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El rumbo de la política social en Costa Rica se perdió

Actualizado el 30 de agosto de 2014 a las 12:00 am

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El rumbo de la política social en Costa Rica se perdió

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El 6 de agosto, la segunda vicepresidenta de la República y encargada de los temas sociales, Ana Elena Chacón, emitió desde su cuenta oficial de Twitter un comunicado importante: “Mañana realizaremos un anuncio que definirá el rumbo de la política social en Costa Rica.” Y al día siguiente el Gobierno comunicó la decisión de adoptar un nuevo enfoque en el combate a la pobreza, sustentado en la aplicación de la metodología del Índice de Pobreza Multidimensional desarrollado por la Universidad de Oxford.

La iniciativa se justificó en la necesidad de trascender la visión de la pobreza por ingreso y adoptar un enfoque más integral. Pero, ¿realmente necesitamos en el país una nueva medición para adoptar políticas de combate a la pobreza que trasciendan la visión por ingreso? La respuesta es un rotundo no.

El dictamen ya está. El ente encargado de medir y publicar cada año las cifras de pobreza en Costa Rica es el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). Tradicionalmente se ha empleado el método de ingreso, en el que se consideran como hogares pobres aquellos en que los ingresos de sus miembros son menores a los costos de los bienes y servicios requeridos para satisfacer las necesidades básicas, lo que se conoce como “línea de pobreza”. Cierto que este método presenta algunas debilidades metodológicas, pero es un tema que ya ha sido ampliamente superado en el debate académico: lo que falta es que se traduzca en cambios desde el accionar político.

En Costa Rica sabemos lo que tenemos que saber de pobreza, pero aún así no hacemos lo que tenemos que hacer para atacarla. Sabemos cuántos son: 285.467 hogares viven en pobreza, 20,7% del total, y 6,4% se encuentran en pobreza extrema, según la Enaho 2013. Sabemos que no siempre son los mismos los que están en pobreza. Aunque en los últimos veinte años la proporción de hogares pobres se ha estancado en torno al 20%, cerca de la mitad de esos hogares entran y salen de un año al siguiente según si sus miembros cuentan o no con empleo al momento de la medición.

Sabemos también cómo viven: son hogares numerosos, generalmente jefeados por mujeres, con bajo clima educativo y que enfrentan problemas de acceso a empleo. Sabemos, por el método de “necesidades básicas insatisfechas”, que en las últimas dos décadas esta población ha mejorado sus condiciones habitacionales y el acceso a servicios básicos y bienes de consumo. Las políticas sociales sí han surtido efecto. Sabemos dónde encontrarlos: las regiones Brunca y Chorotega son las más afectadas. Además, el último Censo Nacional de Población y Vivienda permitió ubicar los hogares con más necesidades insatisfechas a nivel de provincia, cantón, distrito e incluso a nivel de Unidad Geoestadística Mínima (UGM), algo así como lo que llamamos barrio. Tenemos a la pobreza literalmente mapeada.

Y finalmente, sabemos cómo atacarla: se ha estimado que las actuales transferencias condicionadas la disminuyen en cerca de tres puntos porcentuales, pero son insuficientes. La principal dificultad de esta población continúa siendo su incapacidad para captar y generar ingresos. En ese sentido, la pobreza se debe atacar en lo inmediato a través de políticas que promuevan más y mejores empleos, así como medidas que garanticen el pago del salario mínimo. Priorizar las periferias rurales para así disminuir la brecha de oportunidades con la región central. Con visión de largo plazo, se debe disminuir la exclusión educativa particularmente en la secundaria. Y finalmente, debe darse continuidad a los programas sociales, pero a la vez ordenar la maraña burocrática que concentra buena parte de los recursos asignados y hace imposible señalar culpables ante la falta de resultados.

No vamos tarde. Estas son solo algunas de las conclusiones que se desprenden de los hallazgos disponibles y de forma gratuita en publicaciones como el XIX Informe Estado de la Nación o el estudio “Reducir la pobreza en Costa Rica es posible. Propuestas para la acción”, recientemente publicado por el PNUD. Además está aporte de investigadores, fuentes de información y periodismo investigativo, por mencionar algunas de las principales iniciativas que se han dedicado al estudio sistemático de la pobreza en el país.

Estos esfuerzos han abordado las carencias humanas desde distintos enfoques, como el “método por ingreso”, “necesidades básicas insatisfechas”, “carencia de recursos” o “exclusión social”. Esto que constituye un cúmulo de información que permite a los políticos, hoy más que nunca, tomar mejores decisiones para enfrentar este flagelo. No es cierto que vamos tarde, como lo señaló el Gobierno al justificar esta nueva iniciativa. Costa Rica es uno de los países con mayor información disponible sobre el tema de pobreza en América Latina e incluso a nivel mundial.

No considerar los aportes académicos del país en el diseño de la política social supone una falta de reconocimiento a quienes realizan estos esfuerzos, pero sobre todo evidencia un profundo desconocimiento sobre la disponibilidad de información sobre pobreza en el país. Sin embargo, se dio el anuncio oficial en conferencia de prensa y los responsables firmaron. La decisión estaba tomada, decisión que por muchos fue aplaudida. En adelante, el Gobierno guiará su política social con base en este nuevo índice. Los primeros resultados se esperan para dentro de un año, cuando ya habrá trascurrido más de la mitad del presente mandato.

Siguiendo las palabras de la señora vicepresidenta, el rumbo de la política social en Costa Rica se perdió. Se perdió en la búsqueda del diagnóstico por el diagnóstico, desviándose de hacer frente al problema con la información ya disponible. Se perdió en ese hábito tan nuestro de elogiar lo externo y menospreciar lo propio. El Gobierno se perdió en la ruta de la lucha contra la pobreza: se desvió hacia Oxford y su metodología, cuando debió seguir el rumbo que como país hemos trazado.

Mientras se logre encontrar el camino adecuado, los pobres continuarán siendo los más afectados.

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