Opinión

Y ¿cuál es el plan?

Actualizado el 19 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

¿Estamos preparados para actuar frente a un fuerte sismo en la GAM?

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Y ¿cuál es el plan?

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Como consecuencia de los últimos hechos tectónicos en nuestro país (Limón, Cinchona, Guanacaste) debemos preguntarnos: ¿Estamos listos para enfrentar exitosamente un golpe de la naturaleza en la Gran Área Metropolitana, en donde vive el 50% de nuestra población?

Veamos parte del escenario: la flota vehicular en la GAM ronda el millón de vehículos, por las principales carreteras circulan hasta 90.000 vehículos diarios, algunas carreteras han sufrido un deterioro grave en sus puentes, hundimientos, el problema crónico de su calidad, y la redundancia vial (capacidad de los circuitos alternos) prácticamente no existe o es deficiente.

El transporte público, con capacidad para cientos de miles de pasajeros diariamente, infelizmente circula en medio de la congestión automotriz, restándole eficacia; hasta la fecha el tren no es el gran eje transversal del transporte masivo.

Asociado a estos temas, los conductores seguimos sin respetar zonas amarillas, estacionamos en ambas orillas de caños, en calles de tan solo 7 u 8 metros de ancho, a veces hasta con circulación en ambos sentidos. La movilidad en las horas de inicio y final de las clases, con miles de padres que transportan a sus hijos a las escuelas y colegios es ya un patrón vial, entre muchas otras malas prácticas ciudadanas y oficiales. Mientras tanto, nuestras casas enrejadas.

Y, entonces, ¿cuál será la respuesta cuando “venga el socollón” sin previo aviso? Toda la situación apenas descrita en el párrafo anterior nos enfrentará a la cruda realidad. No conozco ningún manual, plan de emergencias, instructivo, o capacitación para atender una situación como esta, que quisiéramos no se llegue a dar, pero no está alejada de la realidad.

Me pregunto, no obstante, cómo deberíamos actuar. Al ir conduciendo, ¿existirá alguna medida para que, a pesar de la saturación de las vías, no se produzca un caos total? ¿Deberíamos parar nuestros vehículos, hacernos a un lado, dejar al menos un carril libre para la circulación de ambulancias, bomberos y policía, para que atiendan la emergencia y fluyan hacia clínicas y hospitales? ¿Qué papel jugará el transporte público? ¿Cómo proceder en función del tendido eléctrico aéreo? ¿Cómo minimizar el caos vial por pánico o por jugar de vivos? ¿Deben los estudiantes ser retirados de sus instalaciones por sus padres o debe cada centro de educación ubicarlos en zonas seguras hasta que pasen los peores momentos? De seguro habrá cortes de energía, el sistema de semáforos no funcionará al menos en algunos sectores, pero solo esto hará colapsar al resto.

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Habrá que atender incendios como parte de la situación, lo que requiere de gran movilidad de los cuerpos de bomberos. Se trata entonces de evitar que la desesperación y mala respuesta nos juegue una peor jugada.

Después de toda emergencia, el pueblo costarricense siempre ha sido solidario y fluyen las ayudas. La pregunta es ¿cómo responderíamos al momento mismo de la situación inesperada? No tengo muy claro cuál sería nuestra conducta colectiva para proceder acorde con un plan y, peor aún, si el plan no existe o no funciona.

¿Prevalecerá un “sálvese quien pueda”? Y la policía civil y de tránsito, ¿qué instrucciones tienen para actuar conforme a las prioridades de una emergencia? ¿Debemos esperar estáticos en las vías o entornos hasta que las autoridades nos orienten? ¿Podremos mantener una reserva razonable de comestibles y enseres de emergencia en nuestras casas para evitar desmantelar a los comercios? ¿Los respetará la gente? ¿Y el agua? ¿Tendremos disponibilidad para distribuirla geográficamente según las necesidades?

Será necesario confiar en que nuestros seres queridos, estén donde estén, estarán actuando de igual manera y que el sistema proveerá de soluciones, debidamente guiadas por las autoridades y la sociedad. Así evitaremos colapsar el sistema telefónico y las estaciones de radio y televisión lejos de entrevistar a tanta gente, orientar respecto al plan previamente diseñado y puesto en práctica.

¿Es posible que un proceso de ordenamiento territorial, urbano y gestión del riesgo ocurra antes, y que por sus intervenciones, la atención de una emergencia resulte de menores consideraciones y además se tenga un plan de asistencia?

O ¿habrá que esperar a que la calamidad se presente para entonces sí preocuparnos de planificar nuestras ciudades?

Ojalá este escenario nunca se produzca, pero después de describir una situación hipotética, nada lejana a nuestra realidad, me pregunto: y ¿cuál es el plan?

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