1 septiembre, 2014

No es posible separar, en sus orígenes, la historia de la odontología de la historia de la medicina, que en realidad podríamos llamar la lucha contra el dolor y, quizás también, contra la infección y la hemorragia: los tres flagelos causantes de malestar, incapacidad y muerte. Y es que la historia se escribió, hasta avanzado el siglo XX, como la lucha contra la enfermedad y no como la búsqueda de la salud en los términos que hoy la define la Organización Mundial de la Salud (OMS): un estado de completo bienestar físico, mental y social.

Rituales y amuletos. Así las cosas, en las épocas más remotas de la humanidad, las personas buscaron cómo aliviar sus dolores. Asociada la enfermedad con un concepto mágico-religioso, fue prevenida o combatida con rituales y amuletos, y se buscó aliviar sus síntomas con hierbas. Hipócrates nos dio una explicación incorrecta: la enfermedad es un desequilibrio de humores, pero fue de tal importancia descartar que se tratase de algo mágico-religioso que se le considera “el padre de la medicina”.

Luego, se dieron explicaciones anatomoclínicas,fisiopatológicas y etiopatológicas; se postuló la unicausalidad de la enfermedad (existe un microorganismo causante de cada enfermedad específica) y también la teoría multicausal (desequilibrio entre agente-huésped-ambiente). Finalmente, la OMS postula como determinantes de la salud factores bio-psico-sociales.

De la época en que no tenemos registros sobre la forma en que se curaban las enfermedades dentales, lo único que podemos decir es que, muy probablemente, se las trató igual que a las demás: tratando de aliviar el dolor, y que se atendieron como al resto de dolencias: con amuletos, rituales, hierbas, etc. Pero los dientes no se intervenían solo por dolor. Como lo reseña Peguero, “los hombres primitivos se sometían a las torturas de los fresados, limados y engarces artísticos para lucir unos dientes puntiagudos o triangulares, incrustados con esmeraldas, rubíes o amatistas”. Hallazgos similares hacen Barzuna y Núñez en sus estudios con cráneos pertenecientes al Museo Nacional de Costa Rica.

En 1728, Pierre Fauchard publica Le chirurgien dentiste , con tratamientos para la caries por eliminación y relleno de la cavidad con plomo y zinc, protésicos (para pérdida de dientes en forma parcial y total), periodoncia y prevención. Dice Fauchard: “Los gusanos no corroen los dientes ni provocan”.

Primera escuela dental. El arte de curar dientes se aprendía viendo y haciendo. En 1840 se crea el Baltimore College of Dental Surgery, la primera escuela dental del mundo que da a sus graduados el título de doctor en Cirugía Dental. En todo el mundo coexistieron profesionales y empíricos hasta que, finalmente, el ejercicio de la odontología se permitió solo a profesionales graduados.

Costa Rica no fue la excepción: muchos empíricos se incorporaron como “autorizados” en el Colegio de Cirujanos Dentistas y pudieron ejercer sus prácticas. Yo misma, muy pequeña, fui paciente de uno de ellos: Leonidas Alfaro, que –siendo empírico autorizado– era el dentista de mi abuelita.

Una vez fallecidos los autorizados, quedó establecido que, para ejercer la odontología, había que ser graduado universitario debidamente incorporado al Colegio y ser miembro activo, pues lo contrario sería delito: ejercicio ilegal de la profesión.

Pero algo extraño pasa en Costa Rica. Hace un par de años, los odontólogos recibimos, de parte del Colegio de Dentistas, una circular mediante correo electrónico: una odontóloga nos ofrecía disculpas por haber puesto a una asistente a hacer trabajos profesionales y prometía no volver a hacerlo.

Alarmante. Asimismo, un correo reciente del fiscal del Colegio (28 de julio del 2014) es más alarmante aún:

“Se les comunica a todos los agremiados que la Fiscalía del Colegio de Cirujanos Dentistas de Costa Rica ha comprobado que algunos odontólogos facilitan sus instalaciones clínicas para que estudiantes prontos a incorporarse o empíricos ejerzan la profesión odontológica sin estar incorporados al CCDCR. Lo anterior constituye una falta grave, según lo establece el Código de Ética del CCDCR en sus artículos XXIV y XXV, el 43 de la Ley General de Salud y el 315 del Código Penal, por cuanto se estaría actuando como cómplice en el delito de ejercicio ilegal de la profesión, el mismo es penado con cárcel. Por lo anterior, se les solicita que tomen las medidas del caso y comuniquen a la Fiscalía del Colegio de Cirujanos Dentistas cualquier anomalía”.

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