Opinión

Un político joven con ideas muy viejas

Actualizado el 16 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

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La Unión Soviética, que durante la Guerra Fría amenazó con una hecatombe mundial, y en su carrera armamentista logró superar, en no pocas ocasiones, a los propios Estados Unidos en capacidad bélica y en la carrera espacial, se desplomó finalmente como un castillo de naipes, sin disparar un tiro, víctima de la inoperancia de su economía y de su sistema político corrupto, opresivo y despótico.

Este fracaso debería haber convencido al mundo entero de que, sobre el llamado “socialismo científico”, es imposible construir un sistema político que resista el paso del tiempo y las transformaciones sociales, impredecibles en el siglo XIX en el que nació y vivió su máximo expositor, el filósofo y economista Karl Marx. Sin embargo, no ha sido así, pues aún perviven, como reliquias del pasado, quienes anhelan retomar la bandera del comunismo e implantarla como sistema de gobierno en sus propios países, pese a los desastrosos resultados cosechados en “el paraíso socialista” y en países que nos son más cercanos, otrora prósperos y ricos, y que hoy día, por haber adoptado, en mayor o menor grado, políticas estatistas extremas, se debaten entre la miseria económica, la confusión y la intranquilidad, como sucede en Cuba, Venezuela y Argentina.

Sentimientos negativos. Y es que en realidad, al menos en nuestro medio, el comunismo, más que un sistema político intelectualmente concebido, ha sido simplemente un vehículo para canalizar sentimientos muy negativos, pero desafortunadamente muy arraigados en la naturaleza humana, como el odio, el resentimiento y la envidia.

Como muestra de que el comunismo aún vive y no podemos adelantarnos a extender su certificado de defunción, nos ha surgido en nuestro país un partido político con el poco original nombre de “Frente Amplio”, bajo el cual se han cobijado otros movimientos de la misma raigambre en muchos países, entre ellos, México, Argentina, Perú, Uruguay y Bolivia. Según las últimas encuestas, en nuestro país, no pocos incautos, hartos de los políticos tradicionales, se han entusiasmado con “nuestro” Frente Amplio y su candidato, un joven de buena presencia y fácil palabra, quien, al darle la bienvenida al presidente de China, en su visita de hace unos meses, se apresuró a notificarle desde su curul de diputado que su partido, el Frente Amplio, era el legítimo heredero del partido comunista costarricense.

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Discurso suavizado. Ahora que este joven ha tenido un éxito insospechado en aquel momento y se ilusiona con la posibilidad de llegar a ser presidente, trata de suavizar su discurso y vendernos un “socialismo a la tica”, pues sabe bien que la etiqueta de comunista no le favorece electoralmente, ya que el costarricense de todos los niveles socioeconómicos siempre ha sido individualista y defensor de la propiedad privada y ha mirado con desconfianza los proyectos colectivistas en los que su libertad y autonomía puedan verse comprometidas.

Sin embargo, por la innegable decepción que nos han causado los políticos de los partidos tradicionales y la falta de madurez del electorado joven, existe la posibilidad de que un número significativo del voto protesta se incline a favor del novel candidato. A quienes están pensando que el Frente Amplio puede ser una posibilidad viable, les pido que lean el “programa de gobierno” que ese grupo ha hecho circular en las redes sociales. Aunque sus enunciados han sido retocados para no asustar al sector mayoritario del electorado, sus autores no han podido evitar quedar retratados de cuerpo entero.

Propuestas. Solo diletantes librescos, que nunca en su vida han pagado una planilla ni sacado adelante ninguna empresa, pueden haber formulado proposiciones tan descabelladas e inoperantes como eliminar el tope para el cálculo del auxilio de cesantía, lo cual equivale a poner al borde de la ruina a miles de pequeñas empresas; fraccionar unidades productivas, que, por otra parte, no pueden calificarse de “latifundios”, para repartirlas entre campesinos desprovistos de conocimientos y capital de trabajo, lo cual es la forma más segura de multiplicar la pobreza y el desabastecimiento; y amenazar con nuevos impuestos y espantar la inversión extranjera, que es indispensable en esta etapa de nuestro desarrollo.

Esas son algunas de las disparatadas recetas de estos socialistas de nuevo cuño, que no han tenido ni siquiera la imaginación de replantear las propuestas planteadas por sus antecesores hace varias décadas.

Espero que estas breves reflexiones sirvan para que los indecisos en las próximas elecciones puedan llegar a escoger al “menos malo”.

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