Opinión

En política hay que saber jugar 21

Actualizado el 09 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

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En política hay que saber jugar 21

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La política no es mi fuerte, pero me apasiona y admiro cómo hacen sus movimientos y aplican sus estrategias todos aquellos inmersos en ella. Como decía un buen amigo en San Antonio de Belén, “para todo hay gente”, y me parece que la política no es la excepción.

De todo se encuentra en esta “viña del Señor”: el escenario es amplio y da cobija para todos.

Por otro lado, a aquel que no le gusta el “juego” político, deberá ser sometido al mandato de aquellos a quienes sí les gusta; y es aquí donde el asunto cobra importancia. En nuestro sistema democrático, ese gusanillo está en todas las personas; en algunos casos, se encuentra en estado de latencia, pero les aseguro que a la hora de la fiesta, como lo promociona el Tribunal Supremo de Elecciones, se nos vuelve inquieto.

Como dice el estribillo de batalla de algunos “les guste o no les guste, les cuadre o no les cuadre”, la política estará siempre presente y vigente. Este es el juego de todo sistema político. Desde los inicios de nuestra existencia, hasta nuestros días, la política es parte de la historia ya que a través de ella se desarrolla el sistema económico, social y cultural de cada país y de cada pueblo.

Cada país, cada Gobierno, es política y, más aún, es desarrollo y futuro. La política es tal que, aunque no nos demos cuenta, vivimos inmersos en ella. Es más, deberíamos todos los latentes de esta gestión, ser más sigilosos y atentos a todo el escenario político, si queremos ser parte del engranaje del desarrollo de nuestros pueblos y de las futuras generaciones.

Como dice mi gran amigo de la bajura del Guanacaste, Henry Pérez, “hay que saber jugar 21”, en relación con las estrategias utilizada por cada uno de los personajes apasionados a esta figura. Es interesante toda esa “maraña”, en el buen sentido de la palabra, que utiliza la gente para alcanzar los objetivos preestablecidos que, en la mayoría de los casos, parecen ser “egos personales”; sin embargo, la mayoría esboza el cuento de nunca acabar: “Es que me lo solicitan, los partidarios me buscan, la gente me induce”.

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Desearía mayor sinceridad en ese sentido, pero parece que el cuento deberá continuar y no perfilo en el horizonte otra manera de jugar 21. Los políticos, todos, “juegan 21”, según Henry Pérez; algunos saben jugar muy fino, otros, muy “matreros”. El asunto es estar metido en el juego.

Jugar 21 en los partidos “grandes” es el diario vivir: lo juegan en equipo, pero es igual. En el pasado, se reflejaba esa estrategia en los nombramientos de los candidatos a diputado: cada candidato hacia su jugada “finita y silenciosa” pero parece que esta vez no.

“Cambia, todo cambia”, nos dice Violeta Parra. Parece que esfuerzos, sueños y “egos” pasionales de los personajes candidatos e inmersos en este juego político se truncan, no por no saber jugar 21, sino por otro factor estratégico que se escapa de todo raciocinio y esfuerzo individual y que se expresa, como dice el dicho en el flagelado pero bello pueblo limonense, no money, no love .

A eso me refiero: todos lo saben y lo callan, pero es la realidad. Y lo más preocupante de la situación se da cuando no se sabe jugar.

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