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La propuesta de Correa y las reservas internacionales

Actualizado el 27 de febrero de 2015 a las 12:00 am

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La propuesta de Correa y las reservas internacionales

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El presidente Rafael Correa, de Ecuador, reiteró, al cierre de la reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), en San José, la propuesta de crear un fondo con las reservas monetarias internacionales de los países de América Latina para financiar el desarrollo de la región, en vez de invertirlas en los países más desarrollados.

Estos recursos se ahorran en épocas normales, principalmente, como un autoseguro para cuando al país le falte liquidez para enfrentar sus pagos externos (importaciones, servicio de deuda externa, etc.).

Ante una caída en la liquidez internacional (baja en las exportaciones o en los ingresos de capital), la venta de estas reservas a empresas y personas del país permite sustituir la caída y disminuir el efecto en los niveles de vida de la población, por menor producción, ingresos y empleo.

Las reservas monetarias internacionales sirven para esos propósitos si están invertidas en el exterior en activos que permitan su rápido uso y sin que baje su precio. Si el país no puede hacer líquidos sus activos externos, estos no podrán cumplir su papel de sustituir disminuciones en la liquidez externa, porque normalmente ocurren sin previo aviso y son difíciles de programar o anticipar. Y endeudarse en esos momentos es muy caro y difícil.

Por ello, los países invierten sus reservas monetarias internacionales con los siguientes criterios técnicos: 1) Liquidez, lo que significa que las inversiones deben realizarse en instrumentos que sean rápidamente convertibles en divisas a la vista; es decir, cuando se trate de inversiones a plazo, poder negociarse en mercados muy desarrollados y profundos. 2) Los emisores de los valores deben tener buena capacidad de pago. 3) Por el tipo de inversión y riesgo, deben dar un rendimiento aceptable. 4) Es preciso que permitan una amplia diversificación de riesgos.

Estos requisitos llevan a que los Bancos Centrales alrededor del mundo inviertan casi la totalidad de sus reservas monetarias internacionales en títulos valores o en depósitos en países desarrollados, pues son los mercados más líquidos y eficientes.

Los países en desarrollo tienen, en esta materia, dos objetivos: reducir la volatilidad ante la iliquidez externa y aumentar la inversión rentable para desarrollarse.

Costo y beneficio. Las reservas monetarias internacionales tienen un beneficio (evitan que caigan los niveles de vida cuando hay iliquidez externa) y un costo (el consumo e inversión que el país sacrifica por ahorrarlas).

Por su parte, el crédito externo para desarrollo tiene un beneficio (el rendimiento de la inversión que se financia) y un costo (la tasa de interés pagada). Estas reservas y el crédito externo se pueden optimizar por separado, no son sustitutos.

Acumular el monto deseado de reservas internacionales no impide recibir más crédito externo, lo hace más barato, por el menor riesgo que tiene el país dadas sus mayores reservas.

Efecto contrario. La propuesta de trasladar las reservas monetarias internacionales de América Latina, o buena parte de ellas, a un fondo para que este, a su vez, las preste a los mismos países de la región para financiar su desarrollo, los debilitaría para hacer frente a problemas de liquidez externa. Los haría más riesgosos.

Los activos de reserva que hoy tienen, con alta liquidez, diversificados y de bajo riesgo, dejarían de ser reservas monetarias internacionales. Se transformarían, indirectamente (vía el fondo), en activos (créditos de desarrollo a otros países) con poca liquidez, a plazos largos, menos diversificados y con más riesgos (cambiarios, a deudores con menos de estas reservas, etc.).

A cambio, podrían recibir del fondo créditos de desarrollo que, en la mayoría de los casos, ya los pueden contratar directamente con otros organismos o en los mercados internacionales a intereses razonables.

En estos casos, no habría mayor aumento en fondos para el desarrollo. Pero sí se daría el costo de las menores reservas monetarias internacionales (mayor efecto sobre los niveles de vida cuando haya iliquidez.

Si el argumento es que existe un exceso de reservas monetarias internacionales, los países en esa situación pueden invertir los excedentes con otros objetivos. Varios lo hacen, como los fondos de riqueza soberana de Chile y los países árabes.

Si uno de los objetivos debe ser prestarlos a otros países de la región, dependerá de si los beneficios de la solidaridad latinoamericana compensan el costo de dejar de invertir en mercados más desarrollados.

De lo anterior se deduce que la propuesta de restringir el uso de las reservas monetarias internacionales a créditos dentro de la misma América Latina aumentaría el costo de las crisis de liquidez externa. El mayor rendimiento corregido por riesgo seguramente no compensará ese costo, porque, de otra manera, los países ya estarían invirtiendo esos recursos a más plazo y con menos liquidez. Se podría beneficiar solamente a los pocos países que tienen restricciones para obtener crédito en los mercados internacionales o que pueden obtenerlo, pero a un alto costo.

Además, México y Brasil, que poseen una proporción muy alta de las reservas monetarias internacionales de América Latina, podrían estar reacios a concentrar tanto sus riesgos en el resto de la región.

Algunos bancos centrales invierten hoy en valores emitidos por entidades regionales de desarrollo, como el BID o el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), porque sus pasivos cumplen los requisitos técnicos. Por otra parte, si de solidaridad se trata, esas entidades obtienen recursos en los mercados internacionales, que en una alta proporción provienen del ahorro de los países desarrollados.

Fondo existente. Para concluir, el fondo existe desde hace 35 años; es el Fondo Latinoamericano de Reservas, una muy buena institución. Lo forman ocho países, incluida Costa Rica. La mayoría lo consideran un complemento a sus reservas monetarias internacionales.

El fondo permite apalancar los aportes aprovechando las bajas correlaciones de la liquidez externa de sus miembros. Si los demás países se afiliaran, se haría más importante; sin embargo, auguro que el problema para la propuesta en discusión sería que la mayoría de los miembros continuará prefiriendo que el fondo invierta con alta liquidez y riesgos diversificados en mercados desarrollados. Para crédito de desarrollo seguirán prefiriendo fortalecer al BID o, si no se quiere la injerencia de países extrarregionales (aunque sí su dinero), a la CAF, el BCIE y sus similares.

El autor es expresidente del Banco Central de Costa Rica.

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