15 noviembre, 2014

El resurgimiento actual de los partidos políticos europeos abiertamente racistas debe preocuparnos seriamente. Los ataques raciales que ha recibido la ministra de Integración italiana, Cecile Kyenge, las posturas políticas en contra de los marroquies en Holanda, la prohibición de construcción de torretas en las mezquitas en Suiza, los movimientos anti inmigrantes en Francia y el surgimiento de agrupaciones nazi en Hungría, entre otros muchos ejemplos, es altamente nocivo, tanto para Europa como para el mundo entero.

Hablamos de un racismo añejo, de larga data, que ahora hace uso de las nuevas tecnologías de información, de las redes sociales y de la Internet para desplegar su doctrina de odio, prejuicio y de discriminación. Esto es quizás lo más preocupante.

Durante el siglo XIX e inicios del siglo XX, cuando las ideas se propagaban mediante el contacto directo entre las personas, o a través de cartas lejanas, las ideas racistas estaban bien arraigadas en el imaginario global de los Estados.

No se trataba de una mentalidad unilateralmente europea, sino de una doctrina de apropiación y explotación del hombre por el hombre que tenía un valor claramente establecido. Se partía del “hecho” de que efectivamente existían “razas” superiores y otras inferiores, y que las inferiores debían servir a las superiores. Las razas inferiores debían ser controladas, usadas y, cuando no se necesiten, desechadas.

Costa Rica. En el año de 1852, Costa Rica entró de lleno en la arena del pensamiento racista, con la promulgación de los primeros decretos que limitaban el ingreso al territorio nacional de chinos y negros que no viniesen con un contrato temporal de trabajo. Posteriormente, en la década de 1860 se prohibió el ingreso de “negros, chinos, gitanos, árabes, armenios y otros grupos nocivos para el país”. Posteriormente, los decretos incluyeron además a las personas con discapacidad física o mental.

Ya entrado el siglo XX, durante la década de los años 20, el Poder Ejecutivo promulgó decretos para obligar a los gobernadores de provincia a llevar registros detallados de la cantidad de chino-costaricenses que vivían en sus comarcas, con el fin de mantener su número “controlado” y evitar su aumento. Los chino-costarricenses debían obligatoriamente empadronarse, y si no se empadronaban no recibían su pasaporte, aún siendo costarricenses.

Durante la década de los años treinta, cuando tantos judíos luchaban por salir de Europa y encontrar una tierra que les diese refugio, el gobierno de don León Cortés Castro emitió diversas órdenes para restringir su ingreso indiscriminado al país, tal y como sucedía en la gran parte del continente americano.

Posteriormente, la barbarie vivida en Europa durante la Segunda Guerra Mundial en los campos de exterminio, hizo ver a la humanidad hasta dónde el ser humano podía llegar con la ideología racista, y se acuñó la frase aquella de “ never again ” (nunca de nuevo).

Tanto vivido por la humanidad, tanta dura enseñanza, que ante un descuido podemos perderla. Es allí donde radica el peligro de los discursos abiertamente racistas de la actualidad. Igual que en el pasado, se trata de una ideología de explotación humana que explica las diferencias sociales y culturales entre los seres humanos con base en las diferencias fenotípicas de las poblaciones. Constituye un prejuicio, un juicio que se hace sobre mi persona a priori , un juicio absoluto y completo en el que se anula la posibilidad de respuesta o defensa.

Racismo y sexismo son dos caras de una misma moneda: se prejuicia a las personas, se masifican, se estereotipan, se les cosifica, se les deshumaniza. No hay nada que la persona prejuiciada pueda decir a su favor, pues el prejuicio es total y completo, y todo lo explica por sí mismo; una ideología del poder que justifica la explotación, la exclusión y la discriminación.

La sociedad costarricense debe estar vigilante ante el avance de estas doctrinas nocivas, y debemos además reforzar nuestras acciones para prevenir el fortalecimiento de las posturas extremistas de carácter raciales o sexistas.

Urge en el país una ley de prevención del racismo, urge una política de prevención de la xenofobia en el espacio laboral. Asimismo, un marco penal que sancione debidamente los actos xenófobos y racistas en la escena social, cultural y laboral del país.

Por otra parte, urgen políticas claras de inclusión de los excluidos, así como la equidad de trato por parte del Estado para las personas, independientemente de su orientación sexual.

Urge, finalmente, un Estado moderno, justo y solidario, que se esfuerce para que cada persona tenga las posibilidades de explorar su inmenso potencial humano y pueda libremente construir su propia felicidad.

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