Opinión

Una práctica poco ética

Actualizado el 03 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

¿Qué mecanismos tiene la UCR para auditar las notas de secundaria reportadas?

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Una práctica poco ética

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Leo en las páginas de este periódico una noticia que en realidad no es noticia: los estudiantes de colegios privados tienen una mayor probabilidad de ingreso a la Universidad de Costa Rica. Lo que sí es noticia, y que encuentro como una cruel amenaza para el desarrollo del país, es el estancamiento en la cantidad de cupos disponibles para ingresar a la Universidad de Costa Rica.

Mientras la demanda aumenta, nuestro país no abre más puertas a estudiantes deseosos de tener acceso a una educación universitaria de primer nivel, detonante de la movilidad social que fue factor clave en el desarrollo de Costa Rica durante la segunda mitad del siglo XX.

La principal razón para el aventajado pronóstico de un estudiante proveniente de un colegio privado se resume en la diferencia de calidad. La calidad de vida en su hogar, una familia perteneciente en su mayoría al 20% económicamente más privilegiado del país.

La calidad intelectual del estudiante, que en la mayoría de los centros educativos privados es admitido luego de haber sido comprobado su potencial por medio de pruebas académicas y entrevistas psicológicas.

La calidad del profesorado, que también atraviesa un proceso de reclutamiento y que se ve atraído a los centros privados por las mejores condiciones de trabajo. La calidad de los programas de estudio, que muchas veces van más allá de las exigencias del Ministerio de Educación, incluyendo temas como cálculo, química orgánica, filosofía, e inglés y computación avanzados.

Mientras tanto, en la educación pública se trabaja con lo que hay...

Sin embargo, hay otro factor que incide en que un estudiante de colegio privado tenga mayor probabilidad de acceso a la UCR: la nota de cuarto ciclo, que representa el 50% de la nota admisión.

En 1998, cuando yo cursaba mi quinto año en un colegio privado, no tenía el más mínimo desvelo o preocupación respecto a los exámenes de bachillerato o a los exámenes de admisión de la UCR y del TEC.

Tenía un promedio de notas bastante alto y, a sabiendas de que la exigencia de la institución donde estudiaba superaba con creces la de las pruebas estatales, estaba confiado en que el proceso de admisión culminaría exitosamente y que podría cursar la carrera de mi preferencia.

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Quizás por eso en ese momento no vi tan grave algo que hoy veo como una falta de ética. El colegio decidió aplicar un sistema de redondeo un tanto drástico, en el que se redondeaba hacia arriba la nota de cada materia en rangos de 10 puntos. Así, por ejemplo, un promedio de 94 puntos se podía reportar a las universidades como un 100. Mi profesora guía me comentó esto en una conversación informal de pasillo, justificando la decisión bajo el argumento de que, por causa de la alta exigencia académica de mi colegio, una nota más baja era equiparable con una nota más alta de otros colegios.

Aunque el argumento es probablemente correcto, la práctica no deja de ser cuestionable. Pude constatar que dicha práctica era cierta cuando me contactaron de la UCR y del TEC para felicitarme por haber obtenido notas de admisión casi perfectas.

Dudo fuertemente que esta práctica haya sido ideada por mi profesora guía, y, hoy que leo esta información de La Nación, me pregunto: ¿Cuántos estudiantes de colegios públicos habrán sido desplazados en el proceso debido a esta práctica? ¿Será esta práctica ampliamente utilizada en otros colegios privados, o hasta públicos? ¿Con qué mecanismos cuenta la UCR para auditar las notas de secundaria reportadas? Preguntas difíciles de responder, sin mayor indagación.

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