Casi todos los Estados que tienen armas nucleares están expandiendo su arsenal

 5 mayo, 2016

WASHINGTON, DC – El proceso de la Cumbre de Seguridad Nuclear, que concluyó en abril en Washington, muestra lo que se puede lograr cuando los líderes políticos se juntan para concentrarse en un problema global. La iniciativa de seis años, centrada en impedir el terrorismo nuclear, produjo resultados importantes en cuanto a eliminar, minimizar y asegurar materiales nucleares y radiológicos peligrosos.

No obstante, la amenaza nuclear, lamentablemente, todavía está muy lejos de haber sido neutralizada. Los peligros planteados por grupos terroristas crecen, al igual que los riesgos de competencia y conflicto entre Estados con armas nucleares. También se debe recurrir a un liderazgo fuerte y una cooperación global para hacer frente a otros peligros nucleares urgentes, particularmente la amenaza de más ensayos y proliferación de armas.

Existen pocas señales alentadoras en el horizonte. Por el contrario, casi todos los Estados que tienen armas nucleares están expandiendo o mejorando su arsenal nuclear. No hay ninguna negociación activa destinada a regular, limitar o reducir aún más los acopios nucleares.

Rusia y Estados Unidos han desplegado, individualmente, más de 1.800 ojivas nucleares estratégicas en varios centenares de submarinos, bombarderos y misiles –mucho más de lo necesario para disuadir un ataque nuclear–. Muchas de estas armas se pueden lanzar en cuestión de minutos, lo que aumenta el riesgo de una falla de cálculo. Por su parte, Corea del Norte pronto podría estar en condiciones de armar misiles balísticos con ojivas nucleares, algo que, de concretarse, plantearía una amenaza importante para toda Asia.

Frente a estos serios peligros, a todos los países les conviene frenar una mayor competencia nuclear y eliminar los riesgos asociados con los arsenales de unas 15.000 armas nucleares que todavía quedan en el mundo.

Como declararon el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el de Kazajistán, Nursultan Nazarbayev, en sendos comunicados durante la Cumbre de Seguridad Nuclear, un elemento clave de una estrategia efectiva y global de reducción del riesgo debe ser la puesta en vigor del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (TPCEN).

Si a las potencias nucleares existentes no se les permite realizar ensayos, no podrán probar diseños nuevos y más sofisticados de ojivas nucleares. De la misma manera, sin explosiones de prueba, a los nuevos países con armas nucleares les resultará mucho más difícil desarrollar y desplegar ojivas más pequeñas y más fáciles de distribuir.

El TPCEN cuenta con un respaldo casi universal. Con 183 naciones firmantes y una prohibición de pruebas de facto en vigor, el tratado hoy es un componente clave del sistema internacional de no proliferación nuclear. Ha establecido una prohibición contra los ensayos (violada desde 1998 únicamente por Corea del Norte) y ha desacelerado la carrera armamentista global.

Y, sin embargo, casi 20 años después de su adopción por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el TPCEN no es una ley internacional válida, en gran medida porque Estados Unidos no lo ha ratificado. El voto apresurado y sumamente tendencioso de 1999 del Senado de Estados Unidos contra la ratificación –y el hecho de no haber reconsiderado el tratado desde entonces– les ha dado a los otros siete países que deben ratificar el TPCEN una razón para aplazar su decisión. En consecuencia, la puerta para futuros ensayos nucleares sigue abierta.

El otoño pasado, el secretario de Energía de Estados Unidos, Ernest Moniz, y el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, sugirieron que el Senado revisara la cuestión. Desafortunadamente, al presidente Barack Obama no le queda tiempo suficiente como para lanzar la campaña farragosa de educación y compromiso con la comunidad, necesaria para someter al TPCEN a una nueva votación en el Senado. Pero su gobierno sí podría intensificar el trabajo preparatorio necesario para presentar nueva información, responder preguntas detalladas y disipar viejos mitos y confusiones antes de que Obama abandone la presidencia.

Aun si el próximo presidente y el Senado de Estados Unidos efectivamente reconsideraran la ratificación del TPCEN, pasarían varios años hasta que se llevara a cabo una votación. Mientras tanto, es esencial que los líderes mundiales busquen la manera de alentar la ratificación por parte de otros países reticentes a la firma del TPCEN, y de ratificar la suspensión global de facto que rige sobre los ensayos.

La declaración de los ministros de Relaciones Exteriores del G-7 el 11 de abril en Hiroshima de que “Ningún Estado debería llevar a cabo un ensayo nuclear y todos los Estados deberían firmar y ratificar el TPCEN sin demora” es un buen comienzo. Nadie lo sabe mejor que Japón y Kazajistán, que han sufrido los efectos terribles de las detonaciones nucleares. Como advirtieron en setiembre sus respectivos cancilleres, Fumio Kishida y Erlan Idrissov, no bastará con que todo siga como hasta ahora.

Kishida e Idrissov han invitado a sus pares a un encuentro entre ministerios en Viena el 13 de junio con el objetivo de explorar opciones para que el TPCEN entre en vigor. Instarán a los Estados clave que todavía no han ratificado el tratado a reafirmar su respaldo a la prohibición de los ensayos globales y a prometer que considerarán la ratificación “lo antes posible”.

Mientras nos acercamos al vigésimo aniversario del TPCEN, los miembros del Consejo de Seguridad y la Asamblea General de las Naciones Unidas pueden tomar medidas adicionales para asegurar que los ensayos nucleares sigan estando vedados. Por ejemplo, podrían discutir la adopción de una nueva resolución del Consejo de Seguridad y una medida paralela de la Asamblea General que inste a todos los Estados a abstenerse de llevar a cabo ensayos y que promueva una acción rápida a favor de la ratificación.

Una iniciativa de estas características ratificaría la norma global contra los ensayos y fomentaría una acción por parte de los Estados reticentes a estampar su firma.

De la misma manera que los líderes han cooperado en la Cumbre de Seguridad Nuclear para impedir el terrorismo nuclear, necesitamos una cooperación y un liderazgo renovados para poner fin a los ensayos nucleares de una vez y para siempre.

Des Browne fue secretario de Defensa británico.

Daryl G. Kimball es director ejecutivo de la Asociación de Control de Armas.

Kairat Umarov es el embajador de Kazajstán en Estados Unidos. © Project Syndicate 1995–2016