1 agosto, 2016

Miles de personas en las calles. Madrid ha establecido un récord: más de 3.000 personas al mismo tiempo en la Puerta del Sol para cazar pokémones. El Central Park igual que La Sabana y miles de sitios en el planeta se han llenado de jugadores.

El mundo real se ha mezclado con el virtual de Pokémon Go (PG), videojuego que obliga a caminar y nos hace ver lo que otrora pasaba inadvertido: un escudo, una estatua, una pintura, un mural.

PG nos hace entrar en espacios que permanecían diluidos en la cotidianidad, e incluso romper las barreras de la timidez y del silencio para conversar con desconocidos en la misma sintonía del juego: ¿qué ha encontrado?, ¿dónde?, ¿cuál es su nivel?, preguntas quizás triviales, pero que logran sacar a las personas de la multitud y así generar nuevas amistades y recuperar los espacios públicos para conversar, para caminar, para jugar, para divertirse.

El juego permite superponer la imagen virtual a la que capta la cámara del teléfono, lo que genera un efecto visual atractivo: el juego se desarrolla en el espacio en que estamos, y el pokémon aparece justo frente a nosotros.

PG nos saca de la rutina para que juegue, libremente, el niño que todos llevamos dentro.

La autora es odontóloga y salubrista pública.