7 julio, 2014

Curiosa coincidencia: en media batalla ejemplar de Costa Rica en el Mundial viene el notición: las esferas precolombinas de Osa, ¡declaradas patrimonio de la humanidad! A esas no les “dan pelota”; a la otra, sí.

Previamente a grandes triunfos, las dos bolas han significado muchísimo trabajo y perseverancia; ambas nos llenan de orgullo y de intriga en cuestiones de alineamiento.

No las confundamos: el modelo indígena, difícil que sirva en un próximo campeonato ni en Pérez ni en Paraíso. A la inversa, la pelota de fútbol, en la mente de los precolombinos de Osa, no puede haber servido para gran cosa.

Aquí y ahora todos tienen la cabeza hecha pelota, pero será útil cranear una respuesta a tantas incógnitas: esas esferas ¿cómo las fabricaron, cómo las transportaron, qué utilidad ritual tuvieron?

Solo resta felicitar a los futbolistas ticos en Brasil por su desempeño y a nuestros indígenas por su aporte histórico. Como sea, la declaratoria de la Unesco a la larga llevará mucho más réditos, en lo arqueológico, lo turístico y, por consiguiente, en lo económico.

Aplauso a los que lograron ese gol cultural: me imagino a nuestro pianista Sagot ya no tocando teclas, sino puertas.