Opinión

Un raro país

Actualizado el 16 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

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“El roble es un árbol. La rosa es una flor. El ciervo es un animal”, dice un libro escolar. Islandia es un raro país, digo yo. Sí, tan raro como la noticia que sacudió en estos días a millones de lectores: “La Policía de Islandia mató por primera vez en su historia”. Una historia de 200 años, añado; y fue en Reikiavik, la capital de ese gran islote atlántico situado entre Europa y Groenlandia, de 330.000 habitantes, conocido por sus sagas, sobre todo la de Erik el Rojo y por un escritor que ganó el Nobel en 1955, de nombre Halldór Laxness.

El suceso extrañó, desde ya, a los mismos nativos, nada familiarizados con la criminalidad, un dato que la Unocd, de las Naciones Unidas, puso como ejemplo en fecha reciente.

Porque Islandia ha establecido una sociedad realmente equitativa. Y es que allí no puede hablarse de diferencias económicas importantes entre una determinada clase social y otra, premisa clara de felicidad.

Pero un día ocurre lo que no tiene que ocurrir: un hombre, desde su apartamento, vacía su escopeta sobre la gente que pasa y 200 años de tradición.

El caso arroja varias señales a las demás comunidades humanas. Primera, que la equidad social siempre es una condición necesaria; segunda, que las Policías duras no son la respuesta; tercera, que un individuo, uno solo, puede ser una brecha.

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