Por: Armando Mayorga 6 septiembre

Pieles negras, blancas, amarillas y cafés iban bailando, palmeando y sonriendo por media calle. Iban hombres y mujeres. Iban niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos. Todos iban abrazados por la música, por el sol, por el sudor a gota gorda y por elegantes vestidos diseñados para conmemorar una fecha especial: el Día del Negro.

Limón se tiró a la calle este jueves 31 de agosto para vitorear los aportes de los afrodescendientes al desarrollo económico, social y cultural del país y, como limonense que vive fuera desde hace años, era mi primera vez en este imponente parade. ¡Qué dicha que fui!

Aquella frase de que “lo mejor de Limón es su gente” sobresalió ese día.

Se reflejó en una fiesta multirracial que une al pueblo, pues es de todos, y todos desfilaron, no solo gente negra, porque de eso se trata, de integrar las diferentes culturas que conviven allí.

El parade es ejemplar. Primero, por los vestidos. No solo descuellan por la combinación de colores, por su talle o su prestancia, sino porque cada quien se lo financia con su dinero, no el del Estado.

Esta conmemoración lleva un año de organización en que ahorran o recolectan fondos con la consigna de superar lo que lucieron el año pasado. Y modistas locales son las que hacen de esas telas trajes de muy buen gusto.

El parade también es ejemplar porque no hay asueto a empleados públicos. El que fue, fue porque pidió vacaciones en su trabajo.

Ejemplar, también, el orden y la seguridad. El desfile comenzó poco después del mediodía, en tiempo. Uno de los primeros fue el presidente, Luis Gmo. Solís, con camisa afro de minucioso bordado, quien caminó como uno más entre la multitud. Repartió abrazos, dio la mano, conversó con desconocidos, protegido por una exigua escolta.

En mi caso, anduve la ciudad de lado a lado desde plena mañana, con celular en mano. Como cuatro horas después, caí en cuenta... me sentía más seguro de andar por allí que por el centro de San José. Y, al final del día, otra percepción: ¡qué calles y aceras más limpias!

No me canso de repetirlo: ¡qué dicha que fui! Ahora, solo espero volver el otro, y el otro, y el otro año.

Armando Mayorga es jefe de redacción en La Nación.