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El Estado proxeneta

Actualizado el 02 de febrero de 2014 a las 12:00 am

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Se lo escuché por primera vez a un diplomático europeo que había vivido en Cuba. Luego se ha popularizado. El modelo creado por los Castro es el Estado proxeneta. Es una denominación incómoda, pero ajustada a la realidad, que circula en voz baja entre los cubanos de la Isla. El Gobierno se ha especializado en la extorsión de sus propios ciudadanos. Cincuenta y cinco años después de implantada la dictadura, casi todas las fuentes significativas de ingreso que sostienen al país provienen de oscuros negocios realizados en el exterior.

El subsidio venezolano. Calculado en $13.000 millones anuales por el profesor Carmelo Mesa Lago, decano de los economistas cubanos en esta materia. Eso incluye más de 100.000 barriles diarios de petróleo, de los cuales la mitad se reexportan y venden en España. Otros 30.000 parece que van a Petrocaribe y dan origen a una doble corrupción de apoyo político y enriquecimiento ilícito. La fuente pública de esta información es el experto Pedro Mantellini, uno de los grandes conocedores del tema petrolero venezolano. Lo explicó en Miami en el programa de María Elvira Salazar en CNN Latino. Caracas compra influencia internacional a base de petróleo, pero comparte con sus cómplices cubanos la gestión de esas dádivas.

La trata de médicos y personal sanitario. Alcanza la cifra de $7.500 millones anuales. La especialista María Werlau ha descrito la actividad en The Miami Herald. Es muy fácil llegar al artículo por medio de Google. El Gobierno cubano alquila y cobra por el arrendamiento de sus profesionales. Les confisca el 95% de los salarios. Angola paga hasta $60.000 anuales por cada facultativo. Ni siquiera la ayuda a Haití se escapa de este esquema. Los servicios prestados en el devastado país se lo abonan a buen precio a La Habana los organismos internacionales. Brasil, que paga por los servicios, es el último gran socio de Cuba en esta oscura actividad del proxenetismo internacional. Es una práctica conocida por los negreros cubanos desde el siglo XIX. Mientras duró la esclavitud (hasta 1886), los amos solían arrendar a sus esclavos cuando no los necesitaban. La zona más rentable del negocio de “alquilar negros” eran las pobres muchachas que entregaban a los burdeles. Sus amos cobraban por los servicios que ellas prestaban. Eran empresarios-proxenetas. Ahora, simplemente, se trata de un Estado proxeneta.

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Otros alquileres, otros negocios. Pero ahí no termina la explotación. El Gobierno cubano les arrienda otros profesionales a empresas privadas. Los antiguos griegos se referían a los esclavos como “herramientas parlantes”. No creo que Raúl conozca a los clásicos, pero entiende el significado último de la expresión. Hay universidades latinoamericanas o de habla portuguesa que contratan con el Gobierno de La Habana los servicios de buenos profesores cubanos de matemáticas o física a precios de saldo. Existen compañías europeas y latinoamericanas que explotan a técnicos en informática procedentes de la Isla. El régimen de los Castro sabe que un cubano bien instruido es totalmente improductivo dentro de Cuba, dado el demencial sistema empresarial de la Isla, pero es una fuente potencial de riqueza, una vez colocado en el exterior. Objetivamente, ese Gobierno es una gigantesca empresa de subcontratación laboral que viola todas las reglas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). De eso y para eso vive.

Las remesas de los exiliados. Emilio Morales, el gran conocedor del tema, escapado de Cuba hace relativamente poco tiempo, sitúa esa fuente de ingresos (2012) en algo más de $5.000 millones. La mitad, grosso modo, es remitida en efectivo y el resto en mercancías. Crece al ritmo del 13% anual. Cada vez que escapa un balsero, el régimen, de dientes afuera, gime por la fuga, pero sabe que, al cabo de un tiempo, fluyen los dólares hacia la necesitada familia dejada en la Isla. En Cuba, aunque fuera con mendrugos, había que alimentarlo. Una vez en el exilio, es una fuente gratis de recursos.

¿Hasta cuándo podrá Raúl Castro sostener a una sociedad casi totalmente improductiva mediante actividades que rondan o incurren directamente en el delito? No se sabe. Los proxenetas suelen tener larga vida.

Carlos Alberto Montaner, periodista y escritor. Su última novela es Otra vez adiós.

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