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La patria esencial

Actualizado el 13 de agosto de 2013 a las 12:01 am

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No es que sea tiempo de derroches patrioteros ni caudillajes augustos, sino de liderazgos realistas, en tanto inteligentes y eficaces. Probos desde luego, pero, además, gestores y aglutinantes, o sea, motivantes.

Hoy la única forma de ganar para un candidato que no sea liberacionista, es aglutinar. Sumar, sumar y solo restar a los corruptos y chanfaineros. En resumen, a los mismos de siempre que intentarán reciclarse. Que ya hemos visto a varios dinosaurios políticos, y a uno que otro jovencillo, fabricando sus propias candidaturas para después exigir diputaciones o ministerios a cambio de su pírrica adhesión.

El PAC debe cuidarse de los liberacionistas fracasados y reconocer a los exitosos como Luis Guillermo, un hombre sano e inteligente, pero, sobre todo, preparado y plantado. Denunció fraude en Liberación hace años y hoy sorprendió en el PAC concitando al voto más reflexivo del padrón electoral. Posiblemente ganó con la academia empujándolo y unos cuantos más.

Él habrá de entender la escasez de ese techo y abocarse ahora a ampliar su núcleo. Si no, de ahí no pasa. De sanas intenciones y esfuerzos malgastados que, a la postre, servirán solo para legitimar un tercer mandato seguido de Liberación Nacional. Culpa suficiente para que sirva de lápida a cualquier político que de ello sea corresponsable por no superar el reto que le plantea la coyuntura.

Asunto de número. Entender que la democracia es un asunto de número más que de fondo, es elemental, pero cuesta mucho. El discurso más lindo es el que rescata a la masa como un articulado pensante y no como lo que es: masa.

No deberá dirigirse solo ni siquiera, principalmente, a los pocos gatos que ven canales estatales, visitan librerías y leen lo que ahí compran e, incluso, lo que en esta plazoleta intelectual, que es el periódico, exponemos algunos atrevidos. Esos serán buenos para formar gobierno, pero no para llegar al gobierno. Simplemente, son muy pocos. ¡Lamentablemente!

Por eso, el candidato que decida oponerse al PLN deberá modelar hasta su forma de hablar y vestir, simplificar su mensaje para ampliar el radio de alcance y, sobre todo, repito, sobre todo, lograr eso sin perder su esencia. Sin venderse ni enredarse. En resumen, ser hoy candidato es ser equilibrista.

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Quizá la gran ventaja de Luis Guillermo sea que ni Jhonny ni el doctor –como se hacen llamar para calar, precisamente, en la masa– lo ven hoy como un verdadero contrincante.

Estrategia y alianzas. Si afina su estrategia y concita alianzas políticas, puede que propicie la avalancha que nadie más ha logrado desde Carazo, quien fuera un gran candidato, independientemente de lo que de él como presidente se historie. Los foros de ciudadanos que han venido armando iniciativas y planteos. Serios la mayoría. Los grupos un tanto más beligerantes que han dado más vueltas de la cuenta a la bendita coalición, así como un amplio dato de conscientes desperdigados que no se habían metido en política para no ensuciarse, podrían atender un llamado inteligente y oportuno, si se lo propusieran. A fin de cuentas, no hay ser humano sin vocación de poder. Así que, aquí, la cuestión está en cómo se comunique el último candidato que entra a la liza. De su imagen dependerá todo.

Lo que importa, lo que realmente importa, es que empiece a caer el dominó en un solo sentido. Que el discurso de cúpula y el trabajo de base se orquesten desde ahora hacia un solo candidato con algún grado de posibilidad. Sin egoísmos ni poses ideológicas, sin envidias ni cálculos envilecedores.

Hoy, por lo menos, lo que está claro es que ya ningún elector puede decir que todos son más de lo mismo. Que no hay alguien preparado, alguien suficiente. Hoy, simplemente, ya no hay excusas.

Esto está apenas empezando. Ojalá que muchos entiendan lo que está en juego y Luis Guillermo tenga la cabeza fría y los pies bien puestos sobre la tierra para sentarse frente a la pizarra en blanco y empezar a gestar la recuperación de la patria esencial. Nuestro futuro está en ello.

Si no, pues que ya nadie se queje de la pobreza que lo aflige, la delincuencia que le agrede, la corrupción que lo insulta, la burocracia que lo complica o la improvisación que ya no lo sorprende. Esas son las herencias contemporáneas de Liberación Nacional y nada nuevo vendrá de los de siempre.

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Se acabaron las excusas.

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