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Una presidenta sorda

Actualizado el 13 de abril de 2013 a las 12:00 am

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Una presidenta sorda

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Una presidenta sorda - 1
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Una presidenta sorda - 1

No se comprende cómo la presidenta Laura Chinchilla, con sus estudios en Ciencias Políticas, no entiende lo que pasa en estos días en nuestro país. La coyuntura era propicia para que terminara su tormentosa administración eludiendo todo sobresalto.

Pero en lugar de eso, doña Laura más bien los busca. Y los encuentra. La concesión de la carretera a San Ramón es un ejemplo claro.

Todos los sectores la rechazan por espuria, porque tiene cierto tufo que provoca náuseas, dado que se ve a la legua que es incoveniente para el país.Pero la presidenta, en evitar crispación, lo mantiene, empuja y respalda para dar pie al enojo popular.

Un pueblo cansado de la trocha y la carretera a Caldera evidencia que ya no está dispuesto a aceptar, así como así, estos proyectos tan cuestionados.

Entonces, ¿por qué sigue Chinchilla con esa calentura? Parece que olvida aquel viejo refrán: “Siembra vientos y cosecha tempestades”. Provoca con su incompresible posición, que se exalten los ánimos.

No vale la pena poner en estado de sitio a Alajuela para impedir que los ciudadanos evidencien su repudio al proyecto. El riesgo político que corre con ello es muy grande y grave.

La insistencia en continuar con ese plan solo se explica si se toma en cuenta que los réditos económicos son inmensos para unos pocos. Y de eso es de lo que Costa Rica está cansada.

Por eso es que vemos a gente de todas las condiciones en primera fila de las protestas. No se trata de “cuatro gatos”, sino de un sentimiento nacional que la presidenta no quiere ver por una razón que se vislumbra incomprensible.

El único que ha defendido el cuestionado proyecto es el ministro de Obras Públicas, Pedro Castro, quien como único argumento que ha externado para respaldar la concesión es que él es “doctor en pavimentos”.

Pero lo que no dice es que él hizo una consultoría a la empresa brasileña OAS, lo cual lo descalifica para otorgarle una concesión. Alguien con un poquito de moral, habría mandado el proyecto al archivo.

Si es “doctor en pavimentos”, ¿por qué no los “cura” en lugar de privatizarlos?

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Los demás razonamientos de Castro son pueriles. Por eso, doña Laura, sea sensata, hágase un favor a usted misma y a su administración, retire este proyecto y verá que toda Costa Rica la aplaudirá agradecida.

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