Putin sabe que una victoria de Trump no puede algo bueno para Rusia

 9 agosto, 2016

CAMBRIDGE – Es absolutamente posible que cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, contempla las estrellas por la noche e imagina el mundo de sus sueños, sonría ante la idea de que Donald Trump sea presidente de Estados Unidos. Le puede agradar la idea de un líder norteamericano que esté dedicado a la ley y al orden en casa más que al fortalecimiento de la democracia en el exterior. Incluso puede llegar a admirar el estilo de liderazgo ostentoso de Trump, tan reminiscente del suyo propio.

Pero cuando se despierta de su ensoñación, Putin sabe que una victoria de Trump en noviembre no puede ser de ninguna manera algo bueno para Rusia. Por eso, difícilmente pueda existir un plan serio por parte del Kremlin –basado en medios cibernéticos entre otros– para ayudar a orquestarla.

Por supuesto, no resulta difícil imaginar que hackers rusos hayan ingresado a los servidores del Comité Nacional Demócrata o a los utilizados por la campaña de Hillary Clinton, como parte de esfuerzos de espionaje que tienen como blanco a organizaciones de gobierno, corporativas y políticas de todo tipo. En el siglo XXI, los servicios de inteligencia del Kremlin serían acusados de negligencia profesional si no estuvieran intentando enérgicamente este tipo de ataques.

Los líderes rusos también tienen una larga historia de agitación y propaganda, o agitprop como los antecesores soviéticos llamaban a las campañas abiertas y encubiertas para moldear la opinión pública en los países extranjeros. Pero estos esfuerzos tienen antecedentes de éxito decididamente variado, y Putin entiende muy bien que la intromisión rusa puede fácilmente producir un efecto indeseado. En consecuencia, sigue sin ser claro cuánto del ritmo y del contenido de las filtraciones recientes estuvo decidido por la propia Rusia o por WikiLeaks, donde en realidad aparecieron los documentos.

Sin embargo, lo que sigue siendo absolutamente cierto es que cualquier evaluación perspicaz por parte del Kremlin debe concluir que una victoria de Trump no es algo bueno para Rusia. Puede ser divertido ver al cuerpo político estadounidense sentir vergüenza y regodearse mientras los aliados de Estados Unidos se ponen nerviosos, pero un presidente Trump dificultaría mucho más la vida de Putin.

El interés nacional central de Rusia es principalmente económico, mientras el país se tambalea como consecuencia de los golpes combinados del colapso de los precios petroleros, el débil crecimiento europeo y las sanciones financieras occidentales. Sin duda, los intereses de Rusia también incluyen el predominio político sobre sus vecinos, que fue lo que motivó la intervención torpe en Crimea que Trump ahora describe en términos tan compasivos. Esos intereses también incluyen mantener la participación histórica de Rusia en Oriente Medio y pellizcar a Estados Unidos cuantas veces pueda. En este sentido, el esfuerzo actual de apoyar al gobierno sirio cuenta como un dos por uno.

Pero elevar los niveles de vida rusos sigue siendo central para el control del poder por parte de Putin y su legado a largo plazo. Incluso antes de intervenir en Ucrania, Putin no estaba cumpliendo con su gran promesa, formulada en el 2003, de duplicar el tamaño de la economía de Rusia en el lapso de una década. En términos del PIB nominal per cápita, Rusia todavía tiene un desempeño levemente mejor que México. Los esfuerzos distintivos para diversificar y modernizar la economía fracasaron, porque no se pueden decretar tecnologías y estrategias comerciales disruptivas desde arriba.

Si bien el mercado petrolero es el principal determinante de las perspectivas económicas a corto plazo de Rusia, por representar la mitad de los ingresos por exportaciones, el crecimiento a largo plazo requiere que Rusia vuelva a tener acceso a los mercados de capital internacionales, que atraiga inversión extranjera (y frene la fuga de capitales) y que vuelva a integrarse a la economía global. Todo esto exige una economía global que sea estable y predecible. Una presidencia de Trump implicaría exactamente lo contrario.

Los planes fiscales de Trump, que implican masivos recortes impositivos sin una reducción creíble del gasto, podrían hacer que las tasas de interés de Estados Unidos se dispararan, alimentando la agitación en los mercados financieros. Sus sugerencias al pasar de que se podría renegociar la deuda de Estados Unidos podrían generar pérdidas dramáticas del valor de las reservas de moneda extranjera de Rusia, lo cual ha sido su ancla en la tormenta económica que viene azotando a su país desde el 2014. Parece factible que sus amenazas de iniciar una guerra comercial contra la competencia extranjera “injusta” restrinjan las exportaciones de acero de Rusia. Y su imprevisibilidad respecto de cuestiones de seguridad y geopolíticas clave podría aumentar los riesgos externos.

Por supuesto, existe un escenario en el cual la química personal entre los líderes conlleva un relajamiento anticipado de las sanciones occidentales. Pero es poco probable que las restricciones de la Unión Europea en materia de financiamiento y comercio en todo caso duren mucho más, especialmente ahora que las opiniones de línea dura del Reino Unido ya no pueden moldear esa conversación.

Las sanciones estadounidenses pueden seguir en los libros por ahora, pero es difícil que los esfuerzos activos de la administración Obama por desalentar a los bancos globales de financiar a Rusia a través de subsidiarias europeas continúe indefinidamente. Una presidenta Clinton no facilitaría significativamente la agenda internacional de Rusia, pero al menos se conocerían los términos de compromiso.

A pesar de la tentación de incomodar a los líderes de Estados Unidos con más hazañas cibernéticas, Putin no tolerará nada que, aunque fuera de manera marginal, pudiera fomentar las chances de una victoria de Trump.

Christopher Smart fue asistente especial del presidente para Economía Internacional y actualmente es miembro sénior del Centro para Negocios y Gobierno Mossavar-Rahmani en la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard. Anteriormente, gestionaba inversiones en mercados emergentes globales, entre ellos Rusia. © Project Syndicate 1995–2016