Opinión

Entre un partido hegemónico y las demandas ciudadanas

Actualizado el 13 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

Costa Rica vahacia un sistema partidario con un ente político hegemónico

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Los partidos políticos, en teoría, deben facilitar la representación y la toma de decisiones con respecto a las demandas de la ciudadanía; estas agrupaciones, pues, son medios de representación y no fines por sí mismos.

Durante la mayor parte del siglo pasado, el sistema partidario costarricense ha tenido una preponderancia bipardista, con la consolidación de dos fuerza políticas que marcaron el escenario político nacional.

El proceso de toma de decisiones basado en este acomodo de fuerzas en algunas ocasiones facilitaba la gobernabilidad, pero el multipartidismo también es una forma efectiva de generar políticas públicas que representen los intereses y decisiones de sociedades cada día más heterogéneas.

Desde la instauración de la Segunda República, Liberación Nacional ha sido el actor central de la política nacional; en los últimos años, ante la crisis del PUSC y la incapacidad de la articulación de una oposición que sea percibida como una fuerza política viable, este proceso se ha intensificado.

En los últimos años, el PAC surgió como el contrapeso a este fenómeno, pero no ha logrado terminar de consolidarse; esto no ha permitido arrebatar el poder a una agrupación enfocada en fortalecer su maquinaria electoral (no así su núcleo ideológico).

En parte, esta situación ha pasado por la incapacidad de comunicar sus posiciones de manera clara, los conflictos internos y la posición preponderante de su líder altamente polarizante.

Ante esta inclinación hacia la perpetuación de poder se presentan otros fenómenos interesantes, la aparición de partidos monotemáticos, generados ante la falta de respuesta hacia demandas muy especificas, o que agrupan un votante cautivo; ejemplo de esto son los partidos con características religiosas y la consolidación del PASE.

Es ciertamente importante definir este fenómeno como un anacronismo que solo se puede entender ante un sistema partidario tradicional que no ha generado una plataforma inclusiva para todos los ciudadanos.

Estos elementos son esenciales para entender la ya avanzada ruta hacia las elecciones 2014, el PLN se sitúa como el rival a vencer, esto a pesar de un gobierno con dificultad para mostrar avances en los temas de interés ciudadano; ante el descontento popular, los precandidatos se han enfocado en reposicionarse como los nuevos defensores de la socialdemocracia, la lucha interna del PLN perfectamente podría definir al próximo presidente nacional.

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Por otra parte, los otros partidos comienzan a barajar una coalición que parece ser la mejor vía para contrarrestar el poderío verdiblanco, y, si pretenden ser exitosos, tendrán que luchar contra la percepción ciudadana de incapacidad para gobernar.

Ante esto, nos vemos ante procesos electorales cada vez más teatrales, en los cuales el entretenimiento, la generación de controversia, los anuncios publicitarios vacíos, la demagogia y el patriotismo barato han sustituido la discusión de programas de gobierno y la verdadera confrontación de las diferencias nucleares de las agrupaciones políticas.

Debemos sumar en el marco del proceso 2014 la consolidación de las herramientas tecnológicas, las cuales cada día cobran mayor preponderancia; en Costa Rica siguen siendo espacios que no se explotan; la mayor parte de los políticos consideran que solo se requiere su presencia y elementos de forma, pero dejan de lado la verdadera potencialidad en el movimiento de masas, la articulación, coordinación, identificación de demandas, generación de respuestas y retroalimentación que podrían tener si son bien utilizadas.

Los partidos deben renovar el entusiasmo hacia procesos altamente cuestionados. No es ninguna casualidad que ante este escenario la mayoría de electores considere que no tienen ninguna preferencia partidaria y más bien perciban como algo positivo la generación de una nueva fuerza política.

Como ciudadanos debemos exigir un proceso electoral cuyo motor sea la exposición de ideas, el debate sensato, y no escondidos en campañas publicitarias que manejan la elección política bajo una dinámica mercantil, en la cual los candidatos son vistos como bienes de consumo que nos hacen caer en la idea falaz de que puede ser lo mismo comprar una lavadora que elegir al próximo presidente del país.

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