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Nuestra política: ‘conmover’a la comunidad internacional

Actualizado el 08 de octubre de 2013 a las 12:00 am

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El 30 de octubre del 2009, el presidente Óscar Arias y su canciller, Bruno Stagno, sentaron las bases de una nueva y más fructífera relación con Panamá que alejaría a ambos países de la violencia centroamericana y los llevaría a un desarrollo económico más sostenible y estable del que habían logrado por medio de su asociación con el resto de Centroamérica.

En Panamá, don Óscar y don Ricardo Martinelli firmaron un Acuerdo de Asociación, en el cual se comprometían a unir esfuerzos para luchar contra el tráfico de drogas. Pero, a largo plazo, el Acuerdo les traería beneficios de mayor envergadura. Era un primer paso hacia una alianza más amplia y formal que abarcaba otras áreas de interés estratégico para los dos países, como la seguridad.

Antes del viaje a Panamá del presidente Arias, Ortega había ejercido presión ante las autoridades de los otros países del Istmo para no entregar a Costa Rica la presidencia semestral rotativa del Sistema de Integración Centroame-ricana (SICA). En esa ocasión, Ortega habló públicamente de los beneficios de excluir del todo a Costa Rica del SICA, refiriéndose, por primera vez, a su anhelado modelo de una Centroamérica sin Costa Rica, a una Centroamérica de los Cuatro o C.A.4 (Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua).

En Panamá, un periodista panameño le preguntó al presidente Arias sobre los beneficios de estar fuera del Parlamento Centroamericano y este le contestó: “Todos los beneficios que usted se puede imaginar… Este Acuerdo con Panamá representa una Centroamérica de los Dos o C.A. 2. Los dos países al sur del Istmo se unen a través de este acuerdo”, continuó Arias, en clara repulsa a Ortega.

Otra cultura política. Pero en el 2010 llegó al poder en Costa Rica otra cultura política que ha escogido sentar su respuesta al desafío de Ortega en una ficción: el apoyo internacional, que ya la misma presidenta reconoció que tiene “poco interés” en ayudar a Costa Rica. Y lo peor es que doña Laura ignoró el Acuerdo de Asociación con Panamá, que el gobierno de Martinelli ha cumplido a cabalidad.

Por ejemplo, el 2 de febrero del 2012, Panamá anunció su respaldo a Costa Rica en el diferendo que mantiene con Nicaragua por la construcción de la trocha en la margen costarricense del río San Juan. Martinelli fue más allá y acusó a la Corte Centroamericana de Justicia de “distorsionar su papel en la región” al acoger una demanda de Nicaragua por supuesto daño ambiental durante la construcción de la trocha.

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El 25 de setiembre del 2013, el presidente panameño, Ricardo Martinelli, atacó ante la ONU a nuestro común verdugo, Ortega. Manifestó la “profunda preocupación” y el “categórico rechazo” de su país ante la ambición de Nicaragua de extender su plataforma continental.

Silencio ensordecedor. Ante esta amenaza de Ortega contra nuestro aliado panameño, el silencio de la Cancillería de Costa Rica fue ensordecedor. La Cancillería de nuestro país insiste en buscar la solución al problema de Costa Rica apelando ante una comunidad internacional que la administración Chinchilla reconoce que “no responde” a nuestras demandas. Pero el canciller, Enrique Castillo, no se da por vencido: “Seguimos haciendo esfuerzos para hacer que la comunidad internacional se conmueva de ver las agresiones grotescas que está cometiendo Nicaragua en contra de Costa Rica”.

Parece no comprender que la comunidad internacional no se “conmueve”. Simplemente, cada país defiende sus intereses. Y, además, ¿cómo va a tomar en serio la comunidad internacional que batir barro en Calero es una “agresión grotesca”? Se queja también de que esta comunidad no comprende la “particularidad” de Costa Rica.

Sin apoyo. Cuando el canciller Castillo informó a los diputados sobre el conflicto fronterizo, les dijo: “En este conflicto estamos solos”. En esa misma comparecencia les advirtió a los diputados que Costa Rica no tiene apoyo en los organismos internacionales. Pero, estando sola Costa Rica, no apoya a su aliado, Panamá. Además, no parece comprender que la “particularidad” de Costa Rica puede radicar en que no tiene ejército, pero también en que no sabe cómo defenderse.

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