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El presidente que necesitamos

Actualizado el 23 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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Por ahí circula una frase que se atribuye a Einstein: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Cuando veo los ejercicios presidenciales en nuestro país y la falta de avance en tantos temas que son relevantes para nuestra sociedad, quedo con el sinsabor de que, a pesar de los retos que enfrentamos todos los días, se sigue haciendo lo mismo y, por lo tanto, los resultados también son iguales.

¿De qué manera se rompen estos esquemas que nos llevan, unas veces sí y otras también, a lo mismo? Les dejo algunas ideas a quienes, desde ya, se pelean el trono presidencial y las curules.

1. Se necesita un presidente que no viaje, si no hay plata de por medio. Me explico mejor. El presidente de Costa Rica debe gobernar desde Costa Rica. Si hay invitaciones a tomas de posesión de otros Gobiernos, para eso están los vicepresidentes o los ministros de Relaciones Exteriores; si hay cumbres de gobernantes, que asista el presidente si con ello se logra coordinar el inicio de negociaciones comerciales o ampliar las existentes con alguno de los países invitados. Pero, si es para ir a escuchar discursos y firmar declaraciones que terminan enmarcadas en la oficina de “alguien”, entonces que vaya algún representante que posteriormente haga un reporte. ¿Hay alguna convocatoria a negociaciones comerciales, o a exponer ante empresarios interesados o misiones comerciales? ¡A la carga!

Ahí sí debe ir nuestro presidente con el más capacitado del Ministerio de Comercio Exterior quien, luego, se encargará de dar seguimiento al tema.

2. Se necesita un presidente que abra espacio a profesionales para el manejo de la cosa pública. En tiempos en que un candidato lideraba las posibilidades de ganar las elecciones, mi padre me decía que ese señor no le gustaba porque llevaba a la nueva Administración “a los mismos del Gobierno de fulano”, entendiendo que el Gobierno de “fulano” no había gobernado bien. Y eso pasa cada cuatro años. La población vive con la sensación de que “los mismos” siguen gobernando y que por eso las cosas siguen haciéndose de la misma manera. ¿Existe en este país un partido que, en caso de ganar, esté dispuesto a abrir a concurso las plazas de ministros, de directivos y de presidentes ejecutivos?, ¿alguien ha pensado en el importante capital humano costarricense que no participa activamente precisamente porque no es político, ni quiere serlo por el estereotipo que acompaña a la profesión?

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Evidentemente, quienes participen en estos concursos deberán estar dispuestos a “ponerse la camiseta” del Gobierno, lo que implica tener opiniones con denominadores comunes, pero en ningún caso será requisito lucir la camiseta del partido en el poder, son dos ámbitos muy diferentes. Y es precisamente lo que percibimos muchos: quienes dirigen el país, sea en el Ejecutivo o en el Legislativo, no se quitan la camiseta del partido sino que se les “encarna”, y ahí nacen las famosas frases legislativas: “no hay clima político”, “no es políticamente viable” o “no hay ambiente político”…

3. Se necesita un presidente que trabaje con los diputados en la Asamblea Legislativa. No me refiero a trabajar con los de su partido, me refiero a todos los diputados. ¿De qué manera? Si las elecciones son el primer domingo de febrero, y el presidente electo se conoce con certeza esa noche, entonces que desde el lunes siguiente convoque a los diputados electos de todos los partidos a trabajar nombrando a sus jefes de fracción, para coordinar reuniones que permitan previamente estructurar una agenda con el mayor acuerdo posible. Así, en mayo, recibirá a todos con un plan de trabajo más adelantado y no arrancará con “aumentos de sueldo”. Es decir, empezar a negociar desde antes de ocupar curules y sillas presidenciales para que, cuando todo sea oficial, el trabajo inicie con menos incertidumbre. Y ¿el ministro de la Presidencia? Si es necesario nombrar uno, entonces que coordine otras labores del Ejecutivo, porque la comunicación con la Asamblea será directa con el presidente.

4. Se necesita un presidente que coordine mejor con los demás poderes. Hace falta más comunicación entre el presidente de la República, el de la Corte y el del Congreso. Qué diferente sería si, por ejemplo, la Corte Plena permitiera que la Sala Constitucional nombrase a un representante para que analizara los proyectos de ley coordinados entre el presidente y los jefes de fracción. Esto podría ayudar a que los proyectos lleguen en mejores condiciones a debate para agilizar su discusión y, luego, su implementación, en caso de aprobarse, cosa que debería darse porque ha sido propuesto en el contexto de una importante negociación presidente-jefes de fracción. Y ni qué decir de la importancia de una comunicación directa presidente ejecutivo-presidente legislativo, pues agilizaría agendas y discusiones, todo en el marco de las conversaciones presidente-diputados.

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5. Se necesita un presidente y una Asamblea con carácter para plasmar en ley un proyecto de país. Otra percepción nociva que transita nuestras alamedas, es que los gobiernos plantean estrategias de país que no superan los cuatro años, y no porque en el papel diga “cuatro años”, sino porque el Gobierno que sigue llega con una hoja de ruta distinta, y margina mucho de lo realizado por el anterior. Si el grupo formado por el presidente, la Asamblea Legislativa y la Sala Constitucional, logran consensuar un proyecto de país para veinte años, ¿por qué no plasmarlo en una ley y no solo como buenas intenciones?

De este modo, esa ley servirá como el marco estratégico contra el cual deberán analizarse los proyectos de ley que se propongan en el futuro, y proveerá los indicadores necesarios para ir evaluando durante la marcha. Así, dentro de quince años habrá que sentarse de nuevo a revisar lo hecho, y aquello por hacer para que, al cumplir el plazo de los veinte años, exista un nuevo marco estratégico qué poner en marcha al vencerse el anterior.

6. Se necesita un presidente que eleve el nivel del Ministerio de Planificación y Política Económica. He conversado con empresarios que me han preguntado si el Mideplan todavía existe… A eso llamo un “ministerio invisible”. Este ministerio sería precisamente el rector del marco estratégico del Gobierno, y tendría la autoridad para establecer responsabilidades a quienes incumplen, pero también la responsabilidad de dar reportes periódicos ante la Asamblea Legislativa sobre el avance del proyecto país. Este ministerio debe coordinar la labor de todas las entidades relacionadas con la economía del país, llámense Banco Central, Hacienda, Ministerio de Economía, Comercio Exterior, y alguna otra que pueda haber. En el caso del Banco Central, la coordinación sería, principalmente, de carácter informativo y como órgano consultor del resto pues su independencia es relevante.

¿Quién se anima a hacer las cosas diferentes?¿Alguien levantó la mano?

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