Opinión

Un real y sostenible proceso de desarrollo

Actualizado el 14 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

Aprendamos de la estrategia exitosa de pueblos como San Carlos-zona norte

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Con la cercanía de las elecciones nacionales, los diferentes grupos y pensadores políticos han presentado ante la opinión pública muy diversos diagnósticos y propuestas de lo que cada uno considera como las medidas prioritarias para mejorar el funcionamiento del país, tan venido a menos en los campos de liderazgo y gestión pública.

Sin embargo y no obstante la diversidad de propuestas, si las analizamos en detalle todas parten de un principio que a nuestro juicio es equivocado. Esto es, considerar que el éxito o no en la gestión del país, depende de lo que haga el sector público y más específicamente el Gobierno central, más algunas propuestas de corte legislativo que deben implementarse.

Es cierto que el país está entrabado en una maraña legal, en una inflexibilidad presupuestaria y en una deficiente gestión pública. Pero quizá, si el país y los políticos hicieran un esfuerzo “sobrehumano”, que tampoco se vislumbra a corto plazo y procedieran a corregir esos factores negativos antes señalados, nos daríamos cuenta de que el avance no sería mucho en términos de desarrollo y justicia social para la sociedad en su conjunto

El verdadero desarrollo no es el que se produce con las obras del Gobierno, que de por sí son muy lentas ineficientes y costosas. Por otro lado, esas obras, lamentablemente y en su gran mayoría, obedecen a criterios políticos de corto plazo, en donde el sector privado, la academia y la población en general son simples receptores o espectadores, sin que hayan tenido participación alguna u obedezcan a verdaderos procesos e integración de esos sectores productivos.

Día a día los políticos nos inundan de promesas y proyectos incoherentes que no forman parte de planificación alguna, sino que son una simple y desesperada acumulación de ocurrencias para acaparar el presupuesto público de cada año fiscal.

Si nos olvidáramos de toda historia acumulada, que ya conocemos sus resultados y nos pusiéramos de acuerdo para concluir con una idea básica tal como la siguiente: “El desarrollo socioeconómico del país se basa en propiciar un verdadero proceso de inversión (pública y privada) para buscar la generación de empleo de alta calidad”; si todos estuviéramos de acuerdo con esa propuesta tan simple y nos decidiéramos a trabajar en conjunto hacia esa dirección, nos daríamos cuenta de lo siguiente:

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1) El sector privado es el responsable por vocación elemental de la inversión productiva y sostenible en el tiempo.

2) El Estado y sus instituciones por diferentes medios son los responsables de dotar al sector privado y a la población en general de la infraestructura y los servicios básicos como salud, educación, electricidad, agua potable, carreteras, puertos y aeropuertos, etc., a fin de que esos sectores productivos puedan desarrollarse eficiente y eficazmente.

3) De igual forma el sistema educativo (escuelas, colegios, institutos, universidades, etc.) es el responsable de la formación técnica y profesional que ese proceso de desarrollo requiere para ser sostenible en el tiempo.

4) Si cada cantón del país se constituyera en una especie de zona económica especial, explotando sus características propias, y si la planificación regional se hiciera mediante la integración de todos los actores del desarrollo (instituciones públicas, sector privado, la academia y la comunidad) tendríamos un proceso muchísimo más ordenado, eficiente, integrador y sostenible en el tiempo. De ahí saldrían los programas a realizar en el corto, mediano y largo plazo. Las obras de inversión pública serían prioritariamente, aquellas que obedezcan a ese proceso integrador. Los presupuestos públicos serían de verdadero apoyo al desarrollo integral. Los estudios de competitividad de cada cantón y región orientarían la inversión privada y las universidades diseñarían sus programas académicos en relación a ese proceso de apoyo integrador. La comunidad en general no solo se beneficiaría grandemente, sino aumentaría su confianza en el sistema y su participación le permitiría conocer y orientar su propio proceso de desarrollo profesional y familiar.

De esa formal los pueblos serían dueños de su propio destino y la descentralización, redistribución de la riqueza y la justicia social serían realidades más concretas y palpables.

Algunos pueblos en Costa Rica, como San Carlos-zona norte, ya han tenido éxitos significativos con esta estrategia y de ellos deberíamos aprender todos. En el Caribe la Agencia para el Desarrollo de Limón se propone trabajar firmemente en ese sentido. Contamos ya con la estructura organizativa, nuestro estudio de competitividad y los diferentes sectores debidamente integrados en comisiones de trabajo.

Luis Guillermo Rodríguez Bastos. Presidente, Agencia para el Desarrollo de Limón

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