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Ya no quedanmuchos monopolios

Actualizado el 10 de octubre de 2013 a las 12:00 am

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Ya no quedanmuchos monopolios

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Recientemente, la ministra de Agricultura, Gloria Abraham, en un reportaje ( La Nación, 27/9/2013, p. 23A) manifestó, respecto a la Fábrica Nacional de Licores (Fanal), que “es increíble tener una fábrica que pierda dinero en un monopolio”. Lo que es increíble es que el Gobierno no la haya vendido al mejor postor desde hace años y, también, cerrado el Consejo Nacional de Producción, que es quien consume, en gastos administrativos, casi la totalidad de las utilidades de la Fanal.

El monopolio es un sistema de mercado con un solo vendedor de un producto que no tiene sustitutos cercanos, y donde no hay libertad de entrada al mercado, sea porque legalmente así está establecido o porque los costos de hacerlo son demasiado altos. La Fanal no es monopolio, pues sus productos compiten con la cerveza, el whisky escocés, el ron caribeño, el vodka ruso, la ginebra inglesa, la chicha y el vino… y otras bebidas alcohólicas y espirituosas que ella no produce.

En Costa Rica los monopolios privados son prohibidos por el artículo 46 de la Constitución Política, el cual estipula que “es de interés público la acción del Estado encaminada a impedir toda práctica de tendencia monopolizadora”. La creación de monopolios estatales (como Recope) está sujeta a procesos calificados. La adopción de leyes como la 7472, Ley de Promoción de la Competencia y Defensa Efectiva del Consumir, es también prueba de ello.

Si bien los monopolistas tienen fuerza en el mercado, esta no es total, pues los precios y cantidades de los productos que venden los define la interacción entre la oferta y la demanda, y esta última la controlan los consumidores.

Para determinar si en un caso concreto se está en presencia de un monopolio, o de algo cercano, se suelen utilizar índices de concentración (por ejemplo, el Herfindahl-Hirshman) en lo que se denomina “mercado relevante”, concepto que nuestra ley no define, pero que se puede explicar fácilmente. El mercado relevante es donde se da la competencia, y está condicionado por lo esencial de los productos, las barreras de entrada (y de salida), como son aranceles, cuotas o prohibiciones de importación, licencias exclusivas, costos hundidos de producción, ubicación geográfica de otros posibles competidores, costo y tiempo de transporte. A menores barreras, mayor será el mercado relevante, toda vez que él incluirá más productos y más orígenes de la producción.

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El mercado relevante tiene, por tanto, dos componentes: uno de productos y otro geográfico. Quien quiera medir su tamaño y concentración debe considerar ambos. Si productos del extranjero pueden ingresar con facilidad (aunque de hecho no lo hagan, pues lo que cuenta es la amenaza latente), el mercado relevante será el local más el extranjero… es decir, sería sumamente difícil de monopolizar.

Quien vende frijoles negros encuentra que los frijoles rojos son un sustituto casi perfecto. Pero también, en el margen, lo son los frijoles blancos, las arvejas, los cubases, los garbanzos y las lentejas. Los productos sustitutos a veces vienen de un subconjunto de la misma industria (por ejemplo, en el mercado de vehículos compactos, la competencia viene de otros vehículos compactos) y de industrias diferentes (en el mercado de envases, el plástico, el vidrio, el metal y el cartón suelen actuar como sustitutos; el celofán encuentra en el papel aluminio o encerado un razonable sustituto). En muchos casos (por ejemplo, repuestos y electrodomésticos), la competencia no solo proviene de productos nuevos, sino de usados. En el mercado de los alimentos, muchos compiten por el presupuesto del consumidor, quien puede encontrar igualmente apetitoso un bife que un pescado empanizado, un risotto , un casado o un sushi ; y en estas circunstancias serán los precios relativos los que inclinen la balanza.

La creciente “disputabilidad” de los mercados que han traído los avances en las tecnologías de comunicación e información (TIC), que han estimulado el e-trade, en el transporte “containerizado”, y los tratados de libre comercio (TLC) que ha suscrito Costa Rica, hacen que, en la práctica, los mercados se alejen cada vez más del monopolio y oligopolio para tornarse más competitivos. En mi juventud no me imaginé que en Moravia fuera posible (excepto para los muy ricos) consumir pasta, quesos o salsas italianas. Hoy, muchos, con independencia del nivel de ingreso, pueden hacerlo.

El verdadero protector del consumidor es la competencia, no una oficina del Gobierno. La función (social) de este es, por tanto, promoverla.

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