La competencia por la presidencia sigue abierta y muy disputada, y el resultado es incierto

 24 abril, 2016

Por primera vez en su historia moderna, Perú celebró el pasado domingo 10 de abril su cuarta elección democrática consecutiva, hecho que constituyó todo un récord.

Este proceso, que en su etapa preelectoral estuvo marcado por un clima tenso y lleno de sorpresas, incluida la exclusión –por decisión de la justicia electoral– de dos de los principales candidatos presidenciales, César Acuña y Julio Guzmán (este último ocupaba el segundo lugar en las encuestas), se desarrolló con bastante normalidad y tuvo una alta participación electoral cercana al 82%.

De los resultados de la primera vuelta deseo destacar los siguientes cinco puntos:

1. El fujimorismo, liderado por Keiko Fujimori (hija del autócrata Alberto Fujimori), fue el vencedor indiscutible de esta primera vuelta. Obtuvo la mayoría absoluta del Congreso (entre 70 y 72 congresistas de un total de 130) y casi un 40% de los votos de la elección presidencial (39,85%).

En segundo lugar –y a considerable distancia– se ubicó Pedro Pablo Kuczynski (PPK), quien, con un 21,01% de la elección presidencial, obtuvo una bancada de aproximadamente 20 congresistas.

El tercer lugar, y a solo dos puntos de PPK, lo ocupó la candidata de la izquierda (que fue la gran sorpresa de esta elección) Verónika Mendoza, con el 18,78% de los votos presidenciales y una bancada de alrededor de 20 congresistas.

2. Como viene ocurriendo desde el 2001, en Perú perdió el oficialismo (el partido del presidente Humala perdió el registro y no obtuvo ni un solo congresista) y hay necesidad de recurrir a un balotaje para definir la presidencia, ya que ningún candidato obtuvo el 50% más uno de los votos.

Durante la segunda vuelta podría incluso darse una reversión de resultados (RR), es decir, que quien ganó en la primera vuelta sea derrotado en el balotaje.

3. Este voto reafirma la predominancia del centro-derecha (si bien PPK en una reciente entrevista expresó no ser de derecha) y de la derecha-populista fujimorista, los cuales, sumados, representan el 61% del voto presidencial y alrededor de 90 de los 130 diputados del Congreso unicameral.

4. Un dato que no debe pasar inadvertido, y que podría desempeñar un papel importante en el balotaje, es el alto porcentaje de votos nulos y en blanco, los cuales, combinados, suman 17,58%.

5. Finalmente, cabe destacar el pésimo resultado obtenido por los dos expresidentes que intentaron regresar vía reelección alterna: Alejandro Toledo, quien obtuvo un raquítico 1,30% (lo cual motiva que su partido haya perdido el registro) y Alan García que, con un escaso 5,83%, se ubicó en el quinto lugar y salvó el registro por estrecho margen.

La segunda vuelta. Perú debe regresar a las urnas el próximo 5 de junio en un balotaje que será muy disputado. Desde el retorno a la democracia, el país ha celebrado entre 1980 y el 2016 nueve elecciones presidenciales, y en siete de ellas (salvo en las de 1980 y 1995) hubo necesidad de ir a una segunda vuelta, si bien en la de 1985 esta no tuvo lugar porque el candidato Barrantes, que había quedado en segundo lugar, declinó su participación ante García.

La diferencia tan amplia –casi 20 puntos– con que Keiko aventajó a PPK en la primera vuelta podría llevar al error de suponer que el balotaje ya está definido, lo cual no es así. Obviamente, remontar una diferencia tan amplia no es tarea sencilla, pero tampoco imposible dado el fuerte sentimiento antifujimorista que persiste en Perú.

La experiencia comparada latinoamericana muestra que de los 44 balotajes que tuvieron lugar entre 1978 y el 2015, en 11 casos hubo RR. Los dos más recientes son el de Juan Manuel Santos en Colombia (2014) y el de Mauricio Macri en Argentina (2015). Perú tampoco ha sido ajeno a este fenómeno. Dos de las 11 reversiones latinoamericanas tuvieron lugar en el país andino: en 1990, cuando Fujimori derrotó en segunda vuelta a Vargas Llosa, y en el 2006, cuando García venció a Humala en el balotaje.

Para que ello ocurra, PPK debería intentar lograr tres objetivos: que la opinión pública perciba que, pese a la gran diferencia de la primera vuelta, el balotaje no está definido en favor de Keiko y que existen posibilidades reales de vencerla en la segunda vuelta; apropiarse del fuerte espíritu antifujimorista para lograr articular (con el mayor número posible de fuerzas políticas) una “coalición negativa” en contra del fujimorismo; y generar suficiente entusiasmo para que el nivel de participación electoral en la segunda vuelta no decaiga y en lo posible aumente, evitando que el voto antifujimorista (sobre todo el de la izquierda) no se convierta en voto nulo, blanco o abstención.

El segundo punto es el factor clave para intentar lograr una reversión de resultado.

Vale la pena tener presente que el objetivo de todo balotaje consiste en no perder el voto duro obtenido en la primera vuelta, reducir al máximo el antivoto y lograr captar la mayor cantidad de nuevos electores.

La estrategia que PPK debe ejecutar para alcanzar este objetivo no es sencilla. Por un lado, debe convencer al electorado de que él es el mejor candidato y, al mismo tiempo, y sobre todo para aquellos que no lo votaron en la primera vuelta, que representa el mal menor (aunque tengan que votar con reticencia).

Debe, asimismo, tratar de convencer a la ciudadanía de que el retorno del fujimorismo al Ejecutivo, teniendo asegurado (consecuencia de la primera vuelta) el control del Congreso, representa un grave peligro para la democracia.

Pero PPK debe hacer uso de este argumento con suma prudencia –cuidándose de no herir demasiado a Keiko–, ya que, de ganar la presidencia, necesitará el apoyo del fujimorismo en el Congreso para tener gobernabilidad y hacer avanzar su agenda.

Por su parte, la estrategia de Keiko para evitar una reversión de resultado en la segunda vuelta pasa por reducir su antivoto y moverse hacia el centro. Para ello debe intentar convencer a la ciudadanía de que ella es diferente a su padre y no utilizará el enorme poder que podría llegar a detentar –control simultáneo del Congreso y del Ejecutivo– para hacer un gobierno de corte autoritario. En otras palabras, Keiko debe resolver a su favor la disyuntiva entre democracia y autoritarismo.

Mi opinión: el balotaje en Perú tiene la particularidad de ser una disputa entre dos modelos de derecha: una más populista liderada por Keiko y otra más liberal encabezada por PPK. En consecuencia, el modelo económico no está en cuestión; la disputa central girará fundamentalmente en torno al eje fujimorismo/antifujimorismo, si bien ciertos temas como el de reactivación de la economía y el de la seguridad ciudadana ocuparán también un lugar importante.

Si en la primera vuelta Keiko le sacó una ventaja de casi 20 puntos a PPK, el arranque de la campaña para el balotaje (según la mayoría de las encuestas) los recibe empatados, lo cual evidencia que mientras PPK duplicó su intención de voto, Keiko, en cambio, no creció pero si logró retener su caudal de voto duro.

Pero para ganar la presidencia ambos candidatos deberán conquistar nuevos votos, sobre todo una parte importante de los electores que en la primera vuelta dieron su apoyo a Verónika Mendoza. Empero, en un país con una institucionalidad partidaria débil y con una alta volatilidad del voto, no será fácil para los líderes de las fuerzas políticas que no pasaron a la segunda vuelta endosar votos en favor de PPK o Keiko.

Por todo ello, cuando aún faltan más de 40 días para el balotaje, la competencia por la presidencia sigue abierta y muy disputada, y el resultado más incierto que nunca.

El autor es director regional para América Latina y el Caribe de IDEA Internacional.