toda Latinoamérica

Se estima que los problemas de infertilidad afectan a más del 10% de la población global. El principio kantiano de que el fin no justifica los medios no puede ser argumentado en esta discusión.

Un mejor principio es el que establece Bentham, donde la concepción asistida podría proveer de un mayor bienestar a un mayor número de personas.

Por eso, estoy de acuerdo con el Dr. Leal que Costa Rica debe “poner atención a los problemas de infertilidad” con “tratamientos modernos y accesibles a todos”. Si esto fuera así, no debería prohibirse el uso de técnicas de reproducción asistida para el beneficio de los costarricenses.

Ian Cooke. Profesor emérito (Obstetricia y Ginecología) University of Sheffield, United Kingdom

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