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Un puente en abandono

Actualizado el 06 de abril de 2013 a las 12:00 am

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Un puente en abandono - 1
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Un puente en abandono - 1

Ibamos hacia Jacó, con la ilusión de ver el mar, pero al mirar el puente ferroviario sobre el río Tárcoles quedé conmovido. A su lado está el de la ruta 27. Mas el del ferrocarril, ese con dos hermosos arcos y más de cien años, lo carcome la herrumbre. En un instante, dos hombres se me hicieron presentes: el ingeniero Gastón Peralta, quien lo cuidaba celosamente, y el expresidente José María Figueres, presuroso en darle la estocada final a los dos ferrocarriles del país.

Invocó varias “razones” para hacerlo, y así clausurar el más conocido y entrañable para la mayoría de los costarricenses, el de la vía al Pacífico. Citó falta de presupuesto, burocracia, privilegios sindicales, ineficiencia... El pueblo siempre espera el predominio de los intereses del país.

El puente fue construido en Nueva York, según lo cuenta un número de la revista Escuela para Todos . La estación más cercana se llama Río Grande, y de San José a Puntarenas muchas, y otros puentes, han caído en el abandono. Pero hoy todo se tapa o se olvida al pasar por el laberinto de leyes, reglamentos, instructivos e instituciones públicas, y al hacer de los valores económicos los predominantes. Acaban de pasar al olvido las premeditadas clases de patinaje sobre hielo dadas en Denver por la Sele.

El puente fue trasladado en tren desde Limón hasta Alajuela; de aquí a Atenas en carretas. Cuál fábrica lo construyó y empresa lo ensambló, cuál fue el costo y el financiamiento, si hubo o no accidentes, quién era el dueño de las carretas, cuántos trabajadores participaron, qué reportaron los periódicos de la época... son temas para el historiador Iván Molina Jiménez, articulista de esta Página Quince, si quisiera ilustrarnos. Sería interesantísimo. A pesar de nuestro escaso sentido histórico, es probable la existencia de documentación utilizable.

Fábricas de pintura podrían donarle al Incofer los materiales para restaurarlo. Sur, Protecto, Lanco, B & G se ahorrarían millones de colones en propaganda y se ganarían la simpatía y la gratitud del país. Además, se sentiría muy alegre Miguel Carabagíaz, tan ejemplarmente dedicado a la tarea de recuperar el tren en Costa Rica.

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Ibamos para Jacó –decía– y pasamos por Orotina, perfumada de mangos y recuerdos del viejo ferrocarril eléctrico al Pacífico, recuerdos hermosamente escritos por Carlos Luis Altamirano en su libro Desde un Ayer Rural . Y llegamos al mar, terso, apacible, acariciante, cuyo horizonte presagia la existencia de otros puentes.

Volvamos a recuperar cuanto se ha perdido, desde el sentido de la vida y el espíritu de servicio hasta el valor de las cosas pequeñas.

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