Opinión

La puerta se está cerrando

Actualizado el 05 de junio de 2013 a las 12:00 am

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Cinco siglos de enfrentamiento contra la naturaleza y los 68 últimos años de lucha de personas y sectores de la sociedad para lograr su sobrevivencia, le han dejado a Costa Rica una cuarta parte de su territorio cubierta con uno de los más escasos y amenazados recursos naturales del mundo.

El país tiene el 4% de la biodiversidad silvestre mundial en su territorio continental. Es una porción muy importante del patrimonio vivo del planeta, y su situación actual y preservación le generan a Costa Rica más de dos billones de dólares por año. Sin duda, es su principal producto de exportación, que vale más que las cosechas de banano, piña, jugo de naranja y café juntas.

Sospecho que esta ganancia comercial de la naturaleza es casi trivial en comparación con su producción interna actual y su potencial en áreas como la electricidad, el agua limpia, aire limpio, empleo, turismo nacional, educación, recreación, belleza, eliminación de desechos, restauración de suelos, bioalfabetización, inspiración intelectual, protección del agropaisaje y suelos, y semillas para la restauración. Esto es una gran contribución del país más feliz en el mundo.

Estos beneficios los da la naturaleza de forma gratuita, sin quejarse, sin demandar nada, sin reproche ni retribución. La biodiversidad y sus ecosistemas poseen sus propias reglas de juego y además juegan con ellas.

Si la humanidad pudiera dejarla en paz, cuidar su capital y usar solamente lo que necesita, en un verdadero acto de sostenibilidad, la naturaleza, por sí misma, avanzaría. No se tendría que llenar el tanque cada 500 km. El sol, el viento, la lluvia y el suelo nos harían el favor.

Pero como cualquier jardín, la vida silvestre necesita de inversión, protección y planificación. Requiere de leyes, de territorio, mucho pensamiento, entendimiento y ganas. Y esto también demanda la bioalfabetización de la sociedad para aprovecharla sin destruir el capital ambiental.

Costa Rica todavía está muy bien posicionada para lograr esta sostentabilidad. Todavía está a tiempo. Tiene audiencia y gente que la aprecia, y tiene un cuarto del país ocupado con un 90% de las especies originales. Por ejemplo, se sabe que hay fragmentos protegidos de los ecosistemas que había en el territorio en 1502.

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El país, además, tiene un enorme recurso intelectual latente en su agropaisaje y zonas urbanas. Posee muchas ventajas: su democracia, la ausencia militar, su sistema educativo, la salud de su población; es una nación que no está severamente sobrepoblada, hay sistemas de transporte de bienes e información, y participa del respeto global.

¿Cuáles son las reglas del juego para cuidar este capital silvestre, basadas en la experiencia nacional, mundial y el sentido común? Las palabras claves son patrimonio y descentralización, y en grande. Estos procesos claves deben estar integrados a la sociedad, entiéndase desde la parte comunal, hasta la nacional e internacional, y con una huella del ser humano no más grande que la que la naturaleza pueda restaurar.

Costa Rica necesita caminar con cuidado, estimular e incentivar la formación de defensores de la naturaleza. La fábrica de la biodiversidad no puede darse el lujo de caer en la quiebra; no es un artefacto humano que puede ser reconstruido de nuevo. Una vez extinguido desaparecerá para siempre.

Sesenta y cinco años del ICE les dieron electricidad en todas partes. Lo que falta es el Plan Nacional de Energía y Telecomunicaciones, para que los costarricenses se unan entre ustedes y con el mundo.

Sesenta y ocho años del Servicio de Parques Nacionales, les dieron biodiversidad silvestre y unos ecosistemas relativamente intactos en casi todo el país, para escapar de una vida primitiva.

Hoy ha llegado el momento de tener un Plan Nacional de Biodiversidad y sus Ecosistemas. ¡Háganlo, por favor! Y que sea lo antes posible. La puerta se está cerrando. Daniel Janzen, ecólogo tropical, profesor en la Universidad de Pensilvania  (EE. UU.)  y asesor del Área de  Conservación de Guanacaste.

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