11 febrero, 2015

En los inicios de un nuevo año, resulta pertinente repasar algunos elementos de la economía costarricense para los próximos meses de este 2015.

Producción. El año pasado, el crecimiento de nuestra economía se ubicó en 3,5% y, para este año, las estimaciones oficiales lo sitúan en 3,4%. Se espera un buen desempeño de los servicios de transporte, telecomunicaciones, financieros y del comercio. Según el Barómetro de Empresas, el 56% de los empresarios locales consideró que el clima de inversiones está más deteriorado que un año antes. Esta percepción debe revertirse. Así sea.

Competitividad. Para la población y los sectores productivos, el precio de la electricidad es clave. El retiro de la corriente legislativa de los proyectos de ley de Contingencia Eléctrica, la Ley General de Electricidad y la no explotación de gas natural no contribuyen a que el costo de la electricidad sea más bajo. Se espera un menor caudal hídrico, lo cual implica recurrir a la generación térmica. Esto tampoco ayudará a conseguir menores costos.

En este contexto, se desató la revisión de metodologías para ver si, mediante esta vía, se suaviza el costo tarifario. En general, a mayor competitividad, mayor producción, empleo y recaudación fiscal, además de un mejor clima de negocios.

Sector fiscal. El déficit fiscal del Gobierno Central cerró el año pasado en 5,7% y, al cierre del presente ejercicio, se espera un dato similar. El pasado 22 de enero, la firma Fitch Ratings reafirmó la calificación de las emisiones costarricenses en BB+, pero corrigió la perspectiva a “negativa” (anteriormente, “estable”). Esto, porque no observaron medidas concretas, dirigidas a estabilizar el déficit fiscal a medio plazo. Los países con esta calificación exhiben, en promedio, una razón de intereses del 7% respecto al PIB, pero, para el caso costarricense, es 17%.

A diciembre del año pasado, los niveles de endeudamiento del Gobierno Central y del sector público reportaron 39,5% y 59%, en ese orden (36,3% y 55,5% un año antes, respectivamente). En principio, las autoridades hacendarias llevarían por separado propuestas impositivas, pero, recientemente, anunciaron que los proyectos del IVA y renta irán de la mano a Cuesta de Moras. Harán “alpinismo legislativo”: para arriba y con obstáculos. El presupuesto 2016 llevará el sello de la presente Administración, y habrá que verlo. Posdata: no olvidar racionalizar el gasto.

El anunciado Programa Macroeconómico advierte: “Adicionalmente, en ausencia de una reforma fiscal, las presiones del financiamiento del déficit podrían encarecer el costo de los fondos prestables y dificultar las oportunidades de inversión privada”. Que conste en actas.

Sector monetario. Al cierre del 2014, la inflación fue de 5,1% y, para este año, se espera un valor ubicado en 4%, oscilando ±1%. Las autoridades abrieron el 2015 con dos medidas importantes.

En primer lugar, redujeron la tasa de política monetaria de 5,25% a 4,75%. La señal enviada al sistema financiero es inducir a una baja en el costo del financiamiento, con el fin de estimular la actividad económica y, en consecuencia, el empleo.

Indudablemente, se trata de un buen gesto monetario que debe complementarse con mejoras competitivas para enyuntar las inversiones públicas y las privadas.

En segundo lugar, migraron hacia un “régimen cambiario de flotación administrada”. El tipo de cambio se definirá en el mercado; sin embargo, las autoridades podrán intervenir para enderezar movimientos erráticos, manteniendo un comportamiento “modosito” de las cotizaciones, en beneficio de todos los agentes económicos.

Una reflexión: “Si un país no reacciona adecuadamente ante las nuevas amenazas que surgen, el crecimiento económico y el desarrollo se estancan” (Zhang Jun, profesor de Economía, Universidad Fudan, Shanghái).

El autor es economista.