Opinión

La paz se logra con audacia y persistencia

Actualizado el 13 de agosto de 2016 a las 12:00 am

La negociación diplomática requiere muchas habilidades, una de ellas es la prudencia

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Cuando papá pierde el trabajo, no llega con un rótulo en la noche a su casa que dice: despedido. Lo contará a su esposa, y lo compartirá con discreción. Mantendrá el secreto con unos pocos hasta lograr un trabajo nuevo. El silencio y la prudencia marcan su actuar. Hay que saber llevar las crisis con prudencia, tratando de evitar los daños al entorno, en concreto, a los hijos, y siempre con esperanza.

Leopoldo Calvo Sotelo fue presidente del Gobierno español. Un día, en una notable conferencia en el Instituto del Servicio Exterior Manuel María de Peralta, nos contó que el era físico. Cuando llegó a la política, se dio cuenta de que en este campo, tres más tres no eran seis. A veces, imaginariamente podría ser cuatro, y en algunas oportunidades, once.

Desde ese día, el físico entendió que en política es a veces necesario vivir en otra realidad. Pues en política, lo único seguro es lo que pasó, y, además, no hay leyes que aplican procedentes de la física en esta importante labor.

Hacia Europa. En plena construcción del Plan de Paz en 1987, durante la primera administración Arias, me correspondió, en febrero de ese año, acompañar al entonces ministro de Relaciones Exteriores, Rodrigo Madrigal Nieto, a Europa.

La idea era, en esta importante misión, iniciar un primer esfuerzo diplomático en varias naciones de Europa, con el objetivo de explicar la necesidad de un plan de paz para Centroamérica del presidente Oscar Arias.

Uno de los objetivos era lograr el apoyo político, de cooperación, y, sobre todo, destacar el valor de la democracia sobre la dictadura en Centroamérica y detener el fuego de las armas para siempre. Nunca se nos cerraron las puertas. Siempre don Rodrigo presentó la propuesta del presidente de Costa Rica con gran fuerza, dignidad y éxito. No se saben en el momento de una conversación de este nivel, los resultados finales, pero administrando con discreción y habilidad el tema, nuestro ministro logró, poco a poco, obtener el apoyo de Portugal, España, Bélgica, Alemania, Austria, Italia, la Santa Sede y el Consejo de Europa, para esta iniciativa de paz de nuestro presidente.

Acompañaron ese esfuerzo, entre otros, en ese entonces, el jefe de Gabinete del despacho del ministro de Relaciones Exteriores, el hoy presidente de la República, Luis Guillermo Solís; el embajador, Dr. Jorge Sáenz; el consejero, Lic. José Antonio Picado, lamentablemente ya fallecido; y el suscrito.

Decenas de conversaciones. La negociación diplomática requiere muchas habilidades, una de ellas es la prudencia. Los fuegos de la marmita política son lentos y pacientes. Para obtener resultados se requiere saber sazonar los diferentes argumentos. Hay que saber explicarlos, reiterar, recordar una y mil veces y no perder la paciencia, que es parte fundamental del arte de la diplomacia, además del estudio y de la consistencia en los argumentos.

La diplomacia no es una acción rápida. Es discreta, prudente, y seguirá siendo así, muchas veces cuidadosa, y algunas veces secreta, por el hecho de que así es esta profesión. No puede ser de otra manera. El médico no cuenta las enfermedades de su paciente. El detective no cuenta los detalles de la investigación y el diplomático debe esperar muchas veces los resultados de sus gestiones, discretas y oportunas, sin comunicarlos a los medios de comunicación.

Con frecuencia hay que reconstruir amistades y contactos, lo cual no es sencillo. Horas duras en silencio hasta obtener resultados, que también muchas veces no se dan. Hay que saber esperar el momento.

Encuentro agradecido. Una de las memorables entrevistas durante el viaje fue con Juan Pablo II, quien se interesó por el proyecto de paz de Costa Rica durante la amplia conversación que mantuvo con don Rodrigo Madrigal Nieto, y luego saludó personalmente a cada uno de los miembros de la delegación de nuestro país, incluido aquí nuestro embajador Javier Guerra.

Centroamérica fue un tema de gran atención para él, y lo demostró con sus numerosos viajes a la región. Aparte de los temas políticos, en todo momento reiteró su agradecimiento por la calurosa acogida que le dio el pueblo de Costa Rica a su regreso de Nicaragua (marzo 4 de 1983), en donde fue manipulada la celebración de la misa por un sector del sandinismo.

Esto quedó resumido en el libro Una vida con Karol, por su secretario personal Stanislao Dziwis, hoy cardenal de Cracovia, quien acaba de recibir a más de dos millones de jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud, cuando afirma: “Los sandinistas habían impedido a los fieles llegar hasta el lugar de la celebración y a los que habían conseguido llegar los relegaron lejos del altar, del Papa, para que no pudieran escuchar la homilía. Esto afectó muchísimo al Pontífice”.

Solo, Juan Pablo II se repuso cuando ya de regreso a San José en Costa Rica, donde se alojaba, fue acogido por una muchedumbre inmensa que quería expresarle su solidaridad, su amor.

Siempre que san Juan Pablo II recibía delegaciones de nuestro país, recordaba con una gran sonrisa y agradecimiento su paso por nuestro país. Él colocó lo que mueve montañas y detiene el fuego: sus oraciones.

El autor es diplomático.

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