Opinión

El pensamiento de don José Joaquín

Actualizado el 19 de abril de 2016 a las 12:00 am

Trejos Fernándezfue un defensor invaluable de los derechos humanos

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José Joaquín Trejos Fernández nació el 18 de abril de 1916 y murió en febrero del 2010. Fue profesor y cofundador de la Facultad de Economía y de la Facultad de Ciencias y Letras de la Universidad de Costa Rica.

De 1946 a 1947 realizó estudios en la Universidad de Chicago en matemáticas y teoría estadística, las cuales impartió por un período de veinte años en la Universidad de Costa Rica.

Por el año 1965 incursionó en la política, y llegó a ocupar la presidencia de Costa Rica en el período 1966-1970, y es en ese momento cuando empieza a manifestarse en él un pensamiento político, social y filosófico que lo identificará por el resto de la vida, el cual es importante traer hoy a la memoria de los costarricenses que vivieron esa época y también, tal y como se indicó anteriormente, para que sea del conocimiento de las nuevas generaciones, sobre todo por ser un pensamiento enriquecido de filosofía, sabiduría y espiritualidad.

Ya se sabe, según lo expresó don José Joaquín, que no ha sido fácil para los seres humanos pasar a la acción, lo mejor de las concepciones ideales, a la mejor forma de organización política como lo es la democracia, ya que esta debe ser una democracia abierta y pluralista con un gran sentido de respeto por el ser humano y por la libertad.

No hay manera alguna –decía– de pensar que la democracia se pueda cambiar por algún otro tipo de gobierno, al contrario, se deben buscar otros modos para perfeccionar la democracia, siendo uno de ellos la ética, entendiendo por ética, según sus palabras, no lo que nos conviene personalmente sino aquella que trasciende lo individual para abarcar los derechos y deberes del hombre como ente social, porque una sociedad más justa y apacible es aquella en donde prevalece la dignidad trascendental del ser humano; y es aquí donde don José Joaquín menciona algunos de los puntos más importantes y vastos de su discurso: la vida del hombre en comunidad, la igualdad de oportunidades entre los seres humanos y el deber del Estado porque esa igualdad predomine en la sociedad.

Pensamiento. Inspirado en los grandes pensadores del Siglo de las Luces o Ilustración, Monstequieu, Diderot y Rosseau, solo para mencionar algunos, quienes aportaron teorías políticas y filosóficas para el progreso de la sociedad tanto en el ámbito de la razón y la ciencia como en los sentimientos, don José Joaquín, estudioso y lector incansable, desborda su discurso con tres pilares fundamentales de la Revolución francesa –igualdad, fraternidad y solidaridad– refiriéndose a cómo deben estos principios manifestarse en la solidaridad social e involucra en su reflexión al amor, describiéndolo como la fuerza espiritual más poderosa del mundo.

Otro aspecto muy importante para destacar, y el cual era uno de los pilares más fuertes del pensamiento de nuestro ilustre don José Joaquín, era el del esfuerzo propio, pero no solo se refería al esfuerzo propio de una sola persona sino al de los pueblos, al desempeño de la participación popular en las comunidades por medio de las asociaciones de desarrollo, las cuales fueron fundadas y fortalecidas en su gobierno.

Por esta razón se fortalece la teoría de que el Estado no puede actuar solo, es fundamental la participación en las decisiones el esfuerzo propio de las personas y las comunidades, y lo dijo muy claro, hay que dejar de ser pasivos y ser más activos. Un Estado debe respaldar el crecimiento individual y en comunidad del ser humano sin que sea necesario para esto agrandar el Estado para que sea proveedor.

Un pueblo necesita desarrollo, no dádivas, la idea de una redistribución de la riqueza ha caído en descrédito pues esto no es suficiente para que los menos afortunados sean felices. Los pobres, los pueblos, los seres humanos, lo que necesitan son oportunidades de trabajo para ganarse con dignidad el sustento diario. Y es responsabilidad de los que gobiernan velar por que su pueblo reciba los beneficios de acuerdo con su esfuerzo y capacidad.

Si queremos ser retribuidos de una forma justa en nuestro trabajo debemos procurar nuestra propia superación y la de los nuestros mediante el esfuerzo propio por la vía de la educación y no de las armas, la guerra o la violencia. Esto no es solo para el ser humano en forma individual sino para las naciones como un todo.

Su discurso. Si bien nos estamos refiriendo a un discurso escrito hace más de cuarenta años en nuestro país, es importante recordar como ya, para esa época, se mostraba don José Joaquín Trejos preocupado y manifestaba la necesidad de que el Estado debía intervenir en nuevas áreas como lo son la contaminación del ambiente, el agotamiento de los recursos naturales y las fuentes de energía, la deforestación, el crecimiento desorbitado de la ciudad y como se debía de prestar especial atención a los enemigos de la democracia, la demagogia, el libertinaje y una sociedad homogénea, siendo el antídoto para esto la educación y la información verdadera que tanto se facilita hoy con los medios de comunicación.

Otro aspecto que prevalece en su discurso es el sentimiento humanista y cristiano reflejado en el amor al prójimo como principio más importante para luchar por el progreso y la justicia en los seres humanos.

Defensor invaluable de los derechos humanos, porque tal y como él lo decía, los derechos propios e inalienables de cada persona están por encima de los Estados y, por consiguiente, traspasan los ámbitos de las soberanías nacionales, deben ser reconocidos universalmente y objeto de la protección internacional.

Pero no se debe olvidar que cada derecho conlleva un deber y que así como anhelamos el respeto a nuestros derechos también debemos brindarlo al prójimo, pues si anhelamos justicia plena también debemos ser justos.

Además, en sus discursos políticos don José Joaquín siempre tenía hermosas palabras para referirse a su pueblo, a su forma de ser, al cual consideraba un pueblo que tiene inculcado en lo más hondo de su ser las ideas y los sentimientos relativos al amor al prójimo y a su patria.

Cada niño, cada joven, cada adulto se sabe responsable de forjarse su propio destino y que el mejor camino para lograrlo, nos lo recuerda otra vez, es la educación.

Justicia. Asimismo, en un plano más amplio y en términos del desarrollo humano nos recordaba como la aspiración del hombre americano ha de ser también de justicia, de la más plena justicia que es la que comprende la justicia social, porque el fundamento principal de esta es el respeto a la dignidad humana y a la protección del más débil frente al más fuerte, por lo tanto se debe cuidar la libertad porque es imposible concebir dignidad en un hombre sin libertad, y esta debe ser para hacer el bien.

Termino este artículo in memoriam con la frase que más penetró en mi corazón: los cambios en la humanidad no pueden estar separados nunca de la libertad, de la justicia y la dignidad.

La autora es filóloga.

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